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17-09-2012 04:00hs
POR TICKY GONZALEZ
Entre Pinocho y Santo Tomás de Aquino
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Las movilizaciones del jueves, según el Gobierno, fueron protagonizadas por “sectores minoritarios”. Otros reconocieron que fueron “importantes”. Algunos funcionarios kirchneristas minimizaron la contundencia de las manifestaciones. Organizan una marcha a la Plaza de Mayo para el 27 de octubre.
Ante la realidad y la contundencia de las masivas protestas del pasado jueves reflejadas por la televisión no oficialista, los intentos de minimizar los acontecimientos por parte del Gobierno y su cohorte de aduladores carecen de sustento, lo que no hace más que confirmar lo que se viene palpando desde hace tiempo: quien no comulga con la política de la actual administración nacional “no existe” y “hay que combatir”.
La reacción oficialista del día después resultó ser como el cuento de Pinocho el “hijo” del carpintero Geppetto, marioneta de madera al que la mentira le hace crecer la nariz, o lo que refiere la Biblia sobre Santo Tomás de Aquino, que se negaba a creer la resurrección de Jesús hasta no meter sus dedos en las heridas de los clavos en las manos del Redentor.
Los medios de comunicación que aún se animan a reflejar la verdad cada vez menos, por cierto dieron cuenta de las masivas columnas de manifestantes que confluyeron la noche del jueves en la Plaza de Mayo y en las principales ciudades del país, donde desplegaron cacerolazos con diferentes reclamos, en la protesta de mayor envergadura contra el Gobierno registrada desde el conflicto con el campo en 2008.
Manifestantes críticos de la administración kirchnerista, autoconvocados a través de las redes sociales, se movilizaron en repudio a una posible “reforma de la Constitución” que impulsa parte del kirchnerismo para habilitar un mandato más de la jefa de Estado, la “inseguridad”, la “falta de libertad de expresión”, el “mínimo no imponible” y el “cepo al dólar”.
“Nerviosa no me voy a poner ni me van a poner”, advirtió esa misma noche la presidenta Cristina Kirchner desde San Juan. Su reacción era lógica y más que aceptable.
Claro que se aguardaba una respuesta mucho más ácida de otros funcionarios allegados. Muchos, seguramente, esperaban que salieran a la palestra el cuestionado secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, o algún legislador “más papista que el Papa”.
Sin embargo, el que lo hizo fue el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, quien sostuvo que “no le preocupan” los cacerolazos y subrayó que fueron protagonizados por “sectores minoritarios” a los que “les importa más lo que ocurre en Miami que en San Juan”.
“Fue una marcha de los sectores minoritarios que históricamente, no de ahora, sino a lo largo de la Historia Argentina, se han opuesto una y otra vez a las políticas que este Gobierno viene llevando adelante”, enfatizó Abal Medina, ministro coordinador e integrante del núcleo más cercano a la Presidenta.
Abal Medina se convirtió en el primer funcionario del Gabinete en sentar postura oficial sobre las protestas, las que aseguró no tuvieron “espontaneidad”, tras advertir sobre la “incidencia” de algunos medios de comunicación.
El funcionario dijo que “no es casual que se haga (la protesta) al día siguiente de que la Presidenta anunciara la suba de las asignaciones”.
Abal Medina, asiduo usuario de las redes sociales, parece que no se enteró que la convocatoria a la protesta se venía haciendo desde hace más de una semana por Facebook, período en el que sí existían versiones de que era inminente el anuncio oficial de la suba de las asignaciones, pero no se hablaba de fecha alguna.
Lo cierto es que con su duro discurso, Abal Medina quebró el mensaje de otros dirigentes oficialistas como el senador Aníbal Fernández y el diputado bonaerense Fernando “Chino” Navarro, además de un grupo de gobernadores que habían expresado poco antes la necesidad de “tomar nota” de la manifestación.
Sí sorprendió lo expresado por el senador Fernández que parece que tomó un “baño de realismo” reconoció que la de este jueves fue una “manifestación importante”.
De manera similar se expresó un grupo de mandatarios provinciales cercanos a la Casa Rosada, entre ellos, el bonaerense Daniel Scioli, quien resaltó que “más allá de la cantidad, no hay que subestimar a nadie” y sostuvo que como gobernante “uno está atento ante todo tipo de expresión de reclamo”.
Otra que tomó un “baño de realismo” fue la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien aseguró que “la gente que fue a manifestarse a las plazas de todo el país no es enemiga del oficialismo” y luego evaluó que “hay que respetarlos”.
Como era de esperarse, agrupaciones kirchneristas comenzaron a convocar a una movilización a la Plaza de Mayo para el 27 de octubre próximo, al cumplirse dos años de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner.
La convocatoria, que ya circula por las redes sociales, aseguran, estaba prevista de antemano pero ahora actúa como una respuesta al multitudinario cacerolazo.
A través de Twitter y Facebook, agrupaciones oficialistas difundieron un afiche con los colores de la bandera nacional y la consigna: “Néstor vive en el pueblo y lo vamos a demostrar unidos y organizados”.
De concretarse esta movilización, ¿Abal Medina la calificará de “espontánea”?
Crease o no, más allá de la vereda en la que uno esté parado, la movilización fue un llamado de atención, por lo que es necesario escuchar los reclamos.
Lo heterodoxo de las manifestaciones, indudablemente, quedó patentizado en que se trató de un cuestionamiento hacia toda la dirigencia política.
Sería bueno que el oficialismo entienda que este tipo de acciones forma parte de la democracia, en la que cada uno puede expresarse como quiere.
Minimizar estos hechos asegurando que “no son representativos y que fueron protagonizados por un grupo muy urbano y concentrado que representa a un sector social muy especial de la Argentina”, como dijo el gobernador misionero Maurice Closs, es pecar de incrédulo y no aceptar la realidad.
Hasta el kirchnerismo correntino minimizó las movilizaciones. Por ejemplo, el intendente capitalino “Camau” Espínola señaló que “son un grupo de personas que no entiende lo que significa un país, una patria”.
Esperemos que lo del jueves sirva para bajar la confrontación y la crispación.
Basta ya de soberbia y autoritarismo. Basta ya de minimizar la realidad diciendo que los manifestantes fueron de la clase media alta, poseedora de vehículos de alta gama, y que “les importa más lo que ocurre en Miami”, como si ellos no fueran habitantes de este bendito país.
Pareciera ser que no entendieron que la gente descargó su bronca contra las actitudes del Gobierno.
La ausencia de incidentes en las manifestaciones es una muestra cabal de que la consigna no fue una expresión de odio. Por el contrario, fue un pedido de que se cambien cosas que no están funcionando. En definitiva: fue contra un estilo y un modo de gobernar.
Lo del jueves a la noche fue real y contundente. Está en el gobierno actual reconocer esta realidad o hacer lo que hace Pinocho o inclinarse por la incredulidad de Santo Tomás de Aquino.
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        ROBERTO CAPARA
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