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15-09-2012 04:00hs
POR MONI MUNILLA
Adita Thouet: “Mi esencia es ser maestra”
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AÑORANZAS. “Las conductas se cambian con cariño y comunicación”, dice esta mujer que por 24 años estuvo al frente de un primer grado.
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A los 20 años estudiaba Abogacía y fue a cubrir una suplencia al Colegio Salesiano. “La nena va a dejar la facultad”, pronosticó su madre. Y fue así nomás. Adita estuvo 29 años al frente de un grado y 17 años como Directora. Por estos días, tramita su jubilación y recuerda.

A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar”. Y sí, aun los recuerdos, esos que atesora Ada Falcón de Thouet, Adita para sus amigos, la “seño” para los  chicos que al cruzarla por la calle, la saludan con el mismo cariño y respeto que supo granjearse al frente de un aula. Porque Adita fue, durante 29 años, maestra de grado en el Colegio Salesiano y de esos años, 24 los cumplió con los niños de primero, aquellos que llegaban con sus temores y ansiedades prendidos de la mano de papá y mamá, con la mochila que siempre parecía tan grande y esos cuadernos (el “gordo” y el de “tareas”) que resplandecían con un “muy bien 10 felicitado”.
Ahora que los trámites de jubilación se ponen en marcha, para esta señora de 67 años, esposa de Juan Enrique “Cacho” Thouet, mamá de cuatro hijos y abuela de nueve nietos, la distancia se acorta al mirar hacia atrás, porque todo pareciera estar allí nomás, en la Escuela Normal, donde hizo sus estudios, desde el Jardín de Infantes hasta obtener el título de Maestra.
“La Normal es la escuela de mis amores y de amores fui haciendo mi destino, sino ¿cómo se explica que haya terminado al frente de un aula, cuando iba por el segundo año de Abogacía?”, se pregunta. La respuesta es sencilla. “Papá era ex alumno salesiano y el sacerdote Luciano Cobos, le pide una mano para cumplir temporalmente con una licencia. En realidad, le pidió una hija y era yo”, sonríe.
“Mirá que la chica va a dejar la facultad si sigue yendo a la escuela, pronosticó mamá. El staff de sacerdotes, ocho o diez, me brindaron una contención tal, que no dudé en abandonar la carrera para volcarme de lleno a cumplir con el propósito de educar. Eramos dos maestras jovencitas, Alba Luciano (de Gálvez) y yo, que participábamos no sólo en la tarea de aula sino del grupo de exploradores ‘Aguaraí’ (zorros), así que la integración era total, con actividad campamentil en la quinta de los González, Santa Ana, San Cosme.
Cuando ingresé, la suplencia era para un 5° grado y me encantó la disciplina y la conducta para el estudio. ‘El primer día te toca la responsabilidad, confiamos en vos, el maestro salesiano no se sienta porque sentando no puede controlar lo que sucede al fondo del salón’, me encomendaron. Nunca voy a ser maestra, me propuse, esperando el final de ese reemplazo”.
“El colegio estaba en expansión y coincide este hecho con la visita del padre Bleckeer (Michel Pierre) a la Argentina, con el propósito de enseñar su método de lectoescritura en 15 días. Vino a Corrientes y un grupo de maestras con los alumnos, nos reuníamos con él en la Academia de Bellas Artes para dar los cursos. Eso fue determinante para dos nuevas actividades: la creación de un primer grado y mi decisión irrevocable de dejar Abogacía. De ahí en más, fui maestra, 29 años en el aula, 17 a cargo de la Dirección, para siempre en mi esencia”.
“La escuela primaria es formadora de hábitos y los maestros tenemos la responsabilidad de ocuparnos y preocuparnos por las necesidades de los chicos que están muy solos y muchas veces son rehénes de este tiempo que vivimos. Educar es cosa del corazón, las conductas se cambian con cariño y comunicación y los chicos reclaman la contención afectiva. Hay que saber escucharlos, dejarlos hablar. Vienen a la escuela con las manitos cargadas de ansiedad por lo que están a punto de descubrir; tienen con temores que son lógicos ante lo desconocido. El primer día del maestro, es de conquista, ese contacto con sus alumnos, los hace luego incondicionales”, agrega.
¿Quién no recuerda a la “seño” Adita? ¿Esa hada madrina que solucionada los “deslices” más avergonzantes para los pequeños, cuando el baño quedaba demasiado lejos de la urgencia?
“Yo les decía, conmigo nada de vergüenza, soy la mamá de la escuela y pueden buscarme cuando lo deseen, incluso si ya no soy su maestra”. La “seño” Adita, siempre tenía una muda de ropa interior y el episodio quedaba al resguardo de su confidencial respeto por la situación.
“La maestra tiene que estar preparada para alertar. Hay que acompañar a los padres, no prohibiendo ni pontificando cosas que no son. Por eso son importantes las reuniones de tutores, es un momento par conocer el ambiente, para saber cómo recepcionan los problemas de los chicos, cómo juegan, cómo aplican el vocabulario”.
“No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta que son amados”, decía San Juan Bosco.
Adita Thouet junta sus recuerdos en un portafolios donde caben todos los besos y abrazos de sus niños.

mmunilla@ellitoral.com.ar
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