El aumento de la obesidad infantil en el país es un asunto que alarma y preocupa cada vez más. ¿Cuál es el rol de los padres? ¿Cómo orientar los hábitos alimentarios de los niños?

Por Narella Antonina Colussi
Colaboración Especial

Existe una tendencia popular de pensar que el niño desarrolla obesidad porque está programado para ello, que era su destino que así ocurriera o que de adolescente el cuadro se revertirá. Lo cierto es que el 90% de la responsabilidad corresponde a los hábitos alimentarios que los padres y el entorno fomentan desde edades tempranas y si los cambios conductuales no se realizan a tiempo de adultos será mucho más difícil.

Nacimiento y lactancia
Es sabido que desde el embarazo la madre a través de su alimentación, transfiere al niño gustos y patrones que seguramente el mismo desarrollará de adulto, por lo que cuanto más variada y saludable sea la dieta de la gestante mayor predilección por una dieta balanceada tendrá el niño. 
Sin embargo, si seguimos la línea de vida de una persona continuamente al parto es recomendable la aplicación de la lactancia materna de forma exclusiva hasta los 6 meses de vida, ya que esto constituye un factor preventivo para el desarrollo de obesidad y diabetes tipo II. 

Primeros alimentos
Llegados los 6 meses de vida, el bebé comienza a incorporar alimentos a su dieta. Como la responsabilidad de esto recae sobre el adulto que debe cocinar, ocurre que generalmente se sesga el sentido del gusto del niño añadiendo a las comidas sal o azúcar según corresponda, creyendo que como para el adulto una comida sin condimentos en insípida para el niño también lo será. Esto es un gran error, lo único que logramos es acostumbrar al niño a tener un umbral de gusto dulce y salado más alto, por lo que de adulto tenderá a agregar mayor cantidad de sal y azúcar en sus alimentos. La imposibilidad de los niños pequeños de expresar sus emociones y sentimientos con palabras hace que frecuentemente se asocie su llanto con hambre, lo que no es real, los acostumbramos así a asociar todas sus emociones con comida.

Un error de roles, ¿comida premio o castigo?
Es un hábito común entre los adultos el decirle a un niño: “si sacas buenas notas te compro la gaseosa”…“si terminas la comida te doy el postre”…“me desobedeciste asique no te llevo a la heladería”, parecieran frases inocentes. Sin embargo, lo único que están haciendo es asociar a los alimentos con recompensas o penitencias y no lo son, simplemente son sustancias que el ser humano necesita para vivir y cuanto mejor sea la calidad de esas sustancias mejor será la calidad de vida del individuo. 

Por lo tanto, si en los menores sembramos ésta idea, lo único que lograremos es que asocien sus emociones a la comida siendo así muy probable que de adultos ante el estrés, la alegría, la depresión o la frustración recurran a los alimentos como paliativo para sobrellevar ese sentimiento desencadenando enfermedades como los trastornos de la conducta alimentaria, sobrepeso y obesidad con todas las comorbilidades asociadas.

¿Cómo orientar los hábitos alimentarios de los niños?
Lo principal es enseñar con el ejemplo. Si el niño observa en su hogar y entorno que los adultos se alimentan de manera saludable y placentera, cuidando la selección de los productos que incorporan a su dieta y sobre todo la frecuencia con que consumen aquellos que no son tan saludables es muy probable que aprenda a manejarse de la misma forma y que además ¡le guste hacerlo! 
Es normal que en los niños pequeños cuando comienzan a alimentarse rechacen alimentos, especialmente el grupo de las verduras y ante esto la mayoría de los padres comienzan a obviarlo de la dieta, ¡segundo gran error!, es normal que el niño se resista ya que es un producto desconocido para él y la conducta adecuada es tener paciencia e insistir en su consumo mezclados con otros alimentos o en otras formas de preparación.
Es esencial instaurar el concepto de que no existen alimentos prohibidos, sino alimentos más saludables que otros y que el consumo de aquellos que no tienen tantas propiedades beneficiosas debe realizarse más esporádicamente y en ocasiones especiales de disfrute por ejemplo, cumpleaños, vacaciones, salidas, eventos, visitas a seres queridos, etc y sembrar de forma agradable la cultura de la realización de actividad física en los niños.

