Cuando los cuentistas narran una historia, sus relatos parecen tomar vida. Esta fue la experiencia de los alumnos del Colegio “San José” que el jueves escucharon cuentos de humor, amor y suspenso.

 

Marisol Salinas
marisolesalinas@gmail.com

El timbre anunció para un grupo de alumnos del Instituto “San José”, de entre 8 y 12 años, que llegó el momento de participar de una novedosa experiencia. Algunos llegaron lentamente arrastrando los pies, otros conversando en voz alta, y no faltaron los que corrieron para ganar los mejores lugares.
El salón de actos estuvo colmado, y una vez que se sentaron, el bullicio se expandió con ecos que llegaban a todos los rincones de la sala. La profesora de lengua, tras pedir silencio, dio una rápida lección sobre la importancia de escuchar con atención, ya que iban a ser parte del Primer Festival Nacional de Narración Oral, organizado por la Fundación Sembrar.
Estos niños que nacieron en la vertiginosa era de la tecnología, cuya atención parece estar monopolizada por lo audiovisual e instantáneo, iban a ser partícipes de una experiencia ancestral: los cuentos orales.
Elsa Leibovich, la cuentacuentos profesional que llegó desde El Bolsón para el festival, se presentó cordialmente y comenzó su relato.  

Primera escena
Con el típico tono de un narrador omnisciente, Elsa moduló: “A las 7 de la mañana suena el despertador en casa de Natalia. Ella enseguida se levanta, se pone una bata rosa y va al baño. Se lava con delicadeza su rostro, las manos, se cepilla los dientes y se peina”. El lenguaje corporal acompañaba cada una de las acciones.
No se mostraron imágenes, tampoco había música. No hacía falta. La voz de Elsa, sus manos inquietas, las expresiones en su rostro y una pizca de imaginación fueron suficientes para recrear un escenario imaginario. 
“A las 7.10 Natalia se peina. A las 7.20 la mamá golpea fuerte a la puerta porque necesita entrar al baño pero ¿Natalia?”, preguntó al público que no tardó en responder al unísono: “Se peina”. Elsa prosiguió: “Cansada de esperar, su mamá la tomó del brazo y la ubicó en el pasillo. Allí ¿Natalia?”… “Se peina” repitió nuevamente el grupo, esta vez entre risas. 
Una leve pausa indicó el cambio de personaje. Ahora tocaba el turno de presentar a Nicolás. Para entonces no volaba ni una mosca en el salón. Los espectadores parecían tocados por la varita mágica de la atención, al punto de que muchos acomodaron sus manos en el mentón (un gesto propio de alguien que escucha expectante).  
“A las 7 de la mañana se levanta la mamá de Nicolás, a las 7.10 lo despierta, pero Nico… se duerme. A las 7.25 la mamá se acerca de nuevo, pero esta vez con un balde de agua fría y ahí finalmente se levanta”, narró e instantáneamente las carcajadas se multiplicaron. 
El entusiasmo se tornó aún más visible cuando algunos de ellos sacaron sus celulares para filmar el momento.

Segunda escena
Tras relatar la mañana de los protagonistas, la historia avanzó con los clásicos días de escuela. “A las 8 los chicos llegan al colegio, allí se enteran de que esa noche tendrán una fiesta. En ese mismo momento, las chicas empiezan a ver si se van a poner pantalón o pollera, si van a usar blusa o camisa, si se van a maquillar o no. Los varones también tienen dudas sobre cómo van a armar el equipo de fútbol, quién va ser el arquero”, prosiguió la cuentista.
Las risotadas resonaron fuerte otra vez. Sin dudas, la magia de los cuentos orales se había desatado. Por algo a la narración verbal la definen como un tipo de arte viviente cuya chispa sólo se enciende mientras se narra (concepto de Ruth Sawyer, escritora y narradora).

Tercera escena
“En el día de la fiesta las mujeres bailan en medio de la pista, los varones en los costados esperan. Pero Natalia, que ya le echó el ojo a Nicolás, va a buscarlo y lo trae de un brazo”, indicó Elsa. 
Al mismo tiempo, Elsa tomó el rol de los protagonistas, recreando las imágenes que narraba. Durante el baile, Natalia movía sus pies con sutileza y armonía. En tanto que Nicolás bailaba con las piernas agarrotadas, el rostro como asustado y con pasos largos y rígidos.
Las carcajadas volvieron a encenderse, hasta que de pronto el tinte romántico se apoderó del relato. Los protagonistas se miraron a los ojos y descubrieron por primera vez el amor. Sobre esto, Elsa explicó: “Natalia pensaba: ‘Si me diera un besito, aunque sea en el cachete’, y Nicolás especulaba: ‘La beso, no la beso’. Hasta que por fin él se animó y la besó. Desde ese día Natalia y Nicolás… son novios”.
Los chicos celebraron el amor de la pareja con alegría en sus rostros y se pararon para aplaudir a la cuentista que se sorprendió por la amabilidad del joven público.

Conclusión
La historia de Natalia y Nicolás inauguró el 1º Festival Nacional Inclusivo de Narración Oral, un encuentro en el que brillaron las aventuras fantásticas, los cuentos de acción, de amor y suspenso.
Participaron los narradores Marta Rodríguez de El Bolsón; de Buenos Aires, Alejandra Marroquín, Laura Finguer y Marcela Ganapol; y por Corrientes, Jésica Cheres, Rocío Guras, Aldana Rojas, Miguel Angel Díaz, Olga Lugo, Olga Ocampo y María Silvia Pozo (principal organizadora del festival). 
El talento de los narradores atrajo inmediatamente la atención de los chicos, que sólo sacaron sus teléfonos celulares para grabar el relato y al finalizar la presentación consultaron por los libros tratados. “Quiero agradecerles por venir porque fue hermoso, me encanta lo que hacen”, fue el comentario final que hizo una de las estudiantes.

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