La Reserva de Horco Molle cedió dos individuos a Esteros del Iberá, donde está en marcha un proyecto para reintroducir este mamífero y restaurar el paisaje natural. La odisea de su traslado bajo la lluvia.

Gustavo y Nene Malo tienen a partir de hoy una nueva ocupación para sus días: serán piezas fundamentales en la maquinaria que se puso en marcha para conservar su especie y para restaurar el paisaje natural de los humedales del litoral argentino. Ayer, los dos tapires nacidos y criados en la Reserva Experimental de Horco Molle partieron rumbo a los Esteros del Iberá, en Corrientes, donde se insertarán progresivamente en ese ecosistema en el que ya los esperan otros tres tapires que viajaron desde Salta.

Superada la discusión interna de si Gustavo se llama Gustavo o sólo 059 y de quién tuvo el tupé de ponerle ese nombre (un tema nada menor que tuvo sus indignados en la mesa de guardafaunas, pasantes y veterinarios), el equipo comenzó a repasar los detalles de la logística del traslado. “Arranquemos antes de que se largue”, dijo en tono de broma el guardafauna Omar Saguir. Eran las 7 de la mañana y el cielo en el piedemonte tucumano se derretía en una lluvia sin fin. “Optamos por hacer el traslado a esta hora precisamente para evitar el calor, pero mirá cómo amaneció”, se lamentó. Es que la tarea que les esperaba iba a demandar un buen tiempo y un considerable esfuerzo físico: localizar los dos tapires en su estado de semicautivero en la reserva, lograr que entren -de a uno- en una caja de madera, levantar los 200 kilos de animal más 150 kilos de caja y luego convencer a los bichos para que ingresen en el tráiler que los mudó a Corrientes. Todo eso, bajo la lluvia.

Elena Correa fue la veterinaria que coordinó las maniobras, junto a su colega Pablo Aón. Cerca de las 9.30, no había más remedio que optar por el plan B. Es que Gustavo, o 059, el mayor de los dos tapires, estaba alterado por la lluvia, por los ruidos y por el movimiento incesante del equipo que colaboró con el traslado. Entonces tuvieron que dispararle un dardo tranquilizador con una cerbatana para que se volviera más dócil y colocarlo en la caja. Rendido por la inyección que le colocaron, el tapir de nueve años ingresó a la caja y luego al tráiler.

Nene Malo nunca ha hecho honor a su nombre. Desde que nació, hace cuatro años, se ha portado siempre como un niño prodigio, dócil y de buen carácter. Y ayer no fue la excepción: rápidamente pudo ser introducido en el remolque que lo llevaría hasta Corrientes, donde apenas entró se acomodó y se dispuso a viajar. Con los dos tapires arriba del tráiler, la descendencia de la famosa Inés -la tapir más vieja del país, que falleció en agosto a los 34 años- partió a corrientes a cumplir con su misión.

Flora, fauna y ecoturismo

La liberación de tapires para su reintroducción en la naturaleza es un hito para la Reserva de Horco Molle, que desde sus inicios trabaja con esta especie pero que nunca había logrado las condiciones ideales para liberar ejemplares. A partir de un convenio con la fundación internacional Conservation Land Trust (CLT), Tucumán aportó los dos animales que, se espera, aporten al proyecto de reintroducción del tapir en los Esteros del Iberá.

“Seleccionamos los dos machos más jóvenes para enviar y en la Reserva quedan cinco tapires en total, dos hembras y tres machos. De esas hembras, una ya no está en el circuito reproductivo y a la otra la queremos reemplazar, no queremos seguir reproduciéndola para evitar problemas que a la larga se generan por la consanguinidad, es decir, cuando son individuos emparentados que se cruzan”, explicó Juan Pablo Juliá, director de la reserva que gestiona la Universidad Nacional de Tucumán.

Los tapires llegan a Corrientes y entran en un período de cuarentena donde se les hace profundos exámenes médicos para descartar problemas de salud y evitar potenciales contagios. A partir de ahí comienza su período de adaptación a la vida natural, primero en un corral cerrado, luego a uno abierto al que pueden entrar y salir libremente y, si todo marcha bien, a la naturaleza.

Sebastián Di Martino es uno de los representantes de CLT que estuvo presente en Horco Molle para el traslado de Gustavo y Nene Malo. Explicó que progresivamente se reemplaza la dieta “de verdulería” por alimentos disponibles en la naturaleza y que los tres tapires salteños que liberaron en los humedales se adaptaron sorprendentemente bien. El objetivo es contar con seis parejas fértiles para reintroducir la especie en una zona donde ha desaparecido por completo. En Argentina el tapir es una especie vulnerable, pero en provincias como Corrientes desapareció por completo, siempre por acción del hombre: caza furtiva o desmontes.

Sebastián explicó además la importancia de recuperar estas especies autóctoctonas, una misión que tendrá un impacto múltiple: “una línea de proyectos de CLT es la restauración de paisajes naturales, y para eso es imprescindible recuperar la flora y la fauna autóctonas. Ciertas especies de plantas necesitan de ciertos animales para conservarse, porque son dispersores de semillas. El tapir, por ejemplo, es clave en la conservación y reproducción de palmeras y de todo aquello que tenga frutos carnosos: el animal come el fruto y adentro está la semilla, que no se digiere y vuelve al suelo”, explicó. La propia especie animal, la flora autóctona y también el desarrollo económico a través del ecoturismo, que obtiene ganancias con la observación de fauna, forman parte de este entramado del que ahora los dos tapires tucumanos son protagonistas.

lagaceta.com.ar

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