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06-01-2014 04:00hs
Vacaciones ilimitadas
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La política de “vacaciones ilimitadas”, un sistema basado en la confianza aplicado desde hace años por compañías estadounidenses, hace felices a los empleados pero también a los empleadores, que calcularon que la flexibilidad era más rentable.
En Ryan, una firma global de servicios de impuestos con 1.600 empleados, la mayoría de los asalariados no reportan sus horas de trabajo desde 2008. Y nadie cuenta los días de ausencia. 
En Estados Unidos, ninguna ley exige a las empresas dar licencias pagas, y alrededor del 10% de los asalariados a tiempo completo no tiene derecho a nada, según un análisis del Centro para la Investigación Económica y Política (Cepr, por su sigla en inglés). En promedio, los estadounidenses tienen dos semanas de vacaciones pagas al año.
En verano, Steve Thompson, un gerente de 32 años en la oficina de Washington de Ryan, suele comenzar su fin de semana el mediodía del viernes para evitar los atascos de tráfico en la carretera a la playa. Sólo tiene que ponerse de acuerdo de antemano con su supervisor y su equipo para tomarse un fin de semana de tres días.
Puede organizar su tiempo como le parezca mejor. “Si estoy muy estresado y no tengo ninguna reunión, me voy al gimnasio”, dijo. 
Al final, no necesariamente trabaja menos, porque luego compensa desde su casa, de noche o el fin de semana.
Steve es evaluado en 80% en su productividad. En su evaluación anual, el objetivo volumen de negocios representa el 40% y los índices de satisfacción dados en forma anónima por sus clientes, un 40%. Su trabajo consiste en reducir los impuestos de propiedad de sus clientes corporativos, y Ryan le paga un porcentaje de las ganancias. 
En la práctica, sus dos subordinados siguen limitando sus vacaciones “reales” a dos semanas consecutivas, una vez al año, contó Steve, quien insistió en que la revolución se vive sobre todo a diario en la calidad de vida.
Para Ryan, que por mucho tiempo los empleados debían tener al menos 50 horas semanales de asistencia a la oficina, esta flexibilidad supone un cambio de tendencia.
“Era un ambiente de mucha presión”, recordó Delta Emerson, vicepresidente de recursos humanos, que participó en 2008 en la aplicación de la nueva política, denominada myRyan.
“La primera cosa que hicimos para evaluar a los empleados, fue una hoja de cálculo de Excel con un ranking de los que trabajaban más horas”, señaló. Actualmente, la tasa de deserción voluntaria ha caído a cerca de 10% al año, frente a más del 20% antes de 2008. 
Ryan aseguró no perder a sus mejores empleados. El equilibrio entre trabajo y vida familiar se ha convertido en uno de sus principales atractivos al contratar, y la empresa se ubica en los primeros lugares en cuanto a ambiente laboral.
Esta política beneficia tanto a empleados como a empleadores, explicó Sheeva Ghassemi-Vanni, un abogado que acompaña a las empresas en este tipo de transición, sobre todo en el Silicon Valley, donde se concentran las empresas de informática y tecnología en el norte de California.
Para empezar, ya no tienen que dedicar recursos administrativos a contabilizar los días libres de sus empleados. Por otra parte, ya no hay que pagarle nada a quienes están de licencia o renuncian, porque no se les debe nada.
Esto, sin embargo, tiene un efecto perverso: en una cultura empresarial muy competitiva, los gerentes pueden ser reacios a conceder días libres y los empleados pueden dudar en pedirlos, lo que potencialmente crea disparidades entre los equipos. 
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