La campaña por las elecciones del próximo año ya está en plena marcha, con visitas domiciliarias, danza de candidatos y análisis de posibles acuerdos partidarios. “El año que viene, en la provincia de Buenos Aires, no habrá lugar para tres fuerzas políticas; la cosa se dirimirá y polarizará entre dos opciones políticas. Quien no lo entienda así, puede cometer un grave error”. La reflexión corresponde a un experimentado operador político del territorio bonaerense, y la perspectiva está relacionada con las elecciones legislativas del 2017 sobre la que todos trabajan pero nadie se anima a confirmarlo públicamente.
Distintas encuestas que se realizaron en el principal distrito del país, comienzan a establecer un escenario complicado para cualquier armado político: los tres tercios.
Un tercio correspondería a Cambiemos que, de la mano de la gobernadora María Eugenia Vidal, intentará prolongar la “luna de miel” de los bonaerenses con ella, con el único objetivo de cambiar la conformación de la Legislatura bonaerense poniendo senadores y diputados propios, dejando así de depender del Frente Renovador de Sergio Massa.
Obviamente detrás de Vidal estará el presidente Mauricio Macri, que necesita de la provincia que equivale a casi el 40 por ciento del electorado nacional para ganar en bancas en el Congreso nacional, pero además, porque las elecciones tendrán como eje la gestión del macrismo desde diciembre del 2015. El oficialismo quiere que Cambiemos gane a nivel nacional y ese es un desafío que, de cumplirse, cambiaría la matriz política.
En la sede gubernamental saben que el Conurbano bonaerense, que equivale al 67 por ciento de la provincia, es crítico de la gestión macrista y deberán hacer lo necesario para cambiar esa opinión de los habitantes de esa populosa franja.
En el gobierno, además, hay un interés particular por romper el “contrato” con Massa, y dejar de depender del ex intendente de Tigre, tanto a nivel provincial como en el Congreso nacional.
El segundo tercio lo tiene, para sorpresa de muchos, el kirchnerismo pejotista. Una convivencia (peronistas ortodoxos y kirchneristas) que difícilmente se dirima antes de los comicios porque ambos sectores saben que se necesitan para hacer una buena performance. “Si no hacemos ninguna macana, ese tercio lo mantenemos con Cristina (Fernández) o Daniel (Scioli). Pero si nos dividimos, ahí si nos va a ir muy mal”, admiten en el peronismo, los más ávidos por enterrar al kirchnerismo como corriente política, aunque al parecer la tarea quedará para más adelante.
Este es el rival que más le atrae a Cambiemos. En el oficialismo quieren revalidar la pelea Vidal vs. Aníbal Fernández, con Cristina Kirchner o Scioli como rivales e imputados y/o procesados en distintas causas por corrupción o lavado de dinero.
“Ahí el papel de Lilita Carrió va a ser fundamental”, dice un diputado oficialista. Se refiere a las “carpetas” que Carrió y su equipo están armando con el prontuario de muchos de los intendentes “históricos” del Conurbano. Carrió también tiene en la mira desde hace tiempo a Massa, dueño del tercer tercio. 
Ahora bien. Si el Gobierno llega a los comicios golpeado porque la economía no crece, es muy factible que Massa termine siendo el verdugo de Macri, y allí sí, el tigrense, podría erigirse en el verdadero referente de la oposición, con un pie en el peronismo.
Así como están las cosas, todo indica que serán dos las fuerzas y no tres las que competirán con chances.

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