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17-06-2012 04:00hs
POR FRANCISCO MALDONADO
“La droga es lo peor que hay en la vida, me di cuenta y pude salir a tiempo”
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	“El rol de la familia fue muy importante, sabían lo que hacía y tuve el coraje de contarles a mi mujer e hija mayor”VISITA. Javier junto a su hermano Pedro en el ascenso como suboficial mayor del Ejército Argentino.MAURICIO JAVIER SOSA. Edad: 43 Estado civil: casado, 5 hijos. Lugar de nacimiento: Sáez Peña, Chaco, 1969 Lugar de residencia: José C. Paz, Buenos Aires Profesión: Changarín Le gusta: Trabajar y viajar.
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Es un caso como muchos otros, pero que sirve de testimonio sobre este flagelo. Este hombre habló sobre la parte más oscura de su vida. Agradeció a su familia por el gran apoyo que recibió cuando estaba en el mundo de la droga. Ahora planea construir una panadería familiar.
MAURICIO JAVIER SOSA, UN PADRE COMO CUALQUIERA, PERO ESPECIAL
fmaldonado@ellitoral.com.ar
Javier conoció la calle de muy pequeño. No fue por voluntad propia, no era lo que quería a los 11 años. Esa difícil misión de salir a trabajar en busca dinero para comer él y también sus nueve hermanos, lo puso de cara contra una realidad entonces ajena. No llevó una vida fácil, la peleó palmo a palmo. Hoy puede contarlo y esa es una victoria que se convierte en homenaje para sus 5 hijos, en un día como el de hoy.
Con una hermana menor y carretilla en mano salió a buscar residuos reciclables. Logró ganarse unos pocos pesos ese día otoñal.
"El hambre te lleva a comer cualquier cosa, ese día me acuerdo que comimos con mis hermanos pan rayado", contó "Javi" en una entrevista con El Litoral. Esa vida lo llevó a conocer la noche en Buenos Aires, el otro lado de esa mole fría de cemento en que se convierte la principal ciudad del país.
“Consumí ‘merca’ (cocaína), me hice respetar en cada lugar, siempre de manera frontal. El mundo de la drogas es lo más horrible que hay en la vida" recordó Mauricio Javier Sosa, un testimonio sobre esta problemática, que atravesó ese oscuro mundo del cual hoy lo cuenta ya como una anécdota.
"Es un círculo muy pero muy jodido. Necesité ayuda, no escuchaba a mis hijos, mi esposa se daba cuenta y prefirió escuchar de mi boca lo que me pasaba", resaltó.
En este mano a mano Javier contó su historia de vida, desde que salió a trabajar de muy pequeño hasta su paso por el mundo de las drogas, pero también su actualidad de renacimiento y de un anhelo muy especial: terminar de construir una panadería familiar. El hombre tiene familiares en la capital correntina y con cierta frecuencia los visita. La última vez que estuvo en Corrientes brindó su testimonio a El Litoral.

Desde tu experiencia, ¿cómo es el inicio en el mundo de la droga?
Primeramente tenés que hacerte conocer en el barrio, ser amigo del distribuidor y contar con dinero para la compra. Es muy difícil entrar el primer día. Desde que te conocen tenés que imponer tu personalidad. Tenés que saber los códigos que se manejan, cuando hay algo (dice por si hay en esos momentos droga) te avisan por celular y en minutos están todos. La edad no tiene mucho que ver porque se ven chicos desde los 12 años hasta 50 o 60. Si en el primer día no te aceptaron tomátela nomás porque no te van a prestar atención. A esos lugares no po-dés ir frágil porque te pasan por arriba, tenés que ir frontal pero tranquilo. Puede darse en dos etapas de la vida: o estás en un muy buen momento laboral y familiar o en el peor momento cuando estás metido en un pozo. A cualquier persona le puede pasar.

¿Qué tipo de "códigos" se manejan entre vendedores y compradores?
Muchos. Y hay una que sintetiza todo este mun-do: nadie te banca o te presta plata para eso. Por ejemplo y generalmente el que vende no consume droga. Es un código ya establecido. Una vez te pueden convidar la droga sin pagar, pero al día siguiente tenés que devolver como sea o sino ahí vienen los problemas.
Otro de los códigos es la desconfianza. Ya es natural no confiar en nadie aunque seas la mano derecha o el cuñado o tío del vendedor. Otro de los valores son los lugares donde se comercializa. Voy al pelotero, dame una papa y si ese día está complicada te avisan por celular que está todo fiambre. Cuando compras algo de mala calidad como es la pasta base se dice que está fisurado, es decir es muy malo y no sirve para nada. Son léxico de la calle. "Ese tranza" quiere decir que ese vende droga y es un amigo a quien hay que buscarlo. "Aquel está tirando papa", es otro código que se utiliza para de-cir que una persona está vendiendo "merca".

