¡Buen día! Hoy celebramos la muerte del creador de la Bandera. Y digo celebramos porque los cristianos recordamos la muerte cristiana como una celebración.
Belgrano era cristiano de cuna. Sus padres, al bautizarlo, lo llamaron Manuel Joaquín del Corazón de Jesús.
Toda su vida fue ejemplarmente cristiana, y esto se lo vio particularmente en los tiempos duros de la derrota, ante los paraguayos en Tacuarí y ante los españoles en Vilcapugio y Ayohuma.
El 29 de agosto de 1819 Belgrano escribe al gobierno solicitando licencia: “No habiendo podido conseguir en medio del sufrimiento un alivio conocido, y aconsejándome los facultativos la variación de temperamento, debiendo ir al de Tucumán, me veo en la necesidad, aunque dolorosa, de acudir a V.A. para que me permita dejar el cargo por algún tiempo, hasta que logre mi restablecimiento.”
Pero dos semanas después ya comienza a vislumbrar su muerte como algo próximo. Después de entregar el mando al coronel Francisco Fernández Cruz, el 10 de septiembre redacta una carta en la que dice: “Me es sensible separarme de vuestra compañía, porque estoy persuadido de que la muerte me sería menos dolorosa, auxiliado de vosotros, recibiendo los últimos adioses de la amistad. Me es agradable pensar que aquí vendrán a rezar por el descanso de mi alma.”
La hidropesía estaba haciendo estragos en su cuerpo, aun cuando el testimonio del gobernador Manuel Antonio Castro dice: “Jamás vi turbada su serenidad, ni alterarse su firmeza”.
Siempre lo acompañó su capellán, el padre Villegas, que lo asistió hasta el momento final. El 20 de junio de 1820, a las 7 de la mañana, el general Belgrano entregaba su alma a Dios, “En la eternidad adonde voy, y en la tierra querida que dejo, yo espero que los buenos ciudadanos trabajen para remediar sus desgracias”, había dicho poco antes. Sus últimas palabras: “¡Ay, patria mía!”, confirman el amor que cultivó por ella a lo largo de su vida.
Fue enterrado vistiendo el hábito dominico y en el atrio de la Iglesia de Santo Domingo, según su expresa voluntad.
Que su ejemplo nos estimule a un amor tan profundo y tan cristiano por la patria como el suyo.

¡Hasta mañana!

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