El presidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Héctor Recalde, declaró tiempo atrás que el de los Kirchner no fue un gobierno corrupto sino “un gobierno donde había corruptos”. El abogado laboralista sostuvo: “Corruptos hay en la política, en la economía, en las empresas, en los sindicatos, en la sociedad, porque forma parte de la condición humana, lamentablemente”.
Sin dudas es así. En toda organización humana puede haber personas corruptas, y si se las descubre, esa circunstancia no tiñe necesariamente de corrupta a la organización. Pero esa frase de Recalde no es más que patear la pelota afuera, porque esquiva el meollo del asunto.
Los gobiernos de los Kirchner fueron corruptos no porque en ellos hubiera algunos funcionarios subalternos corruptos (que los hubo y muchos) sino porque los principales corruptos eran los Kirchner. Así de sencillo.
No se trató de casos aislados. La corrupción fue un sistema diseñado desde el vértice del poder. Corrupción y autoritarismo iban de la mano en la concepción kirchnerista de la política. 
Los ejemplos son tan evidentes que ni hace falta a esta altura mencionarlos. Al margen de otras tropelías, ¿qué otra cosa podían ser Rudy Ulloa Igor y Lázaro Báez, modestos empleados hasta 2003, que testaferros de los Kirchner? ¿Y qué decir del ahorrativo secretario Daniel Muñoz, muerto hace poco tiempo en los Estados Unidos, donde se lo sindica como dueño de decenas de millones de dólares, a tal punto que este testaferro se habría visto obligado a tercerizar sus riquezas mal habidas en otros testaferros?
La cuantía del desfalco kirchnerista ha obligado a crear al testaferro del testaferro, y quién sabe si los testaferros de segundo grado no han disimulado sus bienes a través de testaferros de tercer grado. 
Una curiosa variante del multiplicador keynesiano. Recalde responde con cinismo, pero es probable que muchos militantes de buena fe abran ahora los ojos y comprendan el colosal engaño al que fueron inducidos, algo difícil que ocurra.
La ex presidenta, mientras tanto, llamó a algunos periodistas extranjeros para que lleven al mundo el mensaje de que ella está siendo perseguida, no por haber hecho nada mal, sino precisamente por los logros de su gobierno. 
Y tiene el tupé de denunciar que Cambiemos quiere instaurar un “Estado policial”. El cinismo de la abogada exitosa llega por estos días a cumbres inimaginables.
Por suerte nadie es perseguido en la Argentina de hoy. Salvo los delincuentes, y no por el Poder Ejecutivo sino por la Justicia.
Lamentablemente los gobiernos de los Kirchner fueron corruptos porque los principales corruptos eran los Kirchner, quienes hicieron un estilo de gestión de esta política nefasta.
Lo malo de todo esto es que prácticamente todos los kirchneristas siguen defendiendo el denominado modelo nacional y popular y son reacios a aceptar que “la década ganada” está infestada de corrupción, de la que existen sobrados ejemplos.
Ante tanta imbecilidad, el común de los argentinos espera que la Justicia trabaje seriamente y condene a quienes hicieron mal las cosas.

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