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24-06-2012 04:00hs
POR CARLOS GELMI
Los camiones y las cacerolas
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Este dibujo de Chaque (a) Mario Mauriño, se publicó en 2002. Hoy, a un año e su muerte, lo reiteramos como ratificación de la vigencia de su prédica. Lo que hoy nosotros llamamos tímidamente “bronca”, él denomina con toda su fuerza “cólera”. Tiene razón, maestro y amigo.
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Las lealtades, de ayer a hoy. Con esta imagen ilustró el diario Perfil la tapa de su suplemento “Domingo” del 20 de enero del año pasado. Hugo Moyano, Néstor Kirchner y Cristina Fernánez de Kirchner, personificando el poder absoluto. Las luchas internas y la conversión del justicialismo en kirchnerismo y en cristinismo después, mellaron aquella sólida relación, hoy en profunda crisis. Entre el paro de camioneros de la semana anterior y el anunciado paro nacional del miércoles venidero, Cristina librará una batalla clave contra el líder cegetista, quien no oculta sus ambiciones presidencialistas.
CLIMA DE TENSION
Estamos en la antesala de terapia intensiva. Tras una semana tensa, con los nervios crispados, casi paralizados -vaya paradoja-, ante un país que marchaba aceleradamente hacia la inamovilidad total, estamos tratando de disimular nuestra aparente indiferencia ante lo que puede pasar de aquí al miércoles: ¿se hará el paro nacional anunciado por la CGT moyanista, como corolario de la demostración de fuerza de los camioneros de la semana que concluye? ¿Reverá el Gobierno su postura de no criminalizar las protestas y permitirá que sus aliados hasta ayer copen las calles y plazas con sus reclamos cada vez más fuertes, mucho más que las cacerolas, en su origen y sentido? ¿Unificará su discurso ordenando callar a sus comedidos voceros, expertos en oscurecer todo cuanto pretenden aclarar?
El panorama de por sí es grave y confuso,  y peligrosamente transita por los resbaladizos senderos de la desesperación, del sálvese quien pueda, pues algunos protagonistas en vez de ocuparse de apagar el fuego que se propaga hoy, están preocupados vislumbrando sus posibilidades electorales próximas, alentando la discordia, el enfrentamiento y hasta la ruptura.
Una vez más se está demostrando que en materia política, las lealtades son efímeras. Aliados inseparables de ayer, son enemigos irreconciliables de hoy, y ellos mismos lo reconocen y lo explican sin sonrojarse. Por el gran escenario que las “fotitos” guardan para siempre en el archivo de la historia, es increíble la cantidad de personajes que pasan volando como marionetas en la pantalla de la TV.
Pasan, no se despiden, y sonrientes se van, pero la crisis queda. Por ahora, superado el camionazo, esperando el parate del  miércoles.
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El Gobierno sabe todo esto; no sólo tiene que cuidar cada paso que da y cada palabra que dice su tropa, sino que también tiene bien en claro quién es Hugo Moyano, amigo y/o adversario, según las circunstancias. CFK sabe que el belicoso camionero y su plana mayor incondicional (son todos sus familiares) ha fortalecido su liderazgo ampliando el reclamo que fundamenta el paro. No pide “algo” para los camioneros (eso ya lo logró), sino que pide todo para todos. ¿Quién puede estar en contra de una declaración de guerra contra la inflación y una reducción del impuesto a las ganancias? La clase media, los camioneros y las cacerolas están conformando inspirados en su bronca común, un frente temible, donde la figura de Moyano adquiere perfiles muy diferentes a lo que mostró hasta ahora: autoritario, ostentoso de su poder y su cercanía del poder y del favor presidencial; líder de los camioneros; siempre primero yo...
Hoy abre el abanico. Todos para todos. ¿Empezó la campaña de su lanzamiento como candidato presidencial?
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El único ausente en este remolino de reclamos y bronca, es el diálogo, al que todos mencionan e invocan como tabla de salvación, para también todos, al momento de echar las cartas sobre la mesa, eluden con cualquier artimaña
Las redes sociales, los “dicen que”, disparatados encontronazos por cualquier medio menos los correspondientes, los chismes que encaraman a los correveidiles de turno, los mensajes anónimos, las fotos de un asado o de un partido de fútbol, están  a la orden del día para convertir el espectro político nacional en una burda tribuna futbolera, de esas que en vez de alentar a sus jugadores, matan a sus adversarios.
Cuando el viento es muy fuerte, lo sensato es abrir puertas y ventanas (diálogo). De esa manera la bronca pasa de largo.
Sin el diálogo de la sensatez seguiremos en la misma.
 Hoy estamos envueltos en la polémica. Mañana, a las trompadas.
¿Cuántas veces dijimos lo mismo?
Ojalá esta sea la última.
¿Lo dejamos ahí?
contacto@carlosgelmi.com.ar
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