 Si entro hoy al grupo ¿Qué rol o función cumplo?
Ninguna. Vos sos vos, no te vinculas con nadie, ellos saben que sos nuevo o viejo, conocido o no. No hay líder, no perteneces a nadie. Pero eso sí todos saben lo que hace cada uno. Te haces conocido llamando la atención, tenés que portarte bien y sobretodo tener mucha plata. En una sola noche podés gastar entre 100 y 300 pesos. Es muy caro estar en el mundo de la droga. Vos en esos momentos te crees revivo, te llevas el mundo por delante y decís a mi no me va a pasar.

¿Qué sustancia llegaste a probar y por qué?
Primero fue la "merca" (cocaína), luego fume marihuana. Pero lo que te mata es la pasta base. Esa  sustancia es lo peor de lo peor. En segundos perdes la cabeza. ¿Y sabes por qué? Porque se cocina lo que sobra de la cocaína y preparan una tiza con restos de un foco fluorescente roto. Hay un polvo blanco, bueno eso se agrega con los restos del vidrio que no se ven. Por eso a muchos le sangra la nariz. Literalmente eso te reviente el cráneo. El efecto es rápido, en 60 segundos ya estás del otro lado. En tanto la marihuana, aunque vi varios ladrillos no consumí mucho, solamente fumé algunos porros.

¿Cómo es la comercialización de estas drogas?
Y una bolsa con una tiza de cocaína te puede salir dos pesos, pero depende de la calidad. La más fea, de producción hablamos, es la que sobra de la cocaína, eso te mata al instante. Eso es pura piedra. Después tenés el de mayor producción que es cocaína pura y eso una sola tiza te puede costar entre 300 y 500 pesos. Para ello también tenés que tener muchos conocidos ya sean del trabajo o amigos del barrio o cualquiera. Con un médico amigo le pedía rivotril por ejemplo, pero siempre me avisaba que me cuide y cosas así. Las pastillas eran para un familiar enfermo y me hacía recetas para miles.

En este tema de las drogas y la reunión entre amigos, ¿cómo es una noche en Buenos Aires?
No es solamente de noche cuando se juntan a comprar los chicos la "merca". Se da a todas horas, incluso los centros de ventas de mayor consumo están en los barrios de mayor poder adquisitivo. En pleno centro, a cuadras del obelisco, en Palermo o Belgrano, Once, Liniers. Se venden en plazas, edificios y en cualquier lugar. Los que van de noche es porque recién salieron de trabajar o de sus casas. Para todo esto hay un factor muy importante que se denomina "gorra". Ellos lo llaman así a la Policía, quien patrulla la zona y  ante la presencia nadie se mueve porque vos no estás haciendo nada, estás sólo parado en la vereda. El vendedor en cambio está en su casa y cuando pasa el de la "gorra" cierra todo y acá no pasa nada.

 Es decir que ¿hay complicidad entre los vendedores, compradores y la Policía?
No llamaría complicidad, pero es una mano que te dan. Por ejemplo en un lugar donde trabajaba, un compañero me llamó y me dijo si podía bajar dos bolsos negros con 15 "ladrillos" de marihuana. Para ello tuve que ir a hablar con el de "gorra" que recorre la cuadra a pie y me dio un tiempo de solamente cinco minutos. Y tuve que hacerlo por eso de códigos y porque el que me pidió el favor una vez me ayudó y son favores por favores. Después vino la camioneta y se llevaron los bultos. Es un círculo en un sistema que se maneja así. Cuando no hay policías en la calle el código es "está todo limpio".

 Cuando entras en este mundo, ¿De quién es la culpa y que impacto social puede tener?
Es muy fácil echarle la culpa al otro, eso se da en todos lados. Pero en realidad es culpa de uno mismo porque fuiste vos el que te acercaste, te hiciste conocido y probaste. Lo que pasa es que cuando te largas sólo la calle es una escuela aparte, es para todos aquellos que de muy pequeños salimos a trabajar. Algunos se vinculan, otros no. Es culpa tuya porque sabés a donde vas, hasta donde querés llegar. Primero empezas con el alcohol, luego el cigarrillos y finalmente la "merca". No sólo la sociedad te juzga sino también tus propios amigos, familiares y vecinos. Sabés cuantas veces escuche ahí viene el enfermo o el drogadicto. Eso en lo moral te funde porque en realidad no saben lo que realmente pasó.

¿Qué tipo de personas se vinculan en este mundo?
Ni te imaginas. Desde el más pobre que no tiene nada para comer y vestirse hasta legisladores muy conocidos a nivel nacional y provincial. Ellos no van directamente, pero sabés quien hace de "mula". Ni te imaginas cuanta gente hay metida en esta situación, hay actores y famosos de la televisión.

¿Te vinculaste directamente con las drogas o cuál fue tu función?
Directamente no me vinculé porque o sino no estaría acá. Pero estuve en ese mundo, participé y me hice conocido y respetado. En esa época trabajaba más de 18 horas y al salir iba con los muchachos. Tenía donde dormir, bañarme y comer. No aparecía por casa por varios días. Hice bien o mal, ese es mi problema y nadie me puede venir a decir algo o reprocharme, porque desde chico salí a la calle y mis padres no me alertaron de nada.

