Por Juan Carlos Raffo

Corría el año 1815... y Artigas ordenaba que no se pase una cabeza de ganado al Paraguay. Es que por entonces regía una disposición del Protector de los Pueblos Libres, el oriental José Gervasio Artigas, que prohibía el comercio de Corrientes y sus pueblos con Buenos Aires y el Paraguay, como también el envío de ganado a este país y a Misiones. Triste premonición la del oriental, que una vez que sus lugartenientes Estanislao López y Pancho Ramírez  lo traicionan y lo derrotan, es precisamente en Paraguay donde busca exilio, permaneciendo en el país vecino exiliado desde 1820 hasta 1853 en que fallece. 
El enfrentamiento con el Directorio de Buenos Aires era total y los porteños enviaron más de un barco a cañonear algunos de los puertos correntinos, como ser los de Esquina, Goya y Pehuajó, habiéndolo hecho también en La Bajada (hoy Paraná) y Hernandarias.
Es que Paraguay siempre mantuvo la pretensión de invadir y ocupar lo que hoy es Misiones y si había una medida que los preocuparía a los guaraníes, era la de interrumpir el abastecimiento de carne que para su subsistencia era primordial.
La amenaza de ocupar las Misiones fue constante y ello llevó al Cabildo de Corrientes a determinar una rigurosa vigilancia desde la capital hasta el pueblo de la Candelaria, muy cerca de la actual Posadas.

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