Con motivo del Día del Padre, El Litoral conversó con Claudio Queirel, un hombre que tuvo que enfrentar el fallecimiento de su mujer y sustentar con contención y amor el cuidado de su hijo. Con esta conmovedora historia, entre líneas se plantea un homenaje a quienes alcanzaron el título de “papá”.
 

Marisol Salinas
marisolesalinas@gmail.com

 

Como muchos papás, Claudio Queirel recibió hoy un obsequio en gratitud por la vida y por la fuerza irradiada ante las adversidades. Es que el fallecimiento de su mujer hizo vacilar los muros de la torre familiar, pero la fortaleza paternal lo hizo salir victorioso.
Claudio es abogado y profesor universitario desde hace 17 años en la carrera de Periodismo. Aunque pudo alcanzar muchas metas profesionales planteadas en su vida, describe que el nacimiento de su unigénito le dio el más sublime de los títulos: el de “papá”. 
Todo fue alcanzado con trabajo conjunto, ya que a medida que su hijo Máximo iba creciendo, el matrimonio Queirel fue aprendiendo los principales ítems de los quehaceres paternales. Los de cuidar, amar, educar y corregir.
Como en muchos hogares, los roles en la crianza se dividían y se complementaban. “Ella se encargaba de la educación y yo del acompañamiento deportivo”, describió Claudio con un entusiasmo especial en su tono de voz. 
Con el mismo avivamiento en su hablar, ese que sólo generan los buenos recuerdos, evocó: “Cuando nació Máximo, todo fue nuevo. Como todo lo desconocido, al comienzo nos costó, pero rápidamente nos adaptamos con mi señora. Ella se encargaba de la educación, el apoyo escolar, que mi hijo vaya bien arreglado al colegio; yo lo acompañaba en esas cuestiones, pero complementaba la contención con las actividades de fútbol, remo, taekwondo”.

Sin el apoyo de Dios, de la iglesia, de mi familia y de mi suegra, no hubiese salido adelante. Me costó, pero me repuse y acá estoy por celebrar el Día del Padre. Claudio Queirel
Docente y abogado.


El oficio de ser padres les sentaba muy bien, pero hace cinco años, en medio del camino que se iba trazando, Claudio tuvo que enfrentar el fallecimiento de su esposa. En ese momento, los muros de la gran torre llamada familia sufrieron un temblor que sacudió con potencia, llegando a debilitar hasta los cimientos más profundos. 
“Quedé viudo cuando mi hijo tenía 13 años, previamente fueron años muy difíciles porque mi señora peleó durante dos años contra el cáncer, hasta que perdió la batalla. Puede decirse que me hice cargo de los dos roles, algo que fue difícil, pero gracias a Dios pude salir adelante porque tuve la ayuda de la familia (mía y la de mi esposa), de la iglesia y de Dios”, expresó con nostalgia tras describir los momentos más duros.
Luchó con todas sus fuerzas para que no le faltara nada a su hijo adolescente y pese a que faltaba un miembro (más que importante) la raíz familiar permaneció firme. “Aunque tomé prestado el rol maternal, nunca dejé de ser padre. Siempre están los consejos, la corrección, el acompañamiento. Constantemente tenés que estar en lo que pueda necesitar”, indicó.
En cuanto a su vida personal, se mostró agradecido por el sostén que obtuvo de sus allegados: “Sin el apoyo de Dios, de la iglesia, de mi familia, de mi mamá y de mi suegra, no hubiese salido adelante. Me costó, pero me repuse y acá estoy por celebrar el Día del Padre y preparándome para cumplir 55 años en julio”.

Logros
Dejando atrás el dolor, Claudio recuerda a su esposa con alegría y su corazón se consuela cuando comenta que consiguieron el objetivo planteado como matrimonio: “Logramos que nuestro hijo se reciba en la secundaria y ahora está estudiando Ingeniería Agrónoma”. 
“El deseo de su mamá era que siga estudiando y que se reciba. Eso me llevó día a día a empujarlo a que continúe con sus estudios, porque los adolescentes son rebeldes pero el deseo de mi mujer brilló más fuerte y ahora está en primer año de Ingeniería Agrónoma”, describió enamorado de su familia.

Unión
Claudio vacila por un instante para hablar de los gustos que tiene en común con su hijo. Es que su unigénito es de Boca y él de River; “yo nací en el 62 y mi hijo en el 88; además, tuvimos una educación diferente, antes no teníamos celulares, televisores, y yo estoy tratando de adaptarme a sus gustos. Pero tenemos en común el amor por el rugby y también nos une el recuerdo de mi señora, su mamá”, expresó.
Aunque los gustos generales son diferentes, aprovechan el tiempo disponible para ver una película de acción, un partido de rugby o degustar una comida especial. “La Universidad implica muchas horas de estudio, no obstante, siempre buscamos alguna excusa para juntarnos. El sábado pasado vimos el partido de los Pumas contra Inglaterra y mañana obviamente estaremos juntos”.
La celebración del Día del Padre la vivirán con un gran almuerzo familiar. “Nos reuniremos en lo de mi mamá. Mi papá falleció hace dos años, pero nos juntaremos en su honor. Además, mi madre, que tiene 90 años, siempre consigue reunir a sus polluelos”, comentó entre risas.
Para Claudio y para muchos papás, hoy es un día de festejo. Una fecha en que se celebra la vida de aquellos hombres que hacen todo por estar con sus hijos y por brindarles lo mejor. 
Entre líneas, con esta conmovedora historia El Litoral homenajea a los padres en su día y hace extensivo un cálido saludo para ellos.


El dato

En Argentina se celebra el Día del Padre desde el 24 de agosto de 1958, fecha en que nacía Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada, unigénita del general José de San Martín. Por cuestiones de marketing, la celebración luego se alineó a la de Estados Unidos, en junio.

 

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