-¿Cuál fue el peor momento de la guerra?
El 2 o 3 de mayo nos mandan a diez soldados en una avanzada de combate, previendo el desembarco inglés en un sector de playa. Teníamos que ir al frente y alertar a la tropa argentina del desembarco: éramos el jamón del sándwich. Nos desplegamos en la playa y el grueso de los integrantes de los regimientos quedó en el cerro.
A las 21 empiezan a salir bengalas del horizonte, del mar, en medio de la oscuridad. Hasta que de pronto quedamos en medio de una balacera. Escuchamos disparos desde atrás, de nuestras propias tropas. Fue una gran dispersión, un hormiguero. Una desorganización total. Eso fue la guerra y por eso se perdió.
En medio del tiroteo hieren a nuestro sargento, fue tremendo. Un soldado que va a ayudarlo siente un disparo en una pierna, lo hieren; se tira cuerpo a tierra hacia delante, le corta la campera y el cinto. De no creer. Fueron 5 minutos de tiroteo que pareció una eternidad.

-¿Cómo salen de esa complicada situación?
Al sargento herido lo cargamos en una frezada, a modo de camilla, y lo llevamos hacia el cerro. Estábamos todo mojado, débiles, en medio de la oscuridad. Todo se hacía más cuesta arriba que nunca, hasta que finalmente llegamos a ponerlo y  a ponernos a salvo.
Fue una noche muy larga. Una amargura terrible, estar en esa situación, pensar en ella….

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