Es momento de observarnos como ciudadanos en relación a la inclusión. Cuál es nuestro rol para integral socialmente a todas las personas. Qué exigimos y qué damos al colectivo tan diverso de quienes viven con discapacidad. 

Por Marcela Balmaceda
Colaboración Especial 

Como en otras oportunidades, quiero aprovechar este espacio para llamar a la conciencia social, a través de cada familia, cada aula y cada espacio de interacción social, y evitar la indiferencia hacia las personas con discapacidad. 
En muchos educadores o, incluso en las familias, se suele presentar la semilla de la indiferencia o del desinterés hacia las personas con discapacidad y sus necesidades. En el caso de los niños, un patrón regular es que reciban órdenes como animales domésticos, sin embargo se les exige que tengan una respuesta madura y razonable. ¿Cómo podrían constituir una identidad fuerte si apenas se les trata como seres racionales?
A ese trato denigrante se suele sumar los límites entre el grupo de niños, y más tarde, entre adolescentes. El popular dicho: “No te juntes con este o con aquel”. 
Estos mecanismos de defensa de las familias o los educadores, que pueden tener buenas intenciones, pero producen – por el contrario – una exclusión social, van marcando huellas profundas o las llamadas matrices de aprendizajes en niños que tratan a todos por iguales hasta la intervención del adulto. 

Los roles sociales
Es así, como autómatas adoptamos la misma conducta que el resto de la población, un comportamiento clonado como si Dios no nos hubiera creado únicos en la diversidad; y la persona adopta las pautas culturales en las que vive y se somete al poder para adquirir seguridad y aliviar sus dudas.
Como si fuera poco es además producto de la presión grupal. Responde a la necesidad de sentirse parte coherente de un grupo social, la necesidad de ser aprobado por el grupo, y a la vez de tener un rol  
En el caso asunción de un rol social como ser profesor, estudiante, padre o madre; hay que tener muy presente la necesidad de los niños y adolescentes con discapacidad. 
Los roles y sus estereotipos correspondientes establecen una coherencia entre el comportamiento y el contexto,  adoptarlos, implica incorporar sus exigencia, la acción termina moldeando a las personas.
Ante este panorama social meditemos un instante si en un futuro no muy lejano la discapacidad entra en el núcleo familiar. ¿Cómo se sentiría esto? ¿Cómo nos adaptamos a esta nueva realidad?  lo que transmitimos a los pequeños nuestros propios prejuicios como el miedo a contagiarse de una discapacidad, cuando en verdad se la adquiere por la misma imprudencia en muchos casos. 
Después lo que aprenden de chico lo reflejan en el comportamiento; son muchos los ejemplos cotidianos que se vive a diario y lo más sorprendente es que siempre hay un contacto directo o indirecto con estas personas. Y lo que asombra es que en algún curso o clases inaugurales se confiesa la gente que tiene un familiar o amigo con discapacidad pero igualmente en sociedad puede más la indiferencia antes que la solidaridad de un gesto puntual; es tal vez pensar un momento sobre nuestro comportamiento social cuando las circunstancias nos llevan a interaccionar con una persona con discapacidad. 

La vida inclusiva
Diego tiene la vida de cualquier otro joven. Se levanta cerca de las 5 para empezar a alistarse para entrar a trabajar a las 6. Vuelve a su casa alrededor de las 14,  descansa un par de horas hace unos mates y comparte la merienda con sus padres y después a las 18 a entrenar. Parece una actividad que la mayoría lo realiza a diario pero la diferencia es que este joven padece una discapacidad motora que no le impide continuar su vida de forma normal y así como esta historia todos de alguna manera nos relacionamos ya sea en el trabajo, escuela, en el transporte   o vía pública sea cual sea el ámbito que incursionemos se establecen relaciones momentáneas. 
Esto es habitual en nuestra sociedad igualmente siguen habiendo barreras que no nos permiten aceptar naturalmente la presencia de las personas con limitaciones físicas.
La psicología social ayuda a ver y comprender el poder que sub-yace tras nuestros pensamientos y nuestras emociones, dando relevancia a desarrollar la conciencia de que esta problemática se manifiesta así; pero es vital el cambio para obtener una sociedad inclusiva  pero no como frase trillada sino concreta comenzando por la familia para desconfigurar algunas enseñanzas históricamente impuesta por varios siglos, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

DESTACADO 
Es habitual en nuestra sociedad  que sigan habiendo barreras que no nos permiten aceptar naturalmente la presencia de las personas con limitaciones físicas.

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