Suspendieron las elecciones del 8 de octubre, frustrando así las esperanzas de muchos que sueñan con poder vivir en un marco mínimo de estabilidad con legitimidad institucional. Fatah y Hamás nunca se enfrentaron en elecciones libres desde la realización de los comicios parlamentarios de 2006, en los que Hamás se impusiera.

Por Emilio CArdenas (*)

Los palestinos están, desde hace rato, claramente divididos. Con una profunda grieta que los separa. Hablamos de la distancia que existe entre aquellos que políticamente apoyan a Fatah, que -encabezados por el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, han sido hasta ahora mayoritarios en el territorio de Cisjordania- y los que, en cambio, se alinean con Hamás -todavía considerado por la comunidad internacional como una organización terrorista que se opone a la existencia misma del Estado de Israel- cuya visión predomina en la llamada Franja de Gaza, territorio que Hamás ciertamente controla -autoritaria y férreamente- desde el 2007.
Por ello la realidad es que, desde hace ya una larga década, los palestinos no han sido capaces de poder elegir siquiera a sus propias autoridades municipales a través de las urnas. Libre y democráticamente. Nunca.
Esto -que no ayuda en la búsqueda de la paz con Israel- parecía que estaba a punto de cambiar de modo inminente, porque se había convocado a los palestinos a votar en las elecciones locales el próximo 8 de octubre, para -a través de ellas- poder elegir a las 3.818 personas que deberían integrar los distintos consejos municipales de unas 416 distintas localidades palestinas emplazadas tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza.
No obstante, un alto tribunal palestino con sede en la ciudad de Ramallah acaba de suspender sine die esas elecciones. Frustrando así las esperanzas de muchos que sueñan con poder vivir en un marco mínimo de estabilidad con legitimidad institucional.
La razón invocada para justificar esa negativa decisión fue toda una serie de conflictivas sentencias dictadas por magistrados en la Franja de Gaza, a través de las cuales se descalificaba electoralmente a distintos candidatos de Fatah en ese territorio. 
Esos jueces que trabajan en Gaza, es obvio, no son considerados como magistrados independientes sino como funcionarios que en rigor son muy afines a Hamás. 
Esta organización, recordemos, boicoteó las elecciones municipales palestinas que se habían programado en el 2012. Ahora parecería volver veladamente a hacerlo utilizando a magistrados que le son leales cual ariete.
Lo cierto es que ambas organizaciones palestinas no se han enfrentado nunca en elecciones libres desde la realización de los comicios parlamentarios de 2006, en los que Hamás se impusiera.
Ello sumado a que algunos ciudadanos palestinos que residen en el Este de la Ciudad de Jerusalem -que están imposibilitados para poder votar en comicios palestinos por Israel, que ha anexado formalmente ese territorio- pidieron -por su parte- la postergación de los comicios.
La frustración provocada por la decisión judicial palestina comentada es grande. Muy particularmente entre los jóvenes palestinos de la Franja de Gaza, que -por su edad- nunca han visto funcionar a la democracia.
Cabe destacar que allí, nada menos que el 80% de la población adulta se había registrado de modo de quedar reglamentariamente en condiciones de poder emitir sin problema alguno sus respectivos votos. 
La expectativa era, entonces, real y grande. Ahora el desencanto la ha reemplazado, desgraciadamente, postergando lo que aparecía como un paso adelante.
Fatah está en dificultades desde que el 66% de los palestinos piensa que ya es hora de que Mahmoud Abbas -que tiene 81 años y está claramente aferrado al poder, pese a que su mandato legal realmente expiró en el 2009- dé finalmente un paso al costado y deje pasar a otros dirigentes del propio Fatah. Lo que no parece probable, al menos en el corto plazo.
Hamás, un movimiento mucho más autoritario y ciertamente sectario, sólo puede mostrar -como resultado de su larga gestión de gobierno en Gaza- la realmente triste -y enorme- devastación generada por tres enfrentamientos bélicos durísimos contra Israel. 
La destrucción de viviendas e infraestructura que ellos causaran aún es evidente.
Hay quienes creen que la esperanza de poder votar aún no ha muerto.

(*) Nota publicada en el diario La NaciOn.

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