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10-09-2008 00:00hs
LEY 1961
A 50 años de la sanción del primer Estatuto del Docente en Corrientes
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El proyecto fue aprobado en Diputados el 28 de agosto de 1958. En el Senado se trató sobre tablas al día siguiente. Los maestros que tuvieron un protagonismo gravitante en la confección de la iniciativa.
Por Ricardo G. Leconte

En este mes se cumplen 50 años de la sanción del primer Estatuto del Docente en Corrientes (Ley 1961), iniciativa del bloque de Diputados del Partido Liberal que integraban Raúl Grebe (de Curuzú Cuatiá), Angel Duarte (de Goya), Abel Yontob (de Mercedes), Simón Bustinduy (de San Luis del Palmar), Yolanda Olivieri de Valega (de Saladas) y yo que lo presidía, que era un joven abogado recibido el año anterior.
Exigiendo el tema un conocimiento profundo de las exigencias de la educación, encomendamos la redacción del proyecto a un gran educador y amigo político, el profesor An-tonio Piñeyro, quien llegó a presidir con solvencia el Consejo Superior de Educación. El proyecto fue presentado el 26 de agosto de 1958 y sus fundamentos aún tienen vigencia.
Decíamos que pretendíamos “... un estatuto docente que contenga normas justas de derechos y deberes del profesional de la educación, que habrá de satisfacer seguramente al gremio que clama por una ley justa, equitativa y suficientemente clara, para no dejar librada a la voluntad de quienes deban cumplirla y aplicarla la suerte y el destino del maestro”.
El proyecto intentaba reglamentar los diferentes aspectos de la vida docente, a fin de evitar arbitrariedades y proteger de los vaivenes políticos a quienes ejercían la ardua tarea de educar. Así consideraba, entre otros:
- El ingreso: buscaba “... asegurar el ingreso reglado cuidadosamente, para permitir la selección y el ingreso de los más aptos, con vocación definida y preparación probada en concursos que valoricen los conceptos esenciales que definen al buen maestro”.
- Ascensos: la selección se buscaba repetir en toda la carrera para elevar al máximo la función docente “... persuadidos firmemente -decíamos-, que por perfectas que fueran las le-yes y los reglamentos, ellos no pueden promover el progreso de la docencia si no actúan en ella los más capaces”. Lamen-tablemente las bajas retribuciones han alejado de la en-señanza a muchos docentes de vocación. En el proyecto se incluía la equiparación de los sueldos de los docentes provinciales a los que percibían los de la Nación (art. 27º), que era una forma positiva de mantener en la carrera docente provincial a los maestros más aptos.
- Tribunales de calificación y disciplina: para realizar el ideal de justicia para el maestro se creaban estos tribunales, integrados con representantes del Estado y de docentes elegidos por el voto directo de los maestros en actividad. Ideal de participación que en la práctica dio buenos resultados.
- Derechos ciudadanos: como en duras experiencias anteriores los maestros sufrieron presiones para imponer adhesiones a oficialismos de turno, el proyecto pretendía asegurar los derechos ciudadanos de los docentes, y así decía: “Como ciudadano, el maestro debe tener el pleno goce de los derechos de la ciudadanía, y no puede ser disminuido ni me-noscabado. Si él enseña los fundamentos legales, la estructuración de las instituciones y su evolución a través de la historia; si además se le exige la vida honesta y limpia para que sirva de ejemplo, resulta a todas luces inconcebible que se le niegue el derecho a exponer -fuera del aula y de la escuela- su propio sentir y su pensamiento. Por el contrario -reafirmamos -, la política ganaría con su aporte porque es hombre acostumbrado a aclarar conceptos, a juzgar con serenidad y a resolver conflictos con justicia”.
Finalmente decíamos: “Deseamos la discusión y perfeccionamiento de este Estatuto con la intervención del gremio, pa-ra lograr la satisfacción de sus anhelos de seguridad, justicia y dignificación profesional”.

Trámite parlamentario
Luego de presentado el proyecto, la Asociación Correntina de Docentes Provinciales elevó a la Cámara de Diputados un anteproyecto con normas similares y algunas diferencias que no eran fundamentales. La iniciativa concitó la adhesión de legisladores de distintos bloques que eran docentes, o tenían como prioridad la educación. Es justo mencionar con especial emoción y reconocimiento a Daniel Amadeo y Vi-dela de la Democracia Cristiana, con quien cultivé una gran amistad, lamentablemente fallecido muy joven; Miguel Ma-jul del Partido Autonomista, quien manifestaba su pasión de docente, recordando sus tiempos de maestro de escuela en San Miguel y el Dr. Sergio Maidana del Partido Autonomista, investigador en la Facultad de Veterinaria; Jesús Salvador Cabral de la Unión Cívica Radical, escritor, poeta y docente; y tuvieron un protagonismo especial como legisladores oficialistas de la Unión Cívica Radical Intransigente Ofelia Pavón y Abel Blanco, éste, hijo de un gran educador de Caá Catí: don Gervasio Blanco (h).
Recuerdo con especial afecto la labor de Ofelia Pavón, que aún hoy sigue con inquietudes culturales e históricas en Mercedes.
Ella comprometió el apoyo del bloque oficialista y permitió la sanción del Estatuto del Docente. Para sacar la ley antes del 30 de septiembre, en que vencía el período ordinario de sesiones, en la Comisión de Educación trabajamos sin interrupciones todos los nombrados y yo, desde las cinco de la tarde de un día hasta las once y treinta del día siguiente, en que firmamos un despacho común, el cual fue aprobado en el recinto el 28 de septiembre. En el Senado se trató sobre tablas al día siguiente, por moción del Senador liberal Ra-món Ulises Ygarzabal y con apoyo de todos los bloques. Quien presidía el Senado por ausencia del Vicegobernador, era el senador Patricio Eudoro “Radical” Vargas Gómez, que bajó de la presidencia para apoyar expresamente el proyecto, convertido así en LEY 1961.

Reflexiones
Esta crónica muy escueta sintetiza el nacimiento del primer Estatuto del Docente, iniciativa del bloque del Partido Liberal, hace 50 años. Fue autoría nuestra que nos honra. Fue obra en definitiva de valores de distintos partidos políticos, a los que hice referencia y de los maestros que tuvieron un protagonismo gravitante. Marcó una época en nuestra legislación. Fue sancionado este primer Estatuto del Docente de la Provincia de Corrientes, en una época de renacimiento de la actividad cívica, de gran pasión política, pero que cuando había un objetivo superior permitía unir esfuerzos y elaborar leyes trascendentes.
La aplicación del Estatuto del Docente en su primera etapa fue muy controvertida, pero constituyó un avance sustancial en la legislación.
Aún en el calor de polémicas que tenían la fuerza de la convicción y la sinceridad, desde distintas posiciones, hicieron nacer en nosotros lazos de amistad que perduraron en el tiempo. La ley 1961 puso en marcha una nueva etapa, al comienzo conflictiva, pero sus conceptos básicos siguen vigentes como un compromiso del Estado provincial y los maestros con la mejor educación. Dios quiera la mayor fidelidad hacia ellos.
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