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01-07-2012 04:00hs
POR CARLOS GELMI
Las crisis se propagan y los fantasmas se divierten
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Somos adictos a los conflictos. A los problemas internos, ahora se suman los internacionales. El diálogo sigue ausente y los personajes desfilan por el escenario nacional. Como ocurre en cada crisis, se agitan los fantasmas de las malas intenciones contra las instituciones como recurso para desacreditar al adversario.
¿CUANDO CESARAN LOS CONFLICTOS?

Siempre hablamos de la “nueva crisis”  del estallido de “otro conflicto”, cuando en realidad, siempre son los mismos con los cuales hemos aprendido a convivir, disimulados en tiempos de falsas bonanzas como por arte de magia, creando un país de maravillas que se derrumban al primer embate de la realidad.
Por si fueran pocas las pulgas que no nos dejan tranquilos, ahora estamos siendo asediados por otras picazones que nos desvelan: el debate que no se da en la ONU en torno de Malvinas; la situación institucional en Paraguay: los permanentes encontronazos con Brasil por razones comerciales: la provisión de gas desde Bolivia y la estabilidad del gobierno de Evo Morales; las expectativas venezolanas por la salud del pintoresco Hugo Chávez, etc.; todos fantasmas que andan sueltos y se agitan en una ronda atemorizante sobre los regímenes democráticos de América.
Allí, en medio de ese círculo de problemas, nuestro país tiene sus propios problemas, que son muchos y profundos y que paradójicamente, no se agravan por efectos de juegos opositores, sino por internismos oportunistas y conveniencias personales, que se acomodan sigilosamente de vereda a vereda según las circunstancias de cada momento.
Los enfrentamientos públicos (¿cómo serán los privados?) tienen dos curiosos contendientes, donde el Gobierno enfrenta a lo que debería ser una oposición clásica, nada menos que a sectores de su propio movimiento, la columna vertebral que sostuvo y sostiene el gobierno kirchnerista. El ejemplo más notorio está dado por la despiadada guerra entre el Estado nacional (mientras Cristina sonríe y sus  funcionarios ladran) y el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli a quien se “acorraló” financieramente obligándolo a pedir “agua” para pagar sueldos.
Hoy, Scioli es mala palabra. Hasta hace muy poco, era uno de los niños mimados del K. ¿Su pecado?
Haberse declarado con pretensiones a ser el próximo presidente.
Así, en el escenario nacional se van limpiando los caminos hacia las próximas elecciones. Larga sería la lista de personajes que pasaron raudamente por él, y también raudamente, han desaparecido, o están en vías de extinción. ¿Dónde está, por ejemplo, el vicepresidente, el siempre sonriente Amado Boudou, asediado por gravísimas denuncias? ¡Qué poco se ve a Aníbal Fernández después de su blooper con el dólar, ahora ocupado con el triunfo de Quilmes!
El fútbol, a falta de otro mérito, también da sus réditos. Si no que lo diga Sergio Massa, el ex jefe de Gabinete, intendente de Tigre, que casi gana el torneo de la AFA, mientras  muestra eufórico las bellezas de su ciudadpaseo a través de la TV. Sergio, dale! ... En esta ligera enumeración hay que rescatar también la figura del canciller Héctor Timerman, quien, tras deslucidas actuaciones internacionales (Angola, por ejemplo), quiso resurgir en el ruedo político y no hizo otra cosa más que embarrar su cuestionada figura: al  referirse a los conflictos sindicales habló de supuestas intenciones golpistas contra CFK.
¿Será “un golpe suave”, como dice la jefa de Estado?
Tan carente de sustento es esta afirmación que hasta el ex vicepresidente, Julio C. Cobos, las tomó en sorna.
***
Somos incorregibles. En vez de afligirnos por las cosas que están pasando, miramos hacia el costado y colocamos al tope de la agenda de nuestras expectativas, los resultados del fútbol o el final del romance de la botinera. Seguimos reclamando diálogo pero nadie dialoga. En vez de hablar gritamos.
Criticamos todo, pero ¿qué hemos hecho en estos últimos tiempos, sino esperar sentados que nos paguen el aguinaldo aunque sea en cuotas, como en Buenos Aires? Ya llegan las vacaciones de invierno y allí sí tendremos tiempo para organizar nuevos paros...
¿Qué hacen los partidos políticos, si es que existen? Se pelean por lejanas candidaturas. ¿Qué pasa con los restos del Partido Liberal, pugnando unos por su independencia, otros por seguir asociados en ECO con los radicales y otros, coqueteando con el cristinismo? ¿O no es así?
Como dicen sus dirigentes al enfrentar cotidianamente los micrófonos: “No hay ruptura, todo está muy claro”.
Es cierto, todo está tranquilo y claro. Pero ¿quién apagó la luz?
 Los únicos que no se quedan quietos son los fantasmas. Ellos, por lo menos, se divierten a costa de nuestra apatía. Cuando más oscuro, mejor.

contacto@carlosgelmi.com.ar
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