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29-05-2013 04:00hs
LOS IRREGULARES AL PODER
De las milicias de Nicolás Maduro a las patrullas de Cristina Kirchner
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Tal vez resulte exagerado e impropio decir que el kirchnerismo es sólo un discípulo del chavismo, pero pocas dudas quedan que ha seguido a pie juntillas muchas políticas del venezolano muerto. En rigor de verdad, del control de precios a la entrega de armas a los particulares, de las patrullas de contralor a las milicias armadas, no hay una diferencia cualitativa, tan sólo cuantitativa, y posiblemente su evolución hacia formas más extremas sea una cuestión de tiempo.

Por Jorge Eduardo Simonetti *

Camarada Presidenta, no tenga miedo y dele para adelante con el manual completo de la revolución bolivariana”, se escuchó fuerte el tono caribeño del consejo que Nicolás Maduro le daba a Cristina en los salones de la Casa Rosada, en oportunidad de la primer visita de aquél, como flamante Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Pareció advertirse una sonrisa de cómplice asentimiento en el rostro de nuestra primera mandataria.
Esta imaginaria situación que describimos, parece no estar muy lejos de traslucir las realidades que vivimos en este tiempo. Tal vez resulte exagerado e impropio decir que el kirchnerismo es sólo un discípulo del chavismo, pero pocas dudas quedan que ha seguido a pie juntillas muchas políticas del venezolano muerto, y que esa especie de “subordinación por encanto” no ha terminado con la muerte de Chávez, continúa hasta el presente cómo una suerte de fatal destino de continuar amarrados al cordón umbilical de un proceso político de un país con un nivel de cultura política bastante inferior al nuestro.
Nos enseñaron cómo coartar la prensa o someterla, cómo multiplicar las cadenas nacionales a pesar del control remoto que juega para el adversario, cómo imprimir billetes y generar inflación (aunque en éste caso la versión es poco creíble, más parece que nosotros les enseñamos a ellos), cómo machacar con el discurso único, cómo convertir en enemigo al que piensa distinto, cómo establecer un control de cambio y un control de precios, cómo avanzar sobre los poderes legislativo y judicial y convertirlos en caricaturas de lo que deberían ser, entre otras tantas linduras cívicas. Pero no sólo fueron buenos maestros y  nosotros buenos alumnos, sino que además, en ocasiones también fueron bondadosos mecenas al financiar algunas de nuestras incursiones en las arenas movedizas de la política, y en otras, “pícaros” usureros al aprovechar nuestras necesidades y prestarnos dinero o comprarnos bonos a tasas superiores a las de crecimiento chino.
En fin, una larga historia nos une con la revolución bolivariana, y tal parece que no fuera a terminar pronto, a estar a la pegatina de carteles con la ancha sonrisa del bolivariano, patrocinada por el Frente para la Victoria, Unidos y Organizados, Kolina y demás agrupaciones kirchneristas, y la inexplicable presencia de la enseña venezolana y de la figura de Hugo Chávez en los actos del 25 de Mayo.
En el festejo partidario que las autoridades nacionales organizaron con motivo de los festejos de un año más de la Revolución de Mayo y uno menos de la era nacional y popular, la señora Presidenta nos dijo que “yo no soy eterna ni lo quiero ser” como si fuera necesario aclararlo-, y agregó que “es necesario empoderar al pueblo para que estas reformas y conquistas nunca nadie más pueda arrebatárselas”.
Averiguar a qué reformas y conquistas se refería, es harina de otro costal. Lo que sí quedó resonando es la expresión de “empoderar al pueblo”, con el declarado objetivo de ejercitar un control popular de los precios de Moreno.
El verbo “empoderar”, cómo variante en desuso de “apoderar”, tiene en éste caso un significado que hay que remarcar, cual es el de otorgar a una fuerza paraestatal de personas, el “poder” de controlar comercios e informar sobre su nivel de precios. Significa, “empoderar” a personas (que no se sabe cómo serán escogidas) al margen de la organización y de los funcionarios regulares del Estado que están para eso. En términos sencillos, debemos decir que en adelante los precios máximos serán controlados por un conjunto de “irregulares”, en reemplazo de los inspectores de comercio.
El dato de color, que seguramente no dará risa sino estupor, es que el “pueblo empoderado” seguramente no serán las organizaciones de consumidores preexistentes y debidamente registradas, poco queridas por el Secretario Moreno, sino un grupo de partidarios oficialistas encabezados por la juventud estatal que hoy maneja los principales resortes del Estado.
Este súbito “empoderamiento” tiene una matriz venezolana, cómo continuidad de la política de hermandad bipolar que sigue vigente. Al margen de las fuerzas armadas regulares, Chávez creó las Milicias Territoriales y los Cuerpos Combatientes, para incorporar a vecinos divididos por manzanas; ahora, Maduro se propone armar a dos millones de personas para constituir las Milicias Obreras, con el declarado objetivo de la defensa nacional, subterfugio éste utilizado para esconder el verdadero propósito de entregar armas a sus partidarios para la defensa de su gobierno en caso de fuerzas armadas no afines.
Si bien el “poder” que nuestro gobierno dará a las “patrullas de precios” no se identifica íntegramente con la gravedad de entregar armas a los particulares, lo cierto es que comparten una misma matriz delirante y peligrosa, cuál es la de organizar, al margen del Estado, grupo de personas o “irregulares”, “inorgánicos”, “paraestatales”, y entregarles “poder” para actuar sobre los ciudadanos. Es para “defender las conquistas” dice la primera mandataria,  agregando más confusión y temor. Habría que preguntarse ¿qué conquistas?, ¿qué defensas?, ¿quiénes serán los defensores empoderados?
En rigor de verdad, del control de precios a la entrega de armas a los particulares, de las patrullas de contralor a las milicias armadas, no hay una diferencia cualitativa, tan sólo cuantitativa, y posiblemente su evolución hacia formas más extremas sea una cuestión de tiempo.
Tal vez algún lector pueda pensar que en estas líneas se expresa una visión apocalíptica de una situación que puede considerarse positiva para defender los bolsillos de los argentinos.
Personalmente tengo la idea que la mesa argentina difícilmente se defienda con eficacia recurriendo al control de precios, los argentinos tenemos una larga historia en casi todos los gobiernos de cualquier signo, militares y civiles- de convivencia con situaciones similares de las que nunca salimos bien librados. Es difícil creer en relatos que, a los que peinamos canas, nos han contado tantas veces y tantas veces supimos del final triste que tuvieron.
Sin embargo, hoy el elemento adicional que se incorpora a un panorama de por sí complejo, es que comenzamos a ingresar al terreno de desconocer las instituciones, las organizaciones del estado y de la sociedad, para adentrarnos en la constitución de organizaciones “paraestatales” y “parasociales”, confiriéndoles el poder de intervención en el contralor de cuestiones que deberían estar sometidas a los mecanismos regulares y legales del estado y de la sociedad.
En este caso, con estos maestros, con estos antecedentes y con esta situación de división social, más vale pecar por exagerar en el análisis que hacerlo por establecer una mirada cómoda e ingenua.
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