Es la vía férrea más larga del mundo con 9.289 kilómetros de punta a punta. Es la distancia que hay entre Moscú y el puerto costero de Vladivostok. Hoy se tarda en completar el trayecto de punta a punta alrededor de una semana, en 1904 eran unas cuatro semanas. 

A finales del siglo XIX el zar ruso Nicolás II se enfrentaba al enorme reto de conectar las principales capitales de su imperio, en el este, con las lejanas fronteras orientales. Entre ambos puntos se extendían grandes extensiones de estepas apenas habitadas. 
La solución fue la construcción de una enorme vía férrea, el Transiberiano. Cuando se cumplen los cien años de su construcción, este tren continúa siendo esencial para la vida comercial de Rusia y una de las rutas míticas para los viajeros que buscan aventura. 
El tren cubre 9.289 kilómetros de punta a punta, la distancia entre Moscú y el puerto costero de Vladivostok, en el mar de Japón, lo que la convierte en la vía férrea más larga del mundo. Su magnitud se aprecia al compararlo con algunas de las otras rutas más grandes del mundo: Toronto a Vancouver (4.465 km), Shanghai a Lhasa (4.372 km) o San Francisco a Chicago (3.923 km). 

Historia
Se estima que alrededor de 90.000 personas trabajaron en su construcción, incluidos soldados reclutados para tal efecto y convictos a los que se les obligaba a trabajar en las vías. Con un presupuesto ajustado, ya que el Gobierno ruso quería mantener los costos bajos y un plazo corto, esos 90.000 hombres lograron acabar con el trabajo en tan sólo 13 años, atravesando montañas, bordeando bosques y a un ritmo de alrededor de 600 kilómetro por año. 

Trayecto y husos horarios
El viajero que se aventura a hacer de punta a punta el trayecto del Transiberiano atraviesa ocho zonas horarias, una experiencia a la que quizás estamos más acostumbrados al realizar grandes viajes en avión, pero que cobra una significación especial al hacerlo en un viaje terrestre en el que el reloj hay que cambiar cada día. 
En 2016, con la tecnología moderna, completar el trayecto de punta a punta lleva alrededor de una semana. No obstante, cuando el tren se inauguró en 1904 los trenes circulaban a alrededor de 32 kilómetros por hora, y en completar el trayecto se tardaba unas cuatro semanas. 
El Transiberiano pasa junto al lago Baikal, el lago más profundo del mundo, con 1.700 metros de profundidad. En él se almacena el 20 por ciento del agua dulce no congelada del mundo. 
Con su 31.722 kilómetros cuadrados, el lago suponía todo un reto para las ingenieros que diseñaron la línea. De hecho, cuando se inauguró los pasajeros tenían que descender del tren en una de las orillas del lago, cruzarlo en ferry y tomar otro tren en la otra orilla. No fue hasta el año siguiente, en 1905, cuando se construyó un ramal para bordear el lago. Para lograrlo hubo que perforar 33 túneles y erigir alrededor de cien puentes y viaductos.

Hoy en día el Transiberiano sigue siendo la vía de comunicación más importante de Rusia, al punto que aproximadamente 30% de las exportaciones de este país son transportadas por ella. Mención aparte merece también la espectacularidad del camino que hace que sean muchos los turistas que se aventuran a realizar el recorrido. Además todavía es muy utilizado por los rusos en sus viajes domésticos.
Viajar a bordo del tren transiberiano es verdaderamente una excelente oportunidad de conocer la vida y los paisajes de Rusia. Se atraviesan diferentes ciudades y diferentes husos horarios, se pueden ver crecer los ríos más grandes de Eurasia, admirar la gran joya de Siberia, el Lago Baikal y por fin Mongolia o Manchuria y China.

Más info en www.transiberiano.net

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