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23-09-2012 14:20hs
Salen a la luz conversaciones de John F. Kennedy en el despacho oval
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Al igual que Franklin D. Roosevelt o Richard Nixon, John F. Kennedy también grabó sus conversaciones en el despacho oval. El sistema lo desmanteló su entorno después del magnicidio de Dallas y registró unas 260 horas de grabaciones que permanecieron en manos de su familia hasta 1976. Su viuda donó entonces las cintas a los Archivos Nacionales y a principios de los años 80 las compró la biblioteca dedicada a su memoria, que los ha restaurado, transcrito y desclasificado en un proceso que ahora concluye después de dos décadas.
La biblioteca de John F. Kennedy publica ahora una selección de las grabaciones en un libro que incluye dos CD y que está acompañado por el prólogo de su hija Caroline y por las anotaciones del historiador Ted Widmer.

"Éstas son las memorias que Kennedy nunca llegó a escribir", explica Thomas Putnam, director de la biblioteca y albacea de la memoria del presidente.
Un líder enérgico y deslenguado

Las grabaciones son una ventana fascinante a los entresijos de la Casa Blanca durante los años de Camelot y presentan a Kennedy como un líder enérgico y deslenguado, obsesionado con la pugna con la Unión Soviética y propenso a pedir consejo a sus predecesores Harry Truman y Dwight Eisenhower.

A Truman, que por entonces rozaba los 80 años, Kennedy le dice en una conversación telefónica que le nota "en plena forma". "Más o menos. El único problema que tengo es mantener satisfecha a mi esposa. Ya sabes cómo es eso. Ella tiene miedo de que me haga daño", responde Truman en referencia a su disfunción eréctil.

Kennedy desvela en las cintas que no tiene "ningún interés en el espacio". Así se lo dice al director de la NASA, James Webb, que escucha cómo el único motivo por el que financia el programa espacial es su rivalidad con la Unión Soviética. Un detalle interesante si tenemos en cuenta que a Kennedy se le suele atribuir el mérito de haber impulsado la llegada del hombre a la Luna.
Su relación con los medios

Las cintas retratan a Kennedy como un presidente aficionado al hockey y temeroso de cualquier incursión de la prensa en su intimidad. El presidente montó en cólera en 1963 al enterarse por la prensa de que sus auxiliares militares se habían gastado 5.000 dólares para construir un paritorio en la base aérea de Cape Cod por si su esposa Jacqueline se ponía de parto durante las vacaciones.

Lo primero que hizo fue dar la orden de trasladar a Alaska al oficial que posaba en la fotografía del periódico. Lo segundo fue llamar a uno de sus auxiliares miliares y gritarle: "¿Para qué cojones dejaron entrar a los fotógrafos? Acabamos de hundir el presupuesto militar".

El temor de Kennedy era que el Capitolio aprovechara el detalle como una excusa para reducir la partida del Pentágono. Por entonces no sabía que en aquella sala nacería a principios de agosto su tercer hijo Patrick, que apenas sobreviviría unas horas por un problema respiratorio.

No todo son asuntos de Estado en las grabaciones. Las cintas recogen también la irrupción en el despacho oval del hijo del presidente, que por entonces tenía apenas tres años. "¿Cuándo vamos a Cape Cod y a Hyannis Port?", le pregunta Kennedy a su hijo. "Vamos porque es verano", responde. "Es verano", repite el presidente aunque la conversación tiene lugar en noviembre de 1963 y quedan apenas tres semanas para su muerte.

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