El aumento de la obesidad, el sedentarismo y las malas conductas alimentarias están provocando un aumento en los casos de hipertensión arterial (HTA) en niñas, niños y adolescentes, aseguran especialistas quienes advierten que, si bien no hay estadísticas oficiales, se estima que entre 3,5 y 5 por ciento de esta población padece esta patología que afecta a 1 de cada 3 argentinos adultos.
"La hipertensión arterial en niños y adolescentes como enfermedad primaria, es decir, sin que esté asociado a otra patología es un fenómeno relativamente nuevo pero creciente y es más prevalente a medida que se acercan a la adolescencia", explicó Luis Pompozzi, pediatra especializado en presión arterial del Hospital de Pediatría Garrahan. Y continuó: "las estadísticas son siempre difíciles, y en este contexto mucho más porque el primer problema que tenemos es que muchos pediatras no incorporaron aún el control de la presión arterial en la rutina, lo que mundialmente se ha recomendado que se realice a partir de los 3 años en cada consulta".
Pompozzi, quien es además miembro de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) explicó que "esto no significa que no se tome la presión antes de los 3 años, si tenemos un paciente con una patología de base como puede ser una estenosis arterial renal o un tumor en la glándula suprarrenal el control se hará desde el nacimiento, pero estos son otro tipo de casos".

Complejidad del diagnóstico
El diagnóstico en los niños es más complejo que en los adultos: "En un adulto uno toma la referencia de más de una medición con 140/90 (máxima y mínima), en los niños tenemos otras tablas de referencia porque no es lo mismo uno de tres años que de doce; en caso de que los valores sean elevados comienza una evaluación más exhaustiva".
Ese control se basa en varias entrevistas, monitoreo ambulatorio o domiciliario y el descarte de otras enfermedades de base: "Lo primero que se intenta es un tratamiento no farmacológico; en la mayoría de los casos los chicos o chicas presentan obesidad entonces se propone por un lado una alimentación rica en frutas y verduras, menor consumo de alimentos ricos en sodio y por el otro se busca promover la actividad física".
Según la experiencia de Pompozzi, las familias que cumplen con este tratamiento "logran revertir la hipertensión, pero esto no sucede en todos los casos, tenemos niñas y niños que uno los mide mes a mes y aumentaron de peso, su presión sigue alta y entonces debemos recurrir a la farmacología, y en esta situación tenemos a niños menores de 10 años".

 

Las familias que cumplen con este tratamiento suelen lograr revertir la hipertensión.

 

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