Por Leticia Oraisón de Turpín
Orientadora Familiar

Enseñarás a volar,/ pero no volarán tu vuelo;
enseñarás a soñar, /pero no soñarán tu sueño;
enseñarás a vivir, /pero no vivirán tu vida.
Sin embargo, / en cada vuelo,
en cada sueño, / y en cada vida
quedará para siempre / la huella del camino enseñado.
                     Teresa de Calcuta

Leer éste pequeño y sabio trozo de la Madre Teresa nos emociona y conmina, nos inquiere y cuestiona, porque es un examen sobre cómo hicimos, hacemos o tenemos que encarar la educación de los hijos.
Y es ésta una tarea trascendente, pero no tiránica, difícil pero no imposible, indelegable e imprescindible desde nuestro obrar, pero no obligatorio de copias, mimetismo e igualdad a corresponder.
Nos enfrenta a la generosidad y al desprendimiento, al amor puro contra el egoísmo de quererlos iguales a nosotros. Nos pone frente a la realidad de la vida que nos hace únicos e irrepetibles y por eso respetuosos del obrar, querer y desarrollar de cada hijo.
Pero ésta individualidad, ésta identificación personal no nos exime de dar ejemplos, de señalar rumbos y corregir errores, porque somos formadores de personas, transmitimos principios, valores y normas de convivencia, que en cada mano, en cada ocasión y en cada circunstancia se renovarán con las variantes y las valorizaciones individuales y particulares de cada situación.
Evidentemente en nuestro paso por la vida, vamos dejando marcas, huellas, recuerdos, y obras; manifestaciones que los que nos siguen y ven, irán evaluando y apreciando según su estimación personal.
“El fruto siempre cae cerca del árbol” es un refrán que refiere al ejemplo y a la experiencia que repartimos a nuestro alrededor, según nuestro obrar y nuestra conducta. Será la expresión y la respuesta de quienes dependieron de nuestras reacciones y determinaciones las que reafirmarán o repudiaran la herencia recibida.
Nuestros hijos con sus peculiaridades, con sus temperamentos y caracteres, responderán a los estímulos de la vida y desarrollarán la suya con creatividad renovada, corregida, sin copias ni imitaciones de la nuestra, pero seguramente seguirán un hilo conductor que nacerá de la vida que supimos vivir.
Los pasos, nuestros pasos, dejarán marca, dejarán huella, será senda que elegirán, o no, seguir, para transformarla en camino seguro y propio, perfeccionado, distinto y personal, para poder llegar a ser ellos mismos un rumbo y un destino de mejora para sus propios hijos. 
La vida nos enfrenta y desafía permanentemente, de cada uno depende la respuesta y Dios nos dio la libertad de elegirla.

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