Los peronistas no son ni buenos, ni malos, ni incorregibles. Son peronistas. Lo peor es que el General debe estar de lo más divertido.

 

Por Carlos M. Reymundo Roberts
Nota publicada en La Nación.

 

Después de la fiebre de los últimos días, de los apuros, las negociaciones, la tensión, las chicanas, tirones de oreja, patadas a la altura de las canillas y cacerolazos de agua hirviendo arrojados desde los techos, las cosas quedaron bastante claras y ordenaditas en el peronismo bonaerense de cara a las Paso. Por afuera del partido van Cristina, kirchnerista línea fundadora, y D’Elía, kirchnerista línea impresentable; por dentro, el kirchnerista arrepentido Randazzo, el kirchnerista funcional “Poncho” Ishii y quizás también algún otro kirchnerista residual. Todo bajo la tutela testimonial de Néstor, kirchnerista línea hotelera. Y más por afuera todavía, el ex kirchnerista Massa. Los peronistas no son ni buenos, ni malos, ni incorregibles. Son peronistas. Lo peor es que el General debe estar de lo más divertido.
Gracias a Dios, la trifulca dejó paso al debate de las cosas importantes, de los problemas de fondo. Operadores de los distintos bandos negocian por estas horas el reparto para la campaña de los atributos de identidad de la marca: el escudo, las imágenes de Perón y Evita, los colores, la sede del partido y las tacitas de café.
También estamos asistiendo a sesudos análisis sobre la audaz jugada de Cristina de apartarse del partido para no tener que enfrentar a Randazzo. Como ha sucedido siempre, las internas del PJ dan lugar a las más variadas interpretaciones políticas, pero para entenderlas convendría recurrir a la sociología, la psicología, la filosofía, la historia y, claro, a todas las ciencias ocultas. No son gente sencilla. Y quizás haya que darle la palabra a la botánica, que algo tendrá para decir sobre la supervivencia de especies que se daban por desaparecidas. O acaso la explicación la tenga un contador. Sí, los contadores los conocen bien. Yo, que soy un mero observador desprovisto de esos saberes, tengo mi teoría. Esto que está pasando puede responder a elaboradas estrategias. O simplemente puede ser una jodita.
Hay material de sobra para sostener que el espectáculo no es serio. Veamos. Cristina armó todo este bolonqui porque quería evitar las Paso, que fueron creadas por ella. Randazzo enfrenta el principal desafío de su carrera sin abrir la boca. Cristina, que a pico y pala forjó la monumental grieta que dividió al país, le puso a su alianza electoral Unión Ciudadana. Fernando Espinoza, presidente del PJ bonaerense, está trabajando para la lista (incluso podría ser candidato) que se escindió del PJ bonaerense. Ishii reivindica sus permanentes metamorfosis y sujeción a los líderes: “Fui menemista, duhaldista y de Néstor y Cristina, y también acompaño a la gobernadora Vidal para que termine su mandato”. Cristinistas y randazzistas se matan y negocian, negocian y se matan. A D’Elía lo dejaron afuera por piantavotos, y su respuesta fue que seguirá apoyando a Cristina: ¿lealtad o venganza? D’Elía irá a las Paso aliado con el PC: ni lealtad ni venganza, chiste. Berni se pasea por los canales de TV para instalarse y bajar línea, pero tiene un problema: mucho no se le entiende. El Chino Navarro, lugarteniente de Randazzo, también va a los canales y se le entiende todo, pero se lo ve triste y derrotado; deberían pensar en alguien con más onda, creíble, ganador: tipo Alberto Fernández. Un dirigente de La Cámpora les explica a sus amigos que Cristina “no va por afuera, sino por los fueros”. Unión Ciudadana, que quiere instalarse con perfil de fuerza progresista, incluye a los Rodríguez Saá. Un intendente del conurbano dice en público que Cristina es candidata sí o sí, y en privado, que hay muy pocas posibilidades de que lo sea. Después de reunirse con la ex presidenta en el Instituto Patria, Gustavo Menéndez, intendente de Merlo, declaró a la prensa: “Nos dijo que está dispuesta a ser candidata”; Verónica Magario (La Matanza), otra vocera de la reunión, afirmó ante los mismos periodistas: “No se habló de candidaturas”.
El mayor aporte a la teoría de que todo lo que se está viviendo no puede ser tomado en serio lo hizo, por supuesto, Cristina, al decir en el documento fundacional de su agrupación que se propone luchar contra la corrupción. Después de leer ese párrafo, Máximo la llamó para amonestarla. “Mamá, esas cosas no se dicen ni en broma”.
Por cierto, hay gente que opina lo contrario. Muchos creen que asistimos a movimientos de alta política. Tienen sus argumentos. Por ejemplo, que Cristina logró instalarse en el centro del tablero y de ahí no se mueve, que hace semanas tiene a todo el mundo pendiente de qué hace y qué no hace, que prácticamente ha dejado fuera de juego a su único rival en la interna y que de paso se sacó de encima ese “pejotismo” que tanto detesta. Dicen, además, que finalmente el lema de su campaña será “Una para todos”, por lo cual quedaron descartadas alternativas muy polémicas: “Volvemos por todo”, “Una más y no jodemos más” y “Por una senadora cinco estrellas”.
En cualquier caso, esto se ha puesto entretenido. Entretenido y futbolero. Ayer Macri convocó a candidatos de Cambiemos a un picadito en la quinta de Olivos, Cristina hará el martes un gran acto en el estadio de Arsenal de Sarandí, Massa asiste a todo desde la tribuna y Randazzo no le da pelota a nadie.
Mientras, el General se sigue riendo. 

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