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17-08-2012 04:00hs
ENTREVISTA CON JACOBO RAUSKIN
“Sigo identificado con el hombre que robó un pedazo de pan y fue preso”
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REENCUENTRO. Ramón Blanco, presidente de Sade Paso de los Libres, Jacobo Rauskin y José Gabriel  Ceballos.
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El poeta paraguayo Jacobo Rauskin dio un recital de poesía con referencias de su vida, que en breve lapso, tiene reminiscencias correntinas. “Acá viví en el ‘58 y no vuelvo desde entonces”, dijo.

El reencuentro fue de nostalgia y con amigos para el poeta paraguayo Jacobo Rauskin, invitado a la II Feria del Libro y VII del Mercosur para dialogar a través de su poesía, acompañado por el escritor Ramón Alfredo Blanco, presidente de la Sade Paso de los Libres.
Pasado el mediodía del jueves, ingresó al predio ferial y de los saludos pasó a la sorpresa, cuando estrechó en un abrazo al escritor José Gabriel Ceballos que sin buscarlo, se lo cruzó luego de 20 años. Lo que tuvieron por contar, se hizo a cielo abierto, remitiendo la charla a los nombres que en común distinguieron con el sello de la amistad.
Rauskin, nacido en Villarrica, Paraguay, hace 70 años, es Premio Nacional de Literatura (2007) en su país, entre otros importantes reconocimientos que lo posicionan, como bien dijo Ramón Blanco, en el poeta vivo más destacado del Paraguay, comparada su poética con la del uruguayo Mario Benedetti. Una poesía con “lenguaje poético coloquial y contestatario, que demuestra algunas preocupaciones de Jacobo, con fina ironía”.
Entre lo furtivo del tiempo pasado y la charla por ofrecer al público, Rauskin habló con El Litoral, seducido por el encantamiento lógico de volver y encontrar a Corrientes con grandes cambios, aunque conservando las aceras esenciales: aquellas que llevan a la costanera y su río.
“Estoy escribiendo un libro sobre los escritores de nuestra generación, la del ‘60 en América Latina”, anunció, libro que se sumará a los más de 20 ya editados.

-¿Y cuáles son esos escritores?
-En Argentina, Santiago Sylvester, en Uruguay, Washington Benavides, en Perú, Arturo Corcuera y Carlos Germán Belli, de Paraguay quiero recordar a Víctor Casartelli y de Brasil, bueno, los poetas del ‘60 no los conozco, los que sí, son ya mayores.
-¿Y qué tiene de particular esta época en la poética?
-Primero, que se consolida en América Latina el alejamiento de la retórica nerudiana, felizmente incluso para la gran poesía de Neruda. Se consolida la decisión de bajar los decibeles, de eliminar el ruido de la estática en la literatura que procedía de la literatura grandilocuente anterior.
Luego la revolución cubana, que despierta la simpatía de todo el mundo y la crítica nuestra. Es el tiempo de escribir una poesía que no sea epigórica ni de la vanguardia ni del neoclasicismo que se impuso en España”, contesta.
En el año 1958, Rauskin vivió en Corrientes junto con su familia. “Hice un curso en el Colegio San Martín, el bachillerato de entonces, no pude concluir, tuve que volver a dar varios exámenes, en realidad me dediqué a tener mis primeras grandes pasiones”, cuenta y la referencia es hacia el amor, con la adolescencia a flor de piel.
“Folguerá (Juan José) era un gran amigo y más amigo en los últimos 50 años, nos veíamos cada vez que podíamos, sobre todo en el último tiempo, cuando él ya había vuelto de España”.
“Cuando vuelvo a publicar algo en Buenos Aires, en los ‘90, que paso de una lista negra a otra lista negra (dice sin mencionar la palabra exilio), un poeta editor que ya falleció, José Luis Mangieri, me invita a la Feria del Libro que entonces se hacía en Plaza Francia, me presenta como el único poeta paraguayo que nos perdonó la guerra de la Triple Alianza, etc., etc., y entré de nuevo al círculo de Buenos Aires. En la platea, ahí, estaba Folguerá. Había leído en el diario y fue a verme. Nos cruzamos al bar La Biela y quedamos hablando hasta las 6 de la mañana. Retomamos así una larga ausencia en el camino de la amistad”.
“Nunca más volví a Corrientes. No seré Vinicius pero pongo distancia”, dice sin cuestionar los motivos que lo alejaron de esta ciudad que no dudó en recibirlo con su primavera a cuestas.
“Encontré muy cambiada ya la ciudad, para bien, porque conserva todavía su andar lento. Vine caminando desde el puerto hasta acá y esto es una maravilla”, y muestra el río.
Jacobo Rauskin es director de la Biblioteca Municipal “Augusto Roa Bastos”, de la ciudad de Asunción del Paraguay. “Ingresé a la Municipalidad ya con la caída de la dictadura, porque en 35 años no podía ingresar, ni siquiera enseñar. Podía en la Universidad Católica que en esa época era la resistencia, estaba la Iglesia del Tercer Mundo. Paraguay no era un país fácil, Argentina tampoco, pero fue más corto acá.
-¿Y ahora, cómo ve al Paraguay?
-¿Con respecto a Stroessner? No, mucho más fácil, ni hablar.
-¿Y como tomó la caída del presidente Lugo?
-La gente cree que el ex presidente Lugo era un hombre de izquierda y se equivoca. El mismo lo declaró mil veces. El era el socio de aquellos que lo echaron. Estaba con ellos, se asoció con ellos y según los liberales, faltó a su promesa y yo creo que faltó a su promesa. En realidad el Paraguay en vez de tener un sistema presidencial tendría que tener un sistema parlamentario. Y él se metió a hacer una alianza con el partido liberal, el partido liberal lo apoyó, él dejó de apoyar al partido liberal y el partido liberal lo echó. Es una historia vieja, como dice el poema, al que le pasa se le rompe el corazón.

Balada entre un idilio y una queja
La sesión de poesía de Jacobo Rauskin, se hizo luego del “pase de sala” con el embajador del Ecuador, Wellington Sandoval Córdova. “Comencé a escribir ejercicios de niño, luego que mi madre me acercara libros como el Martín Fierro, Rubén Darío, me fascinaban las palabras. El misterio de la poesía no necesita ser custodiado porque se cuida solo, está fuera del alcance.
Las palabras responden a un profundo contenido social siempre. Borges decía que los errores son los errores de los escritores y los méritos, son los méritos del idioma. Si algún brillo existe, es el brillo que da la lengua”. “Tengo como norte en mi escritura, decir que no sé cuál es el norte, pero espero que al cabo de un tiempo, yo me reconozca en lo que estoy escribiendo”.
“Mi abuelo me puso un libro de Víctor Hugo en las manos, antes leía cualquier macana. Hasta que me encontré con “Los miserables” en dos tomos y esa seriedad cambió mi vida. Me identifiqué absolutamente con el personaje de Jean Valjean y aún hoy, sigo identificado con el hombre que robó un pedazo de pan y fue preso. Algunos poemas míos de amor, tienen la huella de Víctor Hugo”.
De su producción recitó Poema de amor, Ella, Preludio, Para nombrarte, Canción para recordarte, El torbellino, todos del libro “La nave”. “Y para qué aclarar un pensamiento/ si hoy es superfluo hablar de claridades”, dice en la poesía Calentamiento global, del libro “Estrella estremecida”, que obsequia.
Moni Munilla
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        ROBERTO CAPARA
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