El primer Mundial El primer campeonato mundial de fútbol que se realizó se hizo en Montevideo, Uruguay, en 1930 y participaron tan solo 13 países. Llegaron a la final Uruguay y Argentina, en un choque rioplatense, y finalmente ganó Uruguay por 4 a 2. Los goles charrúas fueron marcados por Dorado, Castro, Cea e Iriarte, en tanto que los goles argentinos fueron señalados por Peucelle y Stábile. Se jugó con pelotas de tiento, creadas en 1880, el casco era de cuero, el primer tiempo se jugó con pelota uruguaya y el segundo con una argentina. Años después, Francisco Varallo, el único sobreviviente actual de esta final, declaró que “mientras jugamos con nuestra pelota, ganamos, el primer tiempo terminó 2-1 para nosotros, pero en el segundo, con pelota uruguaya, lo dieron vuelta y lamentablemente perdimos.”
El estadio Centenario El mítico estadio Centenario se construyó en solo seis meses (de enero a junio de 1930) y se terminó de hacer cuando ya el torneo mundial estaba en marcha. La demora en su terminación se debió a las continuas lluvias caídas en las semanas previas. En su inicio tuvo una capacidad para 80.000 personas y costó 1.500.000 millones de dólares su construcción. Luego de eso y en años posteriores, el estadio se fue reformando hasta llegar a como es ahora. Pero sigue manteniendo su mística y leyenda. Los otros estadios en este mundial fueron el de Pocitos y el del Parque Central.
El goleador El jugador más efectivo del torneo resultó el argentino Guillermo Stábile, con 8 goles en cuatro partidos (3 a México, 2 a Chile, 2 a Estados Unidos y 1 a Uruguay). Fue el mejor delantero argentino de esa época. La figura de Uruguay fue José Nasazi, capitán de la selección uruguaya desde 1923 a 1936, campeón olímpico en Paris en 1924 y Amsterdam 1928 y campeón mundial en 1930. Todo un símbolo de los uruguayos.
La vestimenta En el Mundial de 1930 se utilizaron camisetas de manga larga y el cuello se cerraba con un cordón. Como detalle anecdótico y de refinamiento, hay que decir que los jugadores salían a la cancha con un saco sobre la ropa que usarían en el partido y así posaban para las fotos de rigor antes de cada cotejo.
Visitante ilustre Cuatro días antes del debut de Argentina, la selección albiceleste recibió una visita inesperada: pasó por la concentración a desearles suerte nada menos que Carlos Gardel, quien anticipó que la final sería rioplatense. Después hizo lo mismo con los uruguayos. Por lo visto, su predicción se cumplió.
POR FRANCISCO VILLAGRAN
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