Desde abril hasta el mes de julio transcurre la temporada de bronquiolitis, una afección respiratoria que afecta las vías aéreas inferiores o bronquiolos y que aqueja especialmente a los más pequeños.

De fácil contagio y trasmisión de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales, la bronquiolitis representa un peligro para la salud pública por el gran número de hospitalizaciones en los bebés de alto riesgo. 
La bronquiolitis es una enfermedad frecuente del aparato respiratorio, provocada por una infección que afecta a las vías respiratorias diminutas, denominadas "bronquiolos", que desembocan en los pulmones. Conforme estas vías respiratorias se van inflamando, se hinchan y se llenan de mucosidad, lo que dificulta la respiración.
El doctor Guillermo Colantonio, jefe de neonatología del Sanatorio Finochietto y coordinador de neonatología de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina indicó que “dos tercios de los menores de 2 años podrían verse afectados por este virus”, aunque destacó que “dicha afección no ataca a todos por igual; son los infantes de riesgo los más vulnerables”.
Aunque suele tratarse de una enfermedad leve, algunos bebés corren el riesgo de enfermar de gravedad y requerir hospitalización. Los factores que aumentan el riesgo de desarrollar una bronquiolitis grave incluyen el nacimiento prematuro, padecer previamente una enfermedad pulmonar o cardíaca crónica y tener un sistema inmunológico debilitado por enfermedades o medicamentos.
Los niños que han padecido bronquiolitis tienen más probabilidades de desarrollar asma más adelante, pero todavía no está claro si la bronquiolitis provoca o desencadena el asma o si los niños que desarrollan asma cuando son mayores simplemente eran más proclives a desarrollar bronquiolitis durante la lactancia. Se están realizando estudios para aclarar la relación existente entre la bronquiolitis y el posterior desarrollo del asma.

Grupo de riesgo
Se considera grupo de riesgo a los bebés nacidos prematuramente de bajo peso, o con ciertas afecciones pulmonares producto de haber recibido ventilación mecánica por largo tiempo. También forman parte del grupo considerado más vulnerable los niños con cardiopatías congénitas. 
Esta población tiene un peligro entre cuatro y cinco veces mayor de hospitalización por infección por el virus sincicial respiratorio (VSR), que causa la enfermedad, en comparación con los niños sano.

Cuidados 
Como no existe una vacuna y para prevenir cuanto sea posible la trasmisión del virus, los especialistas recomiendan llevar adelante una serie de hábitos que permitirán cuidar al bebé. Entre ellos se destacan:
Cumplir el calendario nacional de vacunación y con las vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.
Concurrir a los controles rutinarios con el médico.
Evitar la contaminación ambiental con humo de cigarrillo u otros y evitar el hacinamiento.
Impulsar y mantener la lactancia materna.
Cuidar la higiene; mantener las manos limpias de quienes están en contacto con el menor.

Vacunación 
En el caso de los niños que forman parte del grupo más vulnerable es importante cumplir con el esquema completo de inmunización pasiva que actúa como un “escudo” para la protección de esta población. 
En tal sentido, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) recomienda, teniendo en cuenta las semanas de circulación viral, iniciar la profilaxis durante el mes de abril, con una aplicación mensual del anticuerpo monoclonal de hasta un máximo de 5 dosis.
La inmunización pasiva está incluida en la “Estrategia Integral de Prevención de Infecciones Respiratorias en prematuros de alto riesgo” del Ministerio de Salud de la Nación y en niños con cardiopatías congénitas con inestabilidad hemodinámica significativa, según las recomendaciones consensuadas con las sociedades científicas.
La inmunidad persiste por un período acotado de tiempo, por lo que es fundamental la aplicación mensual de las dosis para mantener los niveles adecuados de anticuerpos durante la época de mayor circulación viral. 
La inmunización pasiva debe acompañarse además de todas las demás medidas de prevención. “En la población vulnerable, diversos estudios demuestran que, si se llevan adelante todas estas medidas de forma conjunta, disminuye la tasa de hospitalización, los días de oxígeno, la gravedad del cuadro respiratorio y, junto con ello, la disminución de la mortalidad también es significativa”, aclaró Colantonio.

Incubación y síntomas 
El período de incubación (el tiempo que transcurre desde la infección hasta la aparición de los síntomas) oscila de varios días a una semana, en función de la infección que provoque la bronquiolitis.
Además de las consideraciones generales preventivas, es necesario prestar atención a los principales síntomas y tener en cuenta que cuánto más pequeño es el niño, más importantes pueden ser sus manifestaciones.
Mucosidad nasal.
Tos, catarro.
Respiración más rápida (taquipnea) y aumento de tos.
Respiración ruidosa con silbidos (sibilancias).
El niño se agita fácilmente.
Hundimiento de las costillas al respirar.
Dificultad para alimentarse o para conciliar el sueño.
Piel azulada o muy pálida.
Fiebre con temperatura mayor a 38°C. 

Duración
La bronquiolitis suele durar alrededor de 12 días, pero los niños que padecen casos más graves de esta enfermedad pueden seguir tosiendo durante semanas. Por lo general, la enfermedad llega al punto de mayor intensidad entre el segundo y el tercer día desde el inicio de la tos y de las dificultades para respirar y después remite de forma gradual.

Tratamiento profesional
Por suerte, la mayoría de los casos de bronquiolitis son leves y no requieren ningún tratamiento profesional específico. Los antibióticos no son útiles porque la bronquiolitis está provocada por una infección viral y los antibióticos solo son eficaces en las infecciones bacterianas. A veces se administra medicación para ayudar a desobstruir las vías espiratorias del niño.
Los bebés que tienen problemas para respirar, están deshidratados o parecen fatigados siempre deben ser evaluados por un médico. Los lactantes moderada o gravemente enfermos pueden requerir hospitalización para que reciban una atenta observación, líquidos y oxígeno húmedo. En contadas ocasiones y en casos muy graves, se utilizan respiradores para ayudar al bebé a respirar hasta que empiece a mejorar.
“Ante la aparición de los primeros síntomas, como dificultad respiratoria, agitación, dificultad para comer o dormir, es fundamental consultar con el médico”, apuntó el especialista. 

 

EL DATO >> ¿Cómo se trata?
Los antibióticos no son efectivos contra las infecciones virales. El tratamiento incluye broncodilatadores administrados con un aerosol y una aerocámara (generalmente denominados como "paf").

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