Cuando estábamos abocados a múltiples frentes de conflicto, la realidad nos suele abrumar. Minimizar, razonar y actuar enfocados, algunas ideas para que la vida no nos desborde. 

Por Elizabeth Santángelo                       
Colaboración Especial

Cuando estoy trabajando con Internet, al tener varias páginas abiertas, esto me impide trabajar individualmente con uno u otro documento. Mientras que si minimizo cada página, puedo acceder a otras páginas al mismo tiempo, sin problemas.
Tomando este ejemplo, cuando en la experiencia personal tenemos muchas opciones y no sabemos cómo seguir adelante, tal vez “minimizar” y no verlas como un gran problema a resolver, eligiendo una sola, puede ayudarnos a encontrar la solución concreta.
Ejemplos hay muchos, una imprudencia en el tránsito puede alterar los ánimos hasta llegar al enfrentamiento, o tal vez situaciones de amargura o soledad.
¿Qué decir cuando hay síntomas de algún desarreglo físico y comienzas a sacar conclusiones?
Minimizar la situación hace que se pueda razonar con inteligencia y no dar lugar al miedo o a las falsas alarmas. Con esto no queremos decir que “minimizar” no solo es señal de restarle importancia al problema, sino que lo hacemos para no atribuirle magnitud, sintiéndonos enredados en el mismo.

El bien y el mal 
En la Biblia hay historias que nos muestran provechosos ejemplos, dándonos a entender que la manifestación del mal siempre aparece en dimensiones extremas y gigantescas. 
Está el caso de Goliat, un gigante que amenazó a todo un pueblo. Sólo David, un joven pastor, tuvo el valor de enfrentarlo, sin contar con armas poderosas: utilizó una piedra con su honda, y logró derrotar al gigante sin mayores esfuerzos.
Y ¿qué decir de la figura metafórica que aparece en el libro del Apocalipsis, describiendo al mal como un gigante dragón escarlata, con siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas, siete coronas? Temible realmente.
Cuando se alcanza la comprensión espiritual que Dios tiene todo el poder y es el bien único, todas estas pretensiones del mal, en apariencia invencible, nos llevan a una pregunta:
“¿Por qué quedarnos horrorizados ante la nada?” 
Al pensar en la figura metafórica del dragón, podemos concluir que el mal no es una imposición real. Con esta postura mental, es más fácil ganar las batallas de la vida que se nos presentan, porque no nos dejaremos atemorizar ni someter a un poder que no provenga de Dios.

La oración, una oportunidad
Cada día puede ser una oportunidad para minimizar las situaciones que aparezcan como alarmantes o difíciles de resolver.
El elemento que anula toda mentira y creencia es la oración que reconoce nuestra unidad con la fuente total del bien.
El impacto que produce la espiritualidad en la salud, hace que muchas personas en todo el mundo encuentren respuestas a sus dificultades en el área física, emocional y mental.
A veces tienen curaciones instantáneas, debido a su comprensión y absoluta certeza que es posible confiar en una base espiritual para encontrar salud. 
He sido testigo de personas que han superado alergias, problemas en la piel, dificultades con los cambios de estación, artrosis, arritmias del corazón, pérdida de memoria, y otros trastornos neurológicos, así como la recuperación de un matrimonio, empleo y estabilidad económica aun en un país con alto índice de inflación.
No permitas que la figura de Goliat o del dragón escarlata te venza o convenza de su aparente estrategia. Enfréntalos con valor, tú puedes reclamar el bienestar y la paz como el estado natural de tu ser.

RECUADRITO

EL DATO 
Elizabeth Santángelo forma parte del Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana, en Argentina. Escribe sobre temas relacionados con la salud y la espiritualidad. Seguíla en Twitter: @elisantangelo1

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