El Circuito Patagona Binacional tiene una serie de "portales" de ingreso: 4 en Argentina (La Ascensión; Río Pinturas; Petroglifos; y Paso Roballos), y otros 4 en Chile (Jeinimeni; Valle Chacabuco; Casa de Piedra; y Tamango). ¿Qué conocer?

Por Alejandro San Martín
La Patagonia no deja de sorprender al visitante que llega con un bagaje de información sobre los lugares más tradicionales pero que internándose en nuevos circuitos, como el del Parque Patagonia -tanto del lado argentino como el chileno- , se deslumbra con la infinidad de paisajes diferentes, colores, aromas y experiencias a lo largo de unos 500 kilómetros.

Bifurcaciones 
Desde el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, el turista se va internando en la aventura de lo desconocido, de las interminables extensiones de estepa patagónica con el viento constante como compañero de ruta durante un recorrido de también 500 kilómetros que separan la gran ciudad del sur argentino con la localidad de Perito Moreno, en la vecina provincia.
Es ahí donde la decisión de ir hacia el oeste o hacia el sur depende del itinerario preparado, pero en ambas direcciones siempre rodeando la Meseta Buenos Aires, alguna vez definida como un Arca anclada en medio del paisaje patagónico, con su perfil oscuro que domina toda la geografía.
Este circuito que abarca dos países tiene una serie de "portales" de ingreso: 4 en Argentina (La Ascensión; Río Pinturas; Petroglifos; y Paso Roballos), y otros 4 en Chile (Jeinimeni; Valle Chacabuco; Casa de Piedra; y Tamango).
Al oeste de Perito Moreno, la estancia la Ascensión, cuyos campos conectan la costa del lago Buenos Aires con el borde de la Meseta, está bajo la administración de la Fundación Flora y Fauna Argentina.
"El lago Buenos Aires es el segundo más grande de Sudamérica, después del Titicaca, y es compartido con Chile donde pasa a llamarse General Carretas. La estancia La Ascención, de 20.000 hectáreas, es uno de los portales de entrada a la Meseta y a este circuito binacional", explicó Guido Vittone, coordinador local de la Fundación.
Antes de partir a la gran aventura, la estancia que data de 1910 es un atractivo en sí mismo, con su casco antiguo, su 'matería' -una pequeña edificación circular donde se realizaban las ronda de mate, la sala de esquila y la vieja escuela.

Postas y atractivos para descubrir
El circuito elegido en esta ocasión significó retomar nuevamente la ruta hacia Perito Moreno (Ruta Provincial 43) y de ahí empalmar la mítica Ruta 40 en dirección al sur rumbo a la estancia Los Toldos, donde se encuentra otro portal de acceso: el Río Pinturas.
Todavía transitando la estepa, la geografía caprichosa se abre en grandes cañadones como queriendo sacar del tedio al paisaje y a su eventual transeúnte, y así se muestra maravilloso e imponente el Cañadón Caracoles, con sus altas paredes que enmarcan el lecho salitroso de un río seco, con el Cerro Chato como fondo.
Siempre a la sombra de la Meseta Buenos Aires, una altiplanicie volcánica con pequeñas depresiones, conos volcánicos y lagunas -donde se asienta el Parque Nacional Patagonia y en donde se forman grandes ríos como el Ecker y el Pinturas, entre otros- es el momento de dirigirse a Cueva de las Manos.
Antes vale el desvío al Cañadón del Río Pinturas, una fascinante paleta de colores pastel que se expande por las elevaciones rocosas para formar una obra única de la naturaleza.
En la estancia Los Toldos una hostería con una decena de cuartos sirve de punto de partida para realizar trekking en lo que se llama 'Caminata Tierra de Colores', para la cual hay que contratar operadores.
Declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1999, la Cueva de las Manos es una de las grandes maravillas que ofrece este circuito binacional -muy próximo al Portal Río Pinturas- y a la que se puede acceder por tres caminos diferentes.
En una salida de la Ruta 40, un camino de ripio lleva hasta la Cueva -es el acceso más importante- que se ubica en el cañadón atravesado por el río que desembocará en el río Deseado y de ahí hasta el Atlántico. "Las pinturas de las manos, animales y otros elementos, fueron realizadas sobre estas piedras de más de 150 millones de años por los primeros cazadores-recolectores que hubo en la Patagonia", explicó la guía, Daniela Cerdas, que hace el recorrido de 1.500 metros de ida y otros tantos de vuelta varias veces al día.
Impresionan tanto como las pinturas los farallones de entre 120 y 130 metros de altura desde donde se desprenden los grandes aleros que guardan ese tesoro, hoy protegido por una cerca contra los vándalos que nunca faltan.
Es tiempo de seguir el circuito y 'rumbear' a Bajo Caracoles -más al sur- tomar un auténtico café expreso en el Hotel que lleva ese nombre, y continuar hacia la frontera, al oeste, para llegar hasta el Paso fronterizo Roballos.

Paisajes diversos 
El régimen de lluvias, que se muestra más generoso al acercarse hacia el oeste, permite que la naturaleza ofrezca otro paisaje, mucho más verde que la árida estepa, y con la cordillera elevándose hasta 2.000 metros hacia los cielos.
Previo, la pequeña localidad de Lago Posadas, con apenas 200 habitantes, es un buen lugar para tomar un descanso, hacer caminatas, y llegarse hasta donde se visualizan el lago Posadas (en cuyas aguas se encuentra el famoso 'puente' de roca') y el lago Pueyrredón; el primero color turquesa y el segundo de un azul intenso, separados por un itsmo.

Frontera
Una vez pasados los controles migratorios, .de rápido trámite, el lado chileno se abre con el gigantesco Valle Chacabuco, en la XI Región, y ahí predomina el verde profundo y la vegetación generosa.
La Fundación Conservación Patagónica tiene allí el lodge Valle Chacabuco, un lugar con todas las comodidades, con 3 cámpings (en el que sobresale Casa de Piedra), huerta propia, varios senderos para hacer caminatas, restaurante, cabañas y la casa principal.
El recorrido continúa por variados paisajes, lagos interminables, caminos de cornisa y bosque patagónico, en un espectáculo único que ofrece este lado de la cordillera.
El último tramo es llegar hasta Chicle Chico y de ahí pasar al lado argentino, a la localidad de Los Antiguos, con la satisfacción de haber hecho un recorrido impactante que merece la pena realizar para conocer esta parte a descubrir de la Patagonia compartida.

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