La idea que movernos de la cotidianidad o transformar nuestra actitud frente a los parámetros ya establecidos es muy seductora.  Entonces, ¿porqué cuesta tanto cambiar?

Por Elizabeth Santángelo
Colaboración Especial 

Qué conocido es este dicho en forma afirmativa: “Renovarse es vivir”. Esta popular frase nos va sugiriendo una forma de vida. La idea que movernos de la cotidianidad o transformar la actitud frente a los parámetros ya establecidos, nos ayuda a cambiar.  
Entonces, ¿por qué no un cambio? ¿Qué hace que nos detengamos y hagamos siempre las mismas cosas?
Tal vez por costumbre, por comodidad, o porque nuestros antepasados así lo hicieron, nos detenemos muchas veces en el pasado o en el presente. Pero, ¿quién o qué puede determinar si estamos o no limitados en nuestras acciones?

Libertad 
Cuando se habla de “renovación” se piensa enseguida en un cambio externo, pero unido a este concepto, primero tiene que haber una disposición a experimentarlo.
Un consejo cristiano que da el Apóstol Pablo a los Romanos lo hace presente al decir: “No vivan según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios”. (Versión moderna de la Biblia, Romanos 12:2).
Ese versículo me hace pensar que la libertad del pensamiento anula todo conformismo y limitación, trayendo renovación. El estancamiento y la rutina nunca son buenos consejeros. 
Por ejemplo, hay Bibliotecas y Salas de Lectura en las mismas iglesias que hoy se mantienen actualizadas al contar con la tecnología a través de Computadoras, tablets y el servicio de Internet para la búsqueda de literatura disponible e información biográfica. Los libros están siempre al alcance del público, pero para consultas rápidas se cuenta con esta metodología moderna. Reparar en estos detalles hace que la renovación interior del pensamiento produzca un cambio en el exterior.
Podemos renovarnos diariamente, unido al cumplimiento de la voluntad de Dios, logrando encontrar una guía para manejarnos con sabiduría y permitir que haya luz y color en nuestro entorno. Vivir la Vida divina en todos los aspectos trae curación y renovación.

Limites
Hace un tiempo escuché a una conocida periodista, quien entrevistando a un cantante famoso, le preguntó por su estado de salud que según las noticias no es nada alentadora, ella en lugar de mencionar la enfermedad le preguntó por su “limitación”.
Ese concepto me encantó, porque es muy cierto que toda posibilidad de verse enfermo es una “limitación” impuesta por los sentidos corporales. 
Mientras que verse limitado, depende del espíritu con que enfrentemos la vida. Este cantante declaró que esta experiencia por la que está atravesando lo hizo ver que debía renovarse en su vida, dejar de hacer lo mismo como lo hizo durante años y pensar más en su familia, ya que por mucho tiempo al estar ligado a contratos y al campo de la fama la había dejado de lado.
Siempre estamos a tiempo para rever nuestra forma de vivir, y cuando nos respondemos a nosotros mismos que hemos hecho un cambio favorable, realmente sí: “renovarnos es vivir” y vivir bien, no dañando a quienes nos rodean, sino brindándoles esa renovación de vida plena, completa y saludable. ¿Te animas a hacer el próximo cambio?


El estancamiento y la rutina nunca son buenos consejeros.

EL DATO 
Elizabeth Santángelo integra el Comité de Publicación, en Argentina, y escribe reflexiones desde su perspectiva como profesional de la Ciencia Cristiana. Síguela en Twitter: @elisantangelo1   -  Facebook: Elizabeth Santangelo de Gastaldi

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