Este magnífico edificio es obra manifiesta de uno de los héroes entrerrianos de mayor envergadura en el ámbito provincial y nacional y en cuyo escritorio se gestó nada más y nada menos que la Constitución Nacional, Justo José de Urquiza.  
La construcción, encomendada al italiano Jacinto Dellepiane, quien al poco tiempo abandonó la labor por motivos que se desconocen, fue concretada por los hermanos Fossatti -uno arquitecto y el otro escultor-, acompañados de tallistas, pintores, un jardinero y un herrero, todos extranjeros.
Tras nueve años de edificación (1848-1857), se consagraría para siempre como una de las obras argentinas de mayor suntuosidad. Además de haber tenido el privilegio histórico de ser la primera casa del país en contar con agua corriente y ser iluminada con gas acetileno.
Su propietario la llamó Posta San José, pero con el tiempo, su exquisitez y firmeza hizo que los visitantes comenzaran a llamarla “El Palacio”. La estancia llegó a tener 2.500 hectáreas, de las cuales 20 estaban destinadas a parques, jardines y una gran quinta de frutales. En medio de éstos, aparece aún el casco principal en cuya suntuosa arquitectura se adivina una armónica mezcla de estilo renacentista italiano. Cabe destacar que dentro de los muros del Palacio se gestó un hecho trascendental para nuestro país: la Organización Nacional, y se firmaron tratados internacionales de gran envergadura para la Historia Argentina.

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