DESTACADO 
La lactancia materna de forma exclusiva hasta los 6 meses de vida, ya que esto constituye un factor preventivo para el desarrollo de obesidad y diabetes tipo II.

EL DATO 
Narella Antonina Colussi (MP N°172) es Magíster Internacional en Nutrición y Dietética y Especialista en Nutrición Clínica. Consultas al celular: 379 15 4 628308    

RECUADRO 

Guía para comer mejor

1.    ¡Empezar el día con un buen desayuno!
El aporte de energía de los alimentos que se reciben por la mañana es sencillamente indispensable para el correcto funcionamiento del organismo y mucho más aún en un organismo en edad de crecimiento. Sobre el total de energía que se necesita día a día, el desayuno debe cubrir aproximadamente el 20% de esa energía, a través de alimentos que nutran.

Los componentes de un buen desayuno son: lácteos (leche, yogur, quesos, licuados, flanes caseros, etc.) cereales y derivados (preferir el pan antes que cualquier galletita y en lo posible integral, copos de cereales sin azúcar) y fruta. Es importante que generemos el hábito en los chicos a través del ejemplo, comenzando por sentarse a desayunar con ellos.

2.    ¿Es necesario realizar 4 comidas diarias?
Sí. Uno de los principales indicadores de una buena alimentación es el orden en la alimentación diaria a través de la realización de las 4 comidas principales (desayuno, almuerzo, merienda y cena). Aconsejamos que los niños no salteen ninguna de ellas ya que aportan las calorías y los nutrientes necesarios y además, posibilitan que se coma la cantidad adecuada cada vez, sin repetir porciones.

3.    ¿Es bueno comer entre comidas?
Es importante planificar las colaciones de los niños según las actividades que tengan cada día, a partir de sus horarios de escuela, club, actividades deportivas, artísticas, etc. Las colaciones deben ser alimentos planificados (evitar la improvisación), nutritivos y que otorguen saciedad, de esta manera se ordena mucho la comida siguiente y se evita el “picoteo” y las porciones aumentadas. Recomendamos programarlas tanto para cuando nuestro hijo está en casa como cuando está realizando sus actividades.

4.    ¡Sumemos colores al día!
Los chicos tienden a rechazar las verduras desde temprana edad, sin embargo esto no debe detenernos a la hora de promover su consumo. A los niños hay que ofrecerles reiteradamente verduras en distintas preparaciones hasta lograr que las acepten. Para eso, es necesario que exista variedad en colores y propuestas, respetando la estacionalidad de las mismas y buscando maneras atractivas de presentarlas en el plato. Una vez más es necesario educar a través del ejemplo familiar.

5.    ¿Es saludable comer con pan?
Elegir pan antes que cualquier galletita es lo más saludable, especialmente si solo se come en desayunos y meriendas. El pan elaborado a través de harinas de trigo o maíz u otra, constituye una derivación del cereal que en su elaboración requiere mínima cantidad de grasa en algunos casos o sencillamente no la contiene. Su esponjosidad, su humedad le brinda la particularidad de generar mayor masticación y absorción más lenta, lo cual otorga mucha sensación de saciedad. Esto se potencia cuando el pan es integral o negro por su gran aporte de fibra aumentaría. Por todo eso, es saludable consumir pan en casa en estos dos momentos del día.

6.    ¡Atención con los alimentos ultraprocesados!
Los alimentos ultraprocesados se ofrecen en todo el mundo y hay una gran cantidad especialmente destinada a los niños. Estos alimentos aportan en pocos gramos muchas calorías vacías de nutrientes, es decir, energía que no nutre y que enferma a largo plazo generando obesidad, trastornos metabólicos y cardiovasculares. Las sustancias de riesgo que contienen son: sodio, grasas trans y azúcares simples, que combinadas entre ellas tienden a generar lazos adictivos con ese alimento.
Somos responsables de la alimentación de nuestros hijos, por lo que debemos repensar qué ofrecemos en su cumpleaños o con qué los premiamos. Siempre hay opciones saludables, económicas y ricas para generar buenos hábitos desde niños ¡Comencemos hoy!

Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría

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