¿Fue tu decisión o llamarías cosas del destino?
Diría que Dios me puso a prueba, se metió en el camino conocer ese mundo y por cosas del destino conocía personas que no debía conocer, cosas menos pensadas para hacer y ves cosas que al ser joven te intriga saber qué cosa es. Es como quien dice "no hay que caer en la tentación", y en realidad caí por voluntad propia.

Con la despenalización de las drogas ¿qué opinas al respecto?
Sería un grave error despenalizar el consumo de drogas. Hoy detienen a dos chicos por una bolsita de madrugada hay que ver qué pasa cuando se aplique la nueva ley. Temo que en menos de 10 años se libre acá en el país una guerra narco como ocurre en México".

Con lo vivido y ahora en esta etapa de tu vida, ¿qué le depara el futuro a Javier Sosa?
Poner una panadería en el frente de mi casa. Eso estoy haciendo ahora, ya hice las paredes y techo. Falta acondicionar adentro. Hice un gran sacrificio y espero que me vaya bien. Volver a trabajar en una playa de estacionamiento que empiezo en el mes de junio porque me ofrecieron hace poco y espero que sea mejor del lugar donde estuve por más de 12 años.

Confesión en familia
Javier está casado hace 25 años con Sandra y es padre de familia tiene 5 hijos, dos muy pequeños, y con franqueza y voz casi entrecortada dijo que "dejé todo por mis hijos, que futuro le puedo dar a ellos. Gracias a Dios mi familia me ayudó a salir de esto. Era una fortuna lo que se maneja con la droga. En mi trabajo -en aquella época- mi sueldo era unos 2 mil pesos, en una noche se puede hacer 5 mil pesos en venta de "merca".
Hoy la vida de Javier es otra, con muchos proyectos para el futuro. "Lo que estoy haciendo no es para mí, yo en mi vida fue todo, trabajé de todo, esto lo que queda es para mis hijos, ellos saben que el día de mañana todo lo que tengo y lo que construyo son para ellos. Existe un concepto erróneo en la sociedad: "todos me preguntan que hacemos papá cuando vos no estás y no es así, es al revés: qué hago yo sin ellos".
"Un día llegué a casa muy mal y me fui derecho al baño. Mi mujer me dijo si perdí la cabeza y sé lo que estás haciendo, pero quiero escuchar de tu propia boca. Le conté lo que me pasaba y me dijo que te vamos a ayudar, porque somos familia. Entonces me abrazó y le dije que quería contarle a mi hija mayor, quien también me escuchó y me entendió. Se que lo que hice está mal y fue muy duro contar a viva voz a mis familiares". Javier contó que "prometí a mi familia que iba a cambiar y hacer las cosas bien, pero  siempre tuve muy en claro lo que hacía, como hice cosas bien también hice mal".

Infancia madura
"Javi" es uno de los 10 hermanos que forman parte de una numerosa familia gestada en José C. Paz, provincia de Buenos Aires. Pedro, Hilda, Rosendo, Ana, Angélica, Javier, Pamela, Mariana, María y Pablo. "Hay una diferencia entre hermanos. Lo divido en dos partes: los cinco primeros fuimos los que por decir no tuvimos infancia, crecimos de golpe y en la calle trabajando de cualquier cosa, el resto no sufrió tanto, no tuvieron esa necesidad de salir a buscar el pan de cada día", aseveró Javier aludiendo luego que "en esos momentos no pensás en nada más que buscar dinero para solventar gastos de una numerosa familia. Lamentablemente cuando sos joven crees que tenés la mentalidad de un adulto, pero no es así.
"Iba a la escuela, pero no tenía vacaciones ya que en esos días libres trabajaba y andaba por la calle. Vos te mandas de una sin medir las consecuencias y corres todos los riesgos, más a la noche tenés ese miedo de que te maten".
Javier trabajó en todas partes, en todas las ramas y profesiones y siempre de acuerdo a las necesidades. Es panadero y repostero con título oficial, y por años trabajó con su hermana menor e íntimo amigo en una panadería. "Ese trabajo fue sensacional. Hicimos una sociedad con ella y su marido. Eran días y días lo que me pasaba amasando, elaborando, formando y cocinando. Tres días sin ir a mi casa a ver a mis hijos. Esos años fueron muy sacrificados. Trabajaba de noche y para las 8 el mostrador ya estaba vacío. Los problemas que tuve con mi cuñado fue por lo económico. Me pagaba poco y era un tremendo trabajo, me iba y me enojaba. Al rato llegaba a casa mi hermana primero para disculparse y luego para que vuelva", contó emocionado Javier.
Por uno y otra caso dejó de trabajar en la panadería y empezó otro oficio. "Entré al Ejército, estuve pocos meses, luego fui camionero, albañil y todo trabajo que me ofrecía y que rentablemente me convenía agarraba. Así me conocí varias ciudades del país".
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