Uno se asombra cuando rememora acontecimientos que tuvieron lugar en otros tiempos que hoy pueblan la historia de los pueblos, y que dado sus dotes y sobresalientes aciertos, merecidos y avanzados, no se puede dimensionarlos en su justa medida, toda vez que se aventuraron y lo lograron por encima de los advenimientos que vendrían mucho después. Proyectos impulsados con menores posibilidades a su merced, lograron construir y poner en movimiento conquistas trascendentes adelantándose a su tiempo, dando por respuesta a los detractores y agoreros que por todo desafío siempre ponen a prueba la desconfianza y el descreimiento como valla de contención.

Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral.

Uno de ellos, de los tantos, el sueño emprendido por el periodista uruguayo Natalio Botana afincado en Buenos Aires, cuando el 15 de setiembre de 1913 pone en movimiento el Diario Crítica que, por día lanzaba 5.000 ejemplares de 8 páginas. La historia de un importante medio de comunicación que al poco tiempo se erigió en el más potente multimedio, influyendo amén de la naturaleza informativa, en radio y cine. Esto sucedió hasta el año 1963 desde que arrancara su emplazamiento original en Sarmiento al 800 hasta el famoso edificio construido especialmente para el Diario Crítica en Avenida de Mayo 1333. Tenía un acento muy particular, hablar el mismo idioma de todos sin distingos, dando trascendencia como un rito a la tipografía catástrofe de gran tamaño en primera plana a los títulos, como así a los de las noticias en páginas interiores.
Comenzó pregonando un lema, “Diario ilustrado de la noche, impersonal e independiente”, hasta transformarse en la frase que daba crédito a la raza periodística que asumía y proyectaba Botana: “Dios me puso sobre vuestra ciudad como un tábano sobre un noble caballo, para picarlo y mantenerlo despierto”. Diario Crítica lanzaba sus ediciones a la calle por la mañana, al mediodía, a la tarde, a la noche, y cuando el acontecer lo exigía salía con la séptima al concluir el día. Con las ediciones se agregaban suplementos que comprendían “La buena cocina”, “Cultura Física”, “Para gordos y flacos”, “Moda”, “La música, los autores y las obras”, y el “Infantil” dedicado a los niños, como así libros con obras universales a precios muy bajos. Calificados periodistas militaron por sus páginas: Roberto Arlt, los hermanos González Tuñón, Jacobo Fijman, Ulyses Petit de Murat, Roberto Tálice, Bernardo Koremblit, Edmundo “Pucho” Guibourg, Nicolás Olivari, Carlos de la Púa, Luis Cané, Conrado Nalé Roxlo y hasta las colaboraciones de un  joven Jorge Luis Borges, entre otros. Según los registros de entonces, Crítica podía imprimir 100.000 ejemplares en una hora, posicionándolo en el diario de mayor tiraje de Latinoamérica. Asimismo, para afianzar su presencia instaló una radio que era LOR Brodcasting de Crítica, proyecto pionero que lo ubicaba primero en el mundo, en apoyo del gran caudal gráfico del medio madre. El cine también sirvió de extensión comunicacional dado su alto valor cultural y de gran entretenimiento, por ello fundó “Baires Film”, cuyas primeras películas fueron “Mateo”, “La hora de las sorpresas” y “El último refugio”. A Natalio Botana siempre se lo comparaba con el magnate de la prensa norteamericana, Willians Randolph Hearst, el mismo personaje llevado al cine por el actor y director Orson Wells en, “Ciudadano Kane”, por un  montón de coincidencias, en principios, carácter, desenfado, de gran intuición, arrogante y arrojado, brillante negociador, vasto conocedor del periodismo y el gusto del público, sin importarle apelar a todos los condimentos que hacen de las noticias un éxito, muchas veces más allá de lo permitido.
En la década de 1920 por idea de Botana, el diario implementó para llamar la atención y estar en el momento justo con la última noticia para su ávido público, una sirena de gran potencia que hacían sonar cuando algo estaba sucediendo. El público, acostumbrado a esa llamada que incentivaba el morbo de su Diario Crítica, se acercaba curioso y ávido al edificio de la Avenida de Mayo donde en su frente se desplegaban grandes pizarras que daban cuenta de la noticia anunciada con sirena, la que luego conformaría cada una de las ediciones impresas del día.
Ha sido un medio que eligió el pueblo en su idioma visceral, de casi 100 páginas en la apoteosis de su éxito triunfal, con letras tremendas y con fuerzas para llamar la atención, a criticar de frente y aguantar el chubasco, siempre al lado de la gente. Tan metido estaba Diario Crítica en el quehacer cotidiano, que hasta Carlos Gardel le cantó el tango milonga “Soy una fiera” del guitarrista Francisco Martino, según lo recuerda Santiago Senén González en su nota de “Historia”, cuya parte de su poesía decía: “El sábado por la noche compro la Crítica quinta/y si me piache la pinta del pronóstico que da...”.
Más allá de la crítica moral del perfil conferido por Botana a Diario Crítica, lo que no puede dejar de mencionarse es el impulso que otorgó al periodismo gráfico, pionero en muchos aspectos donde lo esencial ha sido la noticia en toda su dimensión y premura por informar. Cada acontecimiento era reflejado con urgencia para su gran público, de Buenos Aires y del país todo, donde siempre había un ejemplar de Crítica muy cerca del interés del hombre común, con todas sus ediciones y secciones en crecimiento permanente.
La cultura popular estuvo presente con grandes referentes que formaron parte del brillante y singular elenco que marcó y consolidó el espíritu pionero de Diario Crítica.
Ese “tábano” que gentilmente ubica la metáfora de su exitoso lema, “sobre un noble caballo, para picarlo y mantenerlo despierto”, es una clara advertencia con fuerza de sentencia para aquellos que no acallan desbordes ni desórdenes en el seno del poder y las fuerzas ocultas de la ciudadanía divergente, en desmedro de quienes verdaderamente alimentan y generan un país con sacrificios y esperanzas. 

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