0
Comentar
13-11-2013 04:00hs
TEMORES
Tamaño Fuente
Imprimir
0
Comentarios
POR JOSE CESCHI
¡Buen día! Hay temores y temores. Algunos merecen existir, otros conviene olvidarlos. Dado que lo importante es la salud, uno de los temores más frecuentes tienen que ver con la enfermedad.
Se cuenta que Frank Sinatra fue al médico temiendo que su corazón andaba mal. El cardiólogo, tras un riguroso examen, lo espantó: “Temo que el mal que usted sufre sea incurable”. La hermosa voz de Sinatra se transformó en susurro cuando, pálido y angustiado, preguntó: “Dígame la verdad doctor; ¿qué es lo que tengo?”. “¡Miedo!”, respondió el galeno…
Los temores infundados agravan los problemas, haciéndolos incluso más difíciles de afrontar. Al respecto es muy ilustrativa la experiencia de Henry Morton Stanley, famoso explorador británico. Le preguntaron si había tenido miedo ante la aterradora selva que había atemorizado a otros exploradores. Su respuesta puede servirnos de modelo: “En realidad, yo no vi toda la selva. Sólo vi una roca delante de mí, sólo vi una serpiente venenosa que tenía que matar si quería dar otro paso. Sólo vi el problema que tenía frente a mis ojos. Si lo hubiese visto todo, habría quedado tan abrumado que no habría podido intentar esa exploración”.
Los temores nos abruman más por sentirlos todos juntos que por lo que cada objeto de temor merece. Ello tienen mucho que ver con la preocupación: esta palabra, descompuesta en sus dos elementos (pre y ocupación), nos están diciendo que preocuparse es ocuparse por adelantado de algo que puede suceder. Lo malo está en vivir esa realidad como si ya estuviera presente y además provocando miedo. Alguien escribió al respecto: “La preocupación es un círculo de pensamientos ineficaces que giran en torno a un punto de temor”. El hecho de girar alrededor termina provocando el mareo de ver los peligros en dimensiones exageradas. Por ello resulta sabia la advertencia de un maestro, san Francisco de Sales: “Basta recibir los males cuando vengan, sin que hayamos de prevenirlos con un desmesurado temor, afligiéndonos ya por adelantado”.
De todos modos, los temores suelen venir sin llamarlos. Depende de nosotros franquearles o no la puerta de nuestro ser. Y, sobre todo, recordemos que no estamos solos. Si ponemos en Dios nuestra confianza, tratando de vivir como él nos pide, valen para nosotros las palabras de Jesús a Pablo: “No tengas miedo: yo estoy contigo” (Hech 18,9)…
¡Hasta mañana!
¿Qué Sentís?
Registrando voto...
Compartir el voto en Facebook
Ud. ya ha votado el artículo
Noticias relacionadas
    Más de Opinión
      Varias
        COMENTARIOS
        FACEBOOK
        Cargando comentarios...
        Cargando...
         
        POR ROBERTO CAPARA
        POR ROBERTO CAPARA