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04-08-2012 04:00hs
POR MONI MUNILLA
Carlos Díaz Calvi: el deseo de volver a la patria correntina
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FAMILIA. Primero viajó Carlos. Una vez finalizados sus estudios, lo hizo Cielo. Allí nació Bella Nicoletta, que tiene 10 meses.
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Tiene 39 años, trabaja y vive en Bussum, Holanda, junto a su esposa Cielo Spilere y a su hija Bella Nicoletta.
“La oportunidad de trabajo me dejó acá. Algún día todo esto será parte de un sueño que vivimos juntos”, promete a los que ama.

Ella lo equilibra todo, es mi cable a tierra cuando soy desmedido en la ambición, y es mi más ferviente impulso cuando soy demasiado moderado. Es lo que siempre me faltó para progresar como persona y ansío poder ser para ella la mitad de lo que significa para mí”, dice Carlos Díaz Calvi al hablar de Cielo Spilere, la mujer que una vez obtuvo su título de abogada, armó las valijas y se instaló a su lado en un pueblito de Holanda, llamado Bussum. Allí trabaja Carlos y allí nació su hija, Bella Nicoletta, que sonríe para las fotos, mostrando sus primeros dientes.
“Llevo 12 años fuera de Ar-gentina (con un impasse de un año y pico que volví a Corrien-tes, 2004-2005). Cuatro años en Irlanda, 4 en España y ahora 4 en Holanda. Desde 2007 trabajo para una empresa llamada Ava-nade (que es parte de Microsoft y de Accenture) y como parte de su personal, he progresado has-ta dirigir 30 programadores en la India y algunos en Europa. Y por eso también he sido trasladado a Holanda, donde me asignaron a una de las petroleras más grandes del mundo, a cargo de los Procesos Automáticos de Negocio (BPM).
Todo indica que continuaré mi carrera en Houston, Texas (la capital de la energía y el petróleo) a partir de fin de año, aunque todavía falta un poco para confirmarlo”, cuenta haciendo un breve repaso por su vida, que comenzó en Corrientes; acá hizo sus estudios primarios en el Colegio Salesiano, los secundarios en el Pío XI y a mitad de carrera en la Universidad Nacional del Nordeste, sin alcanzar el título de Ingeniero en Sistemas, partió tentado por un buen trabajo “que me dará experiencia, porque pienso en volver a mi país”, agrega.
“Bussum queda cerca de Amsterdam, es un pueblo muy tranquilo y seguro como todo el país. El clima es malo en general, llueve mucho y se extrañan los días despejados, pero se soporta. Se extraña a la familia y a los amigos, mi patria será siempre donde estén ellos. He aprendido a desconfiar de banderas y gritos patrióticos. Los holandeses son muy correctos, educados y no rompen una regla jamás, ni las discuten, uno se acostumbra al orden, todo lo que depende de los holandeses funciona a la perfección. Trabajo desde casa, 3, 4 días a la semana, voy a la oficina uno o dos. No hay susceptibilidades. Al holandés no se le ocurre que uno pueda quedarse en casa a dormir o que trabaje menos, por el contrario, uno se siente obligado a no traicionar esa muestra de confianza.
El manejo del idioma es mi materia pendiente. Si bien el 80% habla inglés, no te integrás hasta aprender el neerlandés”.
“Los holandeses son fríos a primera vista, aunque en realidad, como la cebolla, quizás tienen más capas que los latinos, entonces cuesta entrar en lo que verdaderamente sienten o piensan, ya que son muy profesionales y terriblemente respetuosos de los demás, de la privacidad y los tiempos”.
“A la princesa Máxima (Zorreguieta) la vi a cierta distancia, durante un acto. Su labor es impecable, la quieren mucho y por ende a los argentinos en general. Ella se ha adaptado bien y aunque tenga mis reservas sobre la monarquía, no puedo más que reconocer la buena imagen que tiene y que deja de nosotros”.
Carlos y Cielo viven en un lu-gar muy cálido, al que van llegando los amigos para compartir reuniones sociales. Claro que no falta un trozo de carne a la parrilla para convocar al re-cuerdo.
“Acá se desayuna y almuerza muy liviano, el plato fuerte es la cena a las 5 ó 6 de la tarde. Nos costó habituarnos a los horarios y a la comida, recién ahora disfrutamos de la variedad, mucho pescado de mar, calamares y almejas que se consiguen a buen precio”. El oficio de escritor le hizo escribir a Carlos diez novelas, de las cuales ocho han sido publicadas. “Santiago” llegó al mercado español y “La mirada de Medusa” (de ficción, sobre la Guerra de la Triple Alianza), es una de sus favoritas. “Puede irme mejor o peor en mi carrera profesional, pero la única actividad que me llena es investigar para mis novelas, y luego escribirlas”, revela. “Para la nota, por mí es importante que quede claro la enorme mujer que tengo al lado (en serio, increíble guerrera), y la felicidad que me da escribir”.
“Con Cielo queremos que Nicoletta crezca en la Argentina. Acá hemos hecho grandes amigos, incluso correntinos, sabemos que siempre estarán cerca nuestro, como ahora están las personas que queremos en Corrientes. No es fácil armar las valijas para partir, pero al cerrarlas pensamos que un día se abrirán definitivamente en casa. Y todo esto será parte de un sueño que vivimos juntos”.


mmunilla@ellitoral.com.ar

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