0
Comentar
31-03-2012 04:00hs
PAGO LARGO (PARTE II)
Una batalla desigual
-
Genaro Berón de Astrada.Juan Manuel de Rosas.
Tamaño Fuente
Imprimir
0
Comentarios
El ejército correntino estaba integrado por 4.500 hombres, casi en su totalidad eran inexpertos reclutas y oficiales improvisados, que en su gran mayoría ni uniformes tenían. Pelearon con más bríos que táctica militar. El gobernador de Entre Ríos recibió la orden de invadir Corrientes. Pascual Echagüe, que invada Corrientes. Sus fuerzas aguerridas y disciplinadas ascendían a 6.000 soldados conducidos por jefes competentes.

En 1838 muere Encarnación Ezcurra de Rosas, la esposa de Juan Manuel de Rosas, de una muy mala enfermedad, el 19 de octubre, y 25.000 personas acompañan sus restos en un cortejo fúnebre jamás visto hasta ese momento.
Sus restos fueron depositados en la iglesia de San Francisco. Rosas no se dejó ver en público. Permaneció encerrado en su quinta de Palermo, en la misma habitación donde velaron los restos de su mujer, con quien pasó la noche sólo sin permitir que nadie entrara a la sala. Una fuerte controversia sostuvo con su hija. La agonía apremiaba y el resentimiento estrangulaba a la compañera de tantos delitos, y en medio de sus fuertes sollozos pedía un confesor. Sus ruegos se volvieron súplicas lacerantes, desesperadas, y su hija Manuelita arrojándose a los pies del padre le conjuró a que accediese al último pedido de su madre moribunda. No ­respondió Rosas, en presencia de sus sirvientes. “Encarnación conoce muchos secretos de la federación y los frailes cuentan todo lo que se confiese o no. Cuando haya muerto haremos entrar a un fraile, diremos que se ha confesado y todos los creerán”. Estas palabras, como las he escrito, dijo Pablo Mantegazza, eran dichas por su padre a una hija. Se obligó a la población a usar luto por un año y durante este tiempo los despachos oficiales se adornaban con una gran faja negra.
Esto habla a las claras a qué tipo de personaje enfrentaba Corrientes. Ferré lo conocía mejor que nadie y sus personalidades eran tan distintas fundamentalmente en “valores morales y de Patria”, que no puede haber hoy un correntino que tenga razonamientos y afectos mezclados con relación al dictador más sanguinario de nuestra historia.
Parece que algunos de los que se dicen y creen nacionalistas, que levantan como enseña el pendón sangriento de Rosas, añoran los tiempos en que el país era todo entero un pueblo de pastores analfabetos, donde sólo se podía comer carne y de vez en cuando pan blanco, como un lujo, tiempos en los que no había escuelas, ni industrias, ni comercio, ni rieles, ni telégrafo, y donde imperaba la ley del más fuerte, con el puñal como instrumento de gobierno.
A raíz de estos últimos pesares de Goyo Gómez, en 1839, recibió una carta Gregorio Gómez de San Martín: “Reservada para ti solo”, en la que expresaba, “no puedo aprobar la conducta de Rosas cuando veo una persecución general contra los hombres más honrados. El asesinato de Maza me convence de que el actual gobierno no se apoya sino en la violencia”.
El gobierno de Francia, para levantar el bloqueo, exige al gobernador de Corrientes que debía desligarse de la política dictada por Juan Manuel de Rosas y que los ciudadanos franceses fueran tratados en suelo correntino como los de la nación más favorecida. Berón de Astrada ya estaba jugado y esto lo llevó a dictar el 6 de este mes de marzo la declaración de guerra contra el gobernador de Buenos Aires, quien manejaba las Relaciones Exteriores por delegación del resto de las provincias.
Esta actitud de Corrientes, sumada al auspicio por parte de Berón de Astrada de dictar una nueva Constitución Provincial en Corrientes, llevó al gobernador de Buenos Aires a ordenar a su lugarteniente, el gobernador de Entre Ríos, Pascual Echagüe, a que invada Corrientes, ataque y arrase con todo lo que se le anteponga en su camino. Uno de sus principales oficiales era el joven Justo José de Urquiza.
