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26-09-2013 04:00hs
MISERICORDIA
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POR JOSE CESCHI
¡Buen día! Quisiera reproducir una paginita de “Shishilo”, un librito de cuentos de Dante Fiorentino, a quien tuve el gusto de conocer en Santiago del Estero. Uno de los cuentos se llama “El Señor Director”, escrito con mucho arte y con mucha vida. Le arrimo unos fragmentos:
“La tapera tenía las paredes cariadas por el tiempo. El hombre yacía en un catre de tientos sobre montón de papeles de diarios amarillentos de orín, flaco hasta salírsele los huesos. El olor a podrido taponó la nariz del Director, causándole un vahído de asco.
Escondió la repulsa entre los pliegues de su misericordia y se dispuso a levantarlo. Pasó el brazo por debajo de las rodillas del viejo; con el otro le circunscribió la espalda y  salió alzándolo como si se tratara de una criatura demasiado larga. Se dirigió caminando con soltura hasta el empinado lomo del terraplén de las vías. Allí subió la alcantarilla resbalando a cada tanto en las piedras del basalto que se frotaban unas con otras.
Una vez arriba se detuvo a respirar la agitación y luego emprendió la marcha por entre las vías que se empecinaban de paralelismo hasta el infinito…
Lo depositó con cariñoso cuidado, luego sacudió los brazos y se apretó los músculos con las manos para normalizar la circulación…Lo levantó de nuevo pero esta vez sobre el hombro derecho, plegado en la visagra del nacimiento de las piernas  y renovó la marcha. Todo el sol se desplomaba íntegramente sobre él, lo taladraba sin piedad. Lo iba quemando poco a poco, cada vez más. Le ardía en los ojos la soledad y la blancura del salitre transpirado por la tierra de jumiales.
El viejo empezaba a costarle  más esfuerzo que los comunes y el agarrotarle el hombro, cuando sintió una flojedad total en el cuerpo que llevaba, y al mismo tiempo el calor del orín que le mojó ese hombro dolorido. No quiso parar aunque se dio cuenta que todo había terminado, que sus esfuerzos habían sido vanos, inservibles…”
¿Cuento? Formalmente, sí; pero recogido de una experiencia humana tantas veces repetida. ¡Cuántos hombres y mujeres, como el Director, han tenido que cargar cuerpos terminales! Pensemos, por ejemplo, en la madre Teresa de Calcuta. Pensemos en sus religiosas y tantos otros que, silenciosamente, prodigan su misericordia heroica. Ejemplos para admirarse. Y, sobre todo, para imitarse.
¡Hasta mañana!
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