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28-07-2012 04:00hs
POR ROBERTO CAPARA
Guerrero y el valor del oro olímpico
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Camau Espínola en la pantalla olímpica
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Básicamente en tiempos de Juegos Olímpicos surgen nombres de otroras glorias, quienes lograron colgarse medallas doradas. Entre las figuras, dos remeros, Eduardo Guerrero y Tranquilo Capozzo que en 1952, en Helsinski, Finlandia, ganaron una carrera memorable.
Ese triunfo tuvo otras connotaciones, hasta de política internacional, pero también exhibió uno de los males que aquejó a nuestro deporte. Hoy, tal vez lo padezca aunque aparentemente en menor medida.
Guerrero recordó recientemente lo que fue la aventura desde el doble par de madera que se les rompió y la ausencia del presidente de la delegación, “quien nunca estuvo en la villa olímpica pero sí donde había whisky”.
“Tuve que hacer de todo además de remar” (era el stroker). Fui hasta el carpintero porque el bote llegó roto y teníamos sólo dos remos cada uno. Por suerte, conseguí al carpintero de la delegación soviética”, recordó hoy, a los 80 años.
Quien hace exactamente diez pasó remando por aquí desde Iguazú con destino a Olivos en un par simple, para despuntar el vicio y bregar por la ecología e incluyó su paso por El Litoral, evocó que la final la ganaron por 6 segundos y medio. “A los mil metros ya llevábamos un bote y una luz de diferencia y lo mantuvimos”, señaló el remero del Canottieri Italiani, como su coequiper, fallecido hace algunos años, norteamericano de nacimiento y mayor que él.
“Ibamos a 28 remadas por segundo y los otros a 32, así que fíjense nuestro impulso”.
“¿A quién le ganamos? A los rusos. Eso nos valió que el presidente de Finlandia nos entregue las medallas y nos lleven en an-das. Fue porqué ese país sufrió una matanza de hombres durante una guerra con los rusos”, recordó.
Después el remo se acercó a la dorada con Alberto Demiddi y Ricardo Daniel Ibarra, ambos fallecidos y de notable trayectoria deportiva.
Por otra parte, Guerrero quien también jugó y entrenó rugby, es una muestra total del espíritu. Pero además nos recuerda de los desperdicios que habrá habido, como aquella vez en Alemania cuando el boxeador Cuello llegó tarde y tenía chance de ganar la máxima presea como lo hizo “Pascualito” Pérez.
La falta de dedicación y responsabilidad hicieron que en nuestro país se pierdan ya no medallas, sino exitosos y sanos deportistas.
El valor de ese binomio permitió la obtención de aquellas medallas unas de las pocas obtenidas. Hoy, el no haber ganado más pasa a un segundo plano. Valdrá sí que no se desaprovechen oportunidades por culpa de directivos inescrupulosos y que no siempre se dependa de algo vital como lo es la entrega y el corazón del deportista.

ROBERTO CAPARA
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