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17-06-2012 04:00hs
POR CARLOS GELMI
En la fiesta del Padre se olvidaron de los abuelos
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Concluye una semana con resonancia internacional reclamando CFK  un diálogo que aquí, internamente, no se da, pero que sirvió para descolocar  a Londres que sigue enarbolando las banderitas de su tozudez  en torno de nuestras Malvinas. Pero más allá de lo que pasó o dejó de pasar en la ONU, el país siguió con sus tropezones de entre casa sin que se que produzca el diálogo nacional.  El nuevo gran debate gira en estos momentos en torno del  anunciado plan de viviendas y el origen de los fondos para su financiación, donde aparecen como víctimas propiciatorias los jubilados.
LOS MISTERIOS PASAN VOLANDO
Escribir al compás de aniversarios es una agravada costumbre del periodismo; necesitamos de ciertas fechas grandotas o capturadas por el aluvión de la publicidad para despabilarnos. Los “días de”, vendrían a ser el “viagra” que le da pulso a nuestra lánguida atención y  creatividad!
Hoy es uno de esos días como nos está recordando el periodista  y escritor Rodolfo Bracelli, quien con el  plumero de su ingenio, limpia nuestra alicaída memoria de la telaraña del tedio de los años y levanta la cortina adormecida de nuestros ojos:
- Che...hoy es el Día del Padre; del tuyo, del mío, de todos los padres. No te olvides de invitar a los abuelos..
Previsor el  hombre. Sabe que hoy es Padre y la cabecera de la mesa de los besos, los halagos y los mimos le pertenecen, pero con nostalgia anticipada sabe que  mañana será Abuelo.
- Por supuesto que no me voy a olvidar del abuelo. ¿Quién puede cometer semejante atrevimiento, sobre todo un día como éste?.Ya sé que en nombre del padre, hoy el abuelo será Rey. Pasa lo mismo que con los hijos y los nietos.
Una verdad incuestionable  que nos hace cosquillitas de envidia, pero que en el fondo nos endulza la vida... Pese a todas las amarguras.

En esos mismos momentos todos los noticieros daban amplia difusión a un ambicioso plan de viviendas que despertó una oleada de euforia del  cristinismo y en  contraposición, serios cuestionamientos del otro lado.. Ambas posiciones muestran sólidas bases: las del oficialismo tienen los cimientos incuestionables que ostenta un plan de viviendas, prioridad esencial de quien gobierna ayer, hoy y mañana. La de los opositores, basándose en una compartida preocupación en el origen de la financiación de esas construcciones. ¿Será con fondos de la Anses, es decir, con dinero de los jubilados?
Si la Anses aduce no contar con dinero para pagar sus deudas (juicios perdidos, el 82 por ciento móvil) y   con esa excusa desobedece una orden judicial, se insiste: ¿De dónde saldrán los fondos para las viviendas?. Del cerrado bolsillo de lo pobres jubilados, clausurado para sus legítimos dueños.
Los abuelos le han ganado la batalla al tiempo; fueron pa-cientes hasta morirse, en muchos casos. Otros ganaron sus pleitos pero “se olvidaron” de pagarles; la Justicia se pronunció en favor de ellos,  pero los dejan en la intemperie, en la cola que termina en el cementerio.
 Hoy, en el Día del Padre, la mesa del festejo no tiene lugar para ellos. No alcanzó la plata pues los fondos fueron derivados a otros fines. ¡Para que vivan los nietos, se mata a los abuelos.!
Qué falta de respeto! Ni siquiera les avisaron que ellos, los abuelos, siguen siendo dueños de las penas...y las vacas, ¿dónde están las vacas?...

Los secretos vienen volando
Alguna vez, alguien deberá escribir el anecdotario de los aviones que signan la historia del peronismo, empezando por los emblemáticos vuelos Madrid-Buenos Aires que tuvieron como protagonistas a Juan D. Perón. Uno, el del frustrado retorno en Brasil. El otro, el definitivo, alguno de cuyos pasajeros aún se jactan de su participación.
El “avión negro” fue un fantasma que en la jerga política se utilizó para aludir a presuntos retornos de Perón a la Argentina y a ese movimiento se vinculó el Operativo Cóndor que concluyó con el sorpresivo “scuesto” y posterior descenso de un avión de AA en las Malvinas.
Muchos capítulos extras habrá que agregarle al anecdotario de marras para apuntar las dudas que dejaron un vuelo internacional con el entonces presidente Carlos Menem a Italia para  asistir a un partido de fútbol y la agitada noche en que Máximo Kirchner debió ser trasladado de urgencia desde el Sur a Buenos Aires por razones de salud.
¿Qué pasó, al momento de partir el avión presidencial a EE.UU. y hubo a último momento un imprevisto cambio en el rol del pasaje: Camau Espínola por Ricardo Colombi?.
Muchos vieron en ese detalle una finísima trama política de entrecasa. Otros, como el propio gobernador, minimizaron la cuestión y siguieron con su ritmo habitual de trabajo.
Otras versiones sobrevolarán el aire los próximos días sobre todo teniendo en cuenta que cada vez más, nuestros gobernantes y dirigentes han hecho de los vuelos (imprevistos o programados)  la cocina preferida para la sal-pimienta que las pobladas y bullangueras oficinas no alcanzan ni siquiera a disimular lo que se quiere ocultar.
Ya se sabe, cuando más herméticas y secretas son esas reuniones sobre las que “no se informa” pero que sí “trascienden”, más fuerte es el olor y la sospecha...
Las alturas diluyen el medio ambiente. Para eso, nada mejor (a veces) que un avión.

Hacia adelante todo, a ganar
Salvo alguna sorpresa de esas que se incuban silenciosamente pero que nunca figuran en los cálculos ni de lo más expertos analizadores, la puja política correntina pese a su compleja y cambiante trama está encerrada en el corralito de Provincia y Capital.
Los candidatos visibles hasta el momento (Colombi y Espínola) se han lazado decididamente a una similar campaña  basada en la gestión no sólo en sus respectivas jurisdicciones, sino en toda la provincia.
Hasta el momento no han puesto en evidencia muestras de originalidad, sino que cautelosamente van “empardando” aguardando la próxima jugada, ocurrió con la Feria del Libro anunciada por la Provincia imitada tiempo después por la Comuna.. Como ocurrió con el Carnaval, como está ocurriendo con el Chamamé.
¿Por qué esa competencia estéril, en vez de la complementación necesaria? ¿Puede esa puja producir  réditos electorales sólo embarra la cancha, prolonga los tiempos y pone en riesgo la continuidad,  que no sólo merecen el esfuerzo conjunto de las dos administraciones, sino el apoyo de to-    dos?
De esa manera, la puja electoral será una verdadera competencia, entendiendo por tal, el esfuerzo por hacer mejor las coas para que ganen todos.
Incluidos los abuelos, por supuesto.
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