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07-07-2012 04:00hs
POR MONI MUNILLA
Liborio y el caballito Pirata: pintoresca postal en Itatí
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FOTOGRAFO. Liborio Saucedo junto al pequeño pony, que tiene 5 años y es muy dócil con los niños.
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Hace 50 años que este señor, hijo de padres paraguayos, nacido y criado en Itatí, trabaja como fotógrafo a las puertas de la Basílica. Aprendió el oficio con Pedro Amarilla, el hijo de ese “Nati campanero” al que dedicó sus versos Cacho González Vedoya.

Liborio Saucedo tiene 69 años y desde los 17 saca fotos. Pero dónde, cómo y con quién, es la cuestión de esta historia tan pintoresca como el pequeño caballito pony  de nombre Pirata, que está a su lado y pareciera asentir con suaves movimientos de cabeza, todo cuanto dice su dueño.
Me encontré con ambos en su habitual lugar de trabajo, nada menos que la explanada de la Basílica de la Virgen de Itatí. Allí están todos los días desde muy temprano y hasta el atardecer, ofreciendo a potenciales clientes el recuerdo de una foto a color que Liborio toma en el momento con su cámara digital y que revela de manera instantánea por la módica suma de 30 pesos y el combo de 50 pesos por dos fotos.
"Papá trabajó en la construcción de esta iglesia, junto con los arquitectos Bergamini y Azzano. El era albañil nomás, no tenía estudio, estuvo cuatro años arriba (dice señalando la cúpula) y después bajó para continuar en otras tareas. Con ese trabajo mantuvo la familia, a mamá y a nosotros, sus ocho hijos. Me llamo Liborio, que es nombre de almanaque, nací el 23 de julio, antes se usaba", sonríe.
"En aquel entonces no había otra escuela más que la parroquial, todos los ricos eran maestros, los Gervasoni, los Niella, los Bonastre, los Vedoya", cuenta con los dedos de una mano y con la otra muestra las esquinas donde originariamente vivían las familias que menciona. Es domingo en Itatí y el pueblo estalla de promeseros en un día a pleno sol. A las puertas de la imponente Basílica, muchos caballitos como Pirata lucen sus aperos festivos tentando la preferencia de las visitas.
"Yo hice hasta sexto grado y me puse a trabajar en esto", continúa Liborio. "Andaba por acá mirando, cuando me paró Pedro Amarilla y se ofreció a enseñarme. Su padre fue aquel famoso campanero al que Cacho González Vedoya y Pocho Roch le escribieron una canción", menciona con orgullo. "Nati repicaba esas campanas como para bailar", agrega.
Fotos en blanco y negro con la "cámara de tres patas",  después las Polaroid en distintas versiones, Kodak, Fuji y ahora la Sony impresora. Así fue evolucionando el negocio andante de Liborio. "Antes me cansaba de sacar fotos, todo el proceso se hacía dentro de la cámara, fuera de temporada la plaza daba para 15, 16 fotógrafos, pero cuando el mes de julio se acercaba, el número se incrementaba a más de 100, venía gente de Luján y muchos gitanos", palabra que usa para referirse a los foráneos.
"Siempre viví de esto y viví bien. Conocí a muchos famosos, Carlos Monzón, Leo Dan que vino cuando estaba en el pico de su popularidad, de lejos nomás vi al presidente Raúl Alfonsín, se quedó mucho tiempo saludando a la gente, fue el único en tantos años, yo no pude acercarme porque cuando la plaza se llena de peregrinos vamos para la otra punta. Toda celebración en honor a la Virgen me sigue emocionando, más que nada las procesiones, la gente mezquina su fe”, asegura.
"Pirata vive en casa, tiene su propia habitación con dos ventanales y luz. Mi esposa Ramona lo cuida como si fuera un hijo. Come alimento balanceado y algo de alfalfa dos veces por día. Le encanta comer zanahorias, eso le refresca el estómago. Después pastea nomás, por consejo del veterinario. Es muy manso, se lo compré a unas cordobesas hace dos años, pagué 7.500 pesos. Tiene 5 años, es muy cariñoso con los chicos, por eso dejo que lo acaricien y que se saquen fotos con sus propias cámaras para llevar de recuerdo. ¡Por eso no puedo pedir plata, si es afecto que le dan a Pirata! El pueblo creció mucho en medio siglo, pero las tradiciones se mantienen, como esta de tomarse una fotografía con el fondo de la Basílica, incluso todavía existen cámaras de cajón y la gente pide su foto en blanco y negro".
La sombra que da la iglesia al atardecer, es la preferida de la multitud para acercarse con sillas y mantas bien cerquita de la Virgen Morena. A esa hora, Liborio, Ramona y Pirata, se van a descansar. Ramona acomoda las riendas sobre el lomo del caballito y lo llama "¡Vamos Pirata!" y el noble animal los sigue a paso corto, bajando la callecita hacia el río.
Cuando se alejan, recuerdo este bello fragmento:  "Parece, Platero, mientras suena el Angelus, que esta vida nuestra pierde su fuerza cotidiana, y que otra fuerza de adentro,más altiva, más constante y más pura, hace que todo, como ensurtidores de gracia, suba a las estrellas, que se encienden ya entre las rosas... Más rosas... Tus ojos, que tú no ves, Platero,y que alzas mansamente al cielo, son dos bellas rosas". (Del libro "Platero y yo", de Juan Ramón Jiménez).


mmunilla@ellitoral.com.ar
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