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19-09-2012 04:00hs
POR CARLOS GELMI
Confesiones en el diván: ¿Cuántas veces fuimos esa noche al baño?
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Después que el chubasco pasa para cualquiera resulta fácil hablar con cierta precisión sobre la  velocidad del viento o la cantidad de agua caída. 
Antes de una pelea son muchas  y diferentes las opiniones sobre su resultado, pero ninguno  se privó de dar su sentencia tajante, contundente sobre la suerte que correría Maravilla Martínez ante el  campeón mundial el mexicano Julio C. Chávez, en la madrugada de un sábado-domingo cargado  de  disimulado suspenso, disfrazado de una anticipada euforia de una corona ya  ganada  en las siempre ansiosas expectativas deportivas frustradas en los último tiempos, salvo alguna solitaria medalla olímpica de nuestro Sebastián Crismanich.
¿Alguien dudaba del triunfo de Maravilla?. Por supuesto que no. Simplemente, por una cuestión de solidaridad emocional. Aunque nunca lo vimos pelear  y de Chávez sólo teníamos mentas a través de la leyenda del padre, apostábamos todo, con los ojos cerrados, por el compatriota
Esta vez acertamos, pero lo que pensamos y dijimos antes es muy distinto a lo que dijimos después.
Y lo que ocurrió en el medio -justo en el final fatídico de ese round décimo segundo- tendrá que ser analizado detenidamente, no desde el punto de vista deportivo porque eso ya lo dictaminó Maravilla, sino por el equilibrio emocional de cada argentino.
¿Qué nos pasó?
 Maravilla se las aguantó como un campeón. Nosotros fuimos varias veces al baño o nos hicimos encima sin darnos cuenta. Nos olvidamos de todo. Quedamos en silencio,  hasta que sonó el gong del final y el alma se nos volvió al cuerpo. 

***
Esta es otra historia, donde los protagonistas también somos nosotros. En la tarde noche del jueves 13, una manifestación de ciudadanos no identificados con ningún partido político, ganó las calles céntricas de Buenos Aires y de las principales ciudades del interior, para reclamar al gobierno temas que están en la preocupación de la generalidad de la población.
Concluida la jornada de protesta, se produjeron algunas repercusiones que aún continúan, las que deben ser motivos de preocupación, tanto como las motivaciones que llevaron a la gente a golpear de nuevo las cacerolas. Se restó importancia al número de manifestantes, con expresiones clasistas que provocaron disconformidad entre los propios críticos; se politizó los orígenes de la marcha según las conveniencias de su propia lupa, y se confesó total indiferencia (sin nervios) ante una expresión democrática que debe ser tenida muy en cuenta.
Lo llamativo es que muchos de los críticos que en un primer momento, en una reacción instintiva saltó a la palestra para “proteger” al gobierno, varió después el tono de sus aseveraciones. demostrando así que  había cundido la confusión.
Aquí, como en tantos otros temas, los argentinos, inventamos un nuevo motivo de discordia: discutir sobre las protestas y marchas y establecer una especie de raiting, como en la TV para ver a quién favorece el puntaje, sin intervención del Indec, no porque desconfiemos de este organismo, sino porque se enoja el FMI.
Lo más “prolijo” sería  que la Afip siguiera con sus encuestas  domiciliarias, y además de preguntarle a cada contribuyente qué diario lee, le pida su estimación sobre la cantidad de gente en cada acto.
Como se lo hicieron a Lanata en vivo y en directo...

***
En medio de esta mescolanza de calor y frío, chamamé y rock decidí buscar claridad en el diván de mi amigo, el remisero, que seguía haciendo sonar la bocina en honor de Maravilla. El vio una pelea de once rounds y medio. ¿La última parte?.Seguro que estaba en el baño. 
Ni  una palabra para el guapo rival que se aguantó el vendaval y casi nos derrumba el rancho. Nada. Todo era alegría. “¿Asustado yo?. Por favor, si venía cantada la cosa. Aunque la pelea durase una hora más, Maravilla iba a seguir pegando”...
- Perdoname. Yo no digo como Cristina “No estoy nervioso ni van a ponerme nervioso”. Yo confieso sinceramente cuando llegábamos  a la mitad y no se producía el KO, empecé a sentir miedito. Me divertía y me gustaba lo que hacía Maravilla...pero quería que se terminara la pelea y colocaran la corona a nuestro compatriota. El baño me quedaba cada vez más lejos...Después vino el relax. Pero se me fue el sueño.
(¿Por qué no siempre decimos la verdad?. ¿Por que antes somos y decimos una cosa y después, variamos todo?. No me gusta el boxeo. Pero esto fue una maravilla!...

contacto@carlosgelmi.com.ar
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