Echagüe acampó el 30 de marzo a orillas del arroyo Basualdo y sus fuerzas aguerridas y disciplinadas ascendían a 6.000 soldados conducidos por jefes competentes. Los entrerrianos avanzaron en tres columnas: una comandada por Urquiza, la segunda por Servando Gómez y la restante por el mismo Echagüe. El ejército correntino estaba integrado por 4.500 hombres, casi en su totalidad eran inexpertos reclutas y oficiales improvisados, que en su gran mayoría ni uniformes tenían. Llevaban como única divisa una cinta celeste y blanca con la inscripción “Ejército Libertador” y entre otros jefes actuaron junto al gobernador: Vicente Ramírez, López Chico, Manuel Olazábal y Tiburcio Rolón.
En la madrugada del 31 de marzo de ese año 1839 el gobernador de Corrientes, Genaro Berón de Astrada, sereno y entusiasta, a la vez que con la grandeza profunda de su causa, con fe intensa en la justicia y en la razón que lo acompañaban, recorrió montado en su hermoso caballo bayo el frente de sus tropas arengándolas con frases ardientes y breves.
Desplegadas las fuerzas combatientes avanzaron los correntinos con más bríos que táctica militar. Echagüe contraatacó con sus regimientos bien armados y Urquiza entró por la izquierda resultando batida la caballería de Corrientes. Aquello fue un entrevero de lanzas, espadas, fusiles y de chuzas durante cinco horas infernales. Olazábal se retiró apresuradamente del campo de batalla siguiendo a sus desbandadas fuerzas y López “Chico” y Ramírez hicieron otro tanto, sin que la reserva que se encontraba a retaguardia entrara en la lucha. Pero así como hubo estas actitudes realmente vergonzosas, también campeó el heroísmo de la artillería, que perdió a su jefe y parte de la infantería. El batallón de Rebajados luchó denodadamente contra los indios auxiliares chaqueños del ejército entrerriano. A sus vez, Berón de Astrada se batió heroicamente con sus Granaderos a Caballo y según la tradición, cuando se le aconsejó que huyera porque ya no había esperanza de frenar la derrota, contestó al capitán Justino Silva: “Seguid vosotros, yo he venido a vencer o a morir”. La muerte fue lo que halló. Aunque las versiones de cómo la halló son encontradas.
Dieciocho lanzazos tenía el cuerpo de Berón de Astrada, al que habían arrancado una oreja y cortado una lonja de piel de cuatro centímetros de ancho de la espalda, desde la nuca hasta los muslos. Un humilde sacerdote resolvió la situación, arriesgó su vida y seccionó el cuerpo del mártir, conduciéndolo en una bolsa desde Curuzú Cuatiá a Corrientes, llevándoselo a sus hermanas.
Murieron 1.960 correntinos, incluso 80 jefes y oficiales; cayeron 800 prisioneros que fueron degollados, se perdió el archivo de Berón de Astrada, un estandarte, 6 carretas y 4.000 caballos. Luego del combate vino el degüello de los prisioneros, 1.250 fueron tomados prisioneros, de los cuales 800 fueron muertos y sólo quedaron con vida 450. Y en los llanos de Pago Largo, Corrientes es vencida en una de las batallas más sangrientas que recuerde la historia argentina. Dijo Manuel Florencio Mantilla: “Corrientes fue vencida y enlutada, pero no sus hijos que allí murieron, porque no hay victoria que iguale los lauros del martirio y el que sella su causa con la vida se impone y vence a la muerte misma”.


¿Qué Sentís?
Registrando voto...
Compartir el voto en Facebook
Ud. ya ha votado el artículo
Noticias relacionadas
    Más de Opinión
      Varias
        COMENTARIOS
        FACEBOOK
        Cargando comentarios...
        Cargando...
         
        POR ROBERTO CAPARA
        POR ROBERTO CAPARA