Los calores del NEA ocasionan pérdidas, algunas imperceptibles, pero que se van incrementando y repercutiendo en el ejercicio de la empresa ganadera. Las recomendaciones pasan por espacios con sombra, disponibilidad de agua y suplementación en la hacienda.

La hacienda con sangre cebuina se adapta mejor al calor. De todas maneras, se recomienda un manejo correcto del rodeo para evitar pérdidas en aspectos reproductivos.


Las altas temperaturas de los meses estivales en el NEA generan algunos inconvenientes en la actividad ganadera. Sin un manejo adecuado, y por la falta de espacios con sombra y agua constante en los potreros, las pérdidas son cada vez más acentuadas y se dan, principalmente, en los porcentajes de preñez que tienen los rodeos de la región.
La mortandad de unos 200 vacunos en la provincia de La Pampa a raíz de las altas temperaturas de la última semana de febrero, encendió la alarma de los productores respecto al índice de estrés calórico en la hacienda. Si bien la realidad en Corrientes y el NEA es distinta, ya que las haciendas de esta región están más adaptadas a las altas temperaturas, en el aspecto técnico los relevamientos hablan de un crecimiento en los porcentajes de pérdidas de preñeces en los rodeos.
Juan José Verdoljak, jefe del Grupo de Ganadería Subtropical de la Estación Experimental Agropecuaria Inta Corrientes, consideró que por la presencia de razas sintéticas, con componentes cebuinos, la hacienda de Corrientes y el Norte del país está más adaptada a los calores. “Lo que pasó en La Pampa pareció ser algo excepcional, donde se dieron varios días de temperaturas altas, y las razas británicas por ahí no aguantan tanto”, explicó el profesional.
No obstante, para la zona existen algunas recomendaciones para combatir algunos problemas que se presentan por el calor en los campos ganaderos de la zona. “El clima está mostrando un pequeño cambio; tenemos temporales muy fuertes, de corta duración, y temperaturas muy altas”, sostuvo el técnico. 
Las recomendaciones pasan por el bienestar de los animales. “Se recomienda que haya espacios con sombra, y también agua limpia y constante. No es fácil, porque el tema bebederos pasa por una cuestión financiera, muchas veces, pero es la mejor opción”, señaló Verdoljak.
No obstante, el técnico aclaró que muchas veces se confunde el uso de las sombras, ya que la recomendación no pasa por montes cerrados donde el animal se inserte a pasar las horas de mayor radiación. En estos casos de temperaturas muy altas, los animales no buscan el monte, porque ahí adentro falta viento y aire y hasta hace más calor que afuera. Lo que vemos generalmente en el campo son muchos animales metidos debajo de árboles aislados, donde sí tienen una corriente de aire y la sombra que los protege”, explicó.
Si bien la mortandad de hacienda por estrés térmico es casi nula en la región, existen pérdidas que se dan indirectamente, y tienen que ver con el aspecto reproductivo. “El índice de estrés térmico o calórico afecta en la parte reproductiva fuertemente, en una primera instancia que es en la formación del embrión. Pueden ocurrir abortos espontáneos, a nivel embrional; o también vaquillas que estén preñadas al tacto y que después no presenten el ternero al pie”, detalló el técnico del Inta.
En este aspecto, comentó que “en estos últimos años se está incrementando la merma en pérdida de ternero. Hay casos en que no se preña el animal, o animales que al tacto se presentan preñadas, pero después no tienen el ternero al pie”, sostuvo. Y brindó números: “Habitualmente teníamos entre un 6% y 11% de merma. Pero el año pasado en algunos campos se encontró una merma de 20%”.
Otro aspecto en el que puede repercutir el calor es en la producción de leche de las madres. “Se da que el ternero come mucho menos y no llega con el mejor peso al destete; o le cuesta destetarse. Y en el caso de las terneras, no pueden llegar al peso y maduración reproductiva para entrar en servicio a los dos años”, explicó.
Nutrición
Existe otro efecto del calor en la ganadería, y se da en el alimento de la hacienda, las pasturas. “Se encuentra una relación directa cuando uno evalúa varios años, cuando hay alta radiación y baja humedad, que le pega de lleno a las pasturas. Eso puede influir en la merma nutricional. El animal puede estar sub alimentado, y puede no entrar en servicio o no quedar preñado, por una deficiencia alimenticia; es algo que afecta de manera general”, explicó Juan José Verdoljak.
En este aspecto, el técnico comentó que “el 80% del crecimiento de las pasturas se da entre octubre y mediados de febrero. Si nosotros tenemos períodos secos en esos meses, se interrumpe el crecimiento y hay mucho menos pasto del que teníamos planeado; eso repercute en el resultado final del ejercicio, porque la vaca que no está bien alimentada, no entra en celo y no se preña”.
En este aspecto, el profesional comentó que “las recomendaciones en este caso pasan por la suplementación, el productor cosecha una vez al año, que es en la zafra de terneros y el animal que no se preña, es mucha pérdida. No se nota rápido, pero hay dos pérdidas: una es económica y la otra del tiempo de ese animal improductivo. Por eso es fundamental trabajar con suplementación y no sobrecargar los campos”.


 

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