En las Paso,
en el 90% de los casos, la gente vota pero no elige, porque hay una sola lista. En los pocos lugares
en que hay más de una, generalmente gana el caballo del comisario. Un gasto inútil del tiempo del ciudadano y del dinero público. Hay que encontrar otro método que garantice de mejor manera la elección interna de candidatos, eliminando la concurrencia obligatoria.

Por Jorge Eduardo Simonetti
jorgesimonetti.blogspot.com
Para El Litoral

“Votonto”: dícese del votante ciego, sordo y mudo”
                
“Larry, un joven ciudadano de Texas, de ideología demócrata, mira en su papeleta para las elecciones de este año. Para elegir diputado para la Cámara de Representantes, en Washington, sólo hay un candidato: un republicano. Para su circunscripción en el Congreso de Texas, sólo hay un candidato: un republicano. En el Senado de Texas, sólo se presenta un candidato, también republicano. Este votante, como la gran mayoría de los habitantes de su estado, no puede elegir a sus representantes, sino que se los imponen. Cada vez más zonas sufren esta enfermedad, que amenaza la democracia en Estados Unidos” .
El Economista, 17.9.2016.
                               
Aunque parezca mentira, la mayor democracia del mundo, los Estados Unidos, tiene un sistema electoral que genera en el ciudadano la sensación que todo está ya decidido y votar no sirve de nada. De los 50 estados, en 43 ya se sabe quién ganará las elecciones presidenciales a dos meses de votar. Por ello mismo, cuesta mucho generar participación electoral en un sistema que es voluntario.
Ya en nuestro país, ¿se ha puesto a pensar Ud. cuánto sería el porcentaje de votantes en las Paso, si las mismas no fueran obligatorias? Sí, Ud. coincide conmigo, seguramente bajo, muy bajo.
Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso), a decir verdad, son un engendro legislativo que nació con un propósito meramente electoralista del entonces oficialismo, pero que en la práctica ha demostrado su fracaso y el incumplimiento de los objetivos por los que teóricamente fueron implantadas.
La pluralidad es el núcleo de la democracia así como la uniformidad es la sabia del totalitarismo. En los comicios, la existencia de más de una oferta electoral es esencial para que los mismos reflejen la pluralidad democrática.
El voto es una condición necesaria aunque no suficiente para que un sistema político sea democrático. Supone, además, la celebración de elecciones periódicas mediante el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto.
Me permito, sin embargo, agregar dos condiciones que considero verdaderamente importantes: la existencia de competencia y de competitividad, es decir la pluralidad de oferta electoral (más de un candidato en las primarias, y más de un partido en la general) y cierta paridad de fuerzas entre los postulantes.
Nadie puede dudar a esta altura de los tiempos, que se satisface la exigencia del sufragio democrático no únicamente cuando se vota, sino además cuando concomitantemente se elige. Si hay un solo candidato o boleta electoral, el votante no elige, acepta o acepta, ya que el rechazo (voto en blanco) no tiene ninguna incidencia práctica.
De acuerdo a datos suministrados por el Observatorio Electoral Argentino, en su comparación de  las Paso en los años 2011, 2013 y 2015, en cuánto a los niveles de competencia (más de una lista) y competitividad (una diferencia no mayor del 10% entre las dos más votadas), los datos no pueden ser peores: En 2011 se hicieron 202 primarias (100%), sólo en 23 de ellas (11%) hubo más de una lista y apenas hubo competitividad en 9 (4%). En 2013 y 2015 los números son parecidos.
Dos conclusiones contundentes: a) en ocho de cada diez veces, no existe competencia porque hay una sola lista, impuesta por la oligarquía partidaria o el mandamás de turno; b) de existir competencia, por haber más de una lista, gana siempre el “caballo del comisario”, es decir la lista de los que manejan los resortes del poder partidario o estatal.
En Provincia de Buenos Aires, dónde se juega en gran parte el destino electoral de esta Argentina centralista, Esteban Bullrich por la alianza oficialista Cambiemos, Cristina Kirchner por Unidad Ciudadana, y Sergio Massa por Un País, no compiten con nadie en sus respectivos espacios. Lilita, en la ciudad Autónoma, tampoco. Lo propio sucede en las presidenciales, en que las primarias presentan listas únicas, el candidato ya viene impuesto y el elector se limita a ensobrar la boleta y depositarla en la urna.
En Corrientes pasa algo similar. Ricardo Colombi es el gran elector en la alianza de gobierno, de su exclusiva voluntad depende la lista completa, él eligió los candidatos a diputados nacionales, y el elector simpatizante se limitará al acto mecánico de ingresar al cuarto oscuro, buscar la única boleta de su partido, ensobrarla y colocarla en la ranura de la caja de cartón. Valga la excepción del peronismo correntino, en el que compiten varias listas.
Entiendo que las Paso tienen ya suscripto el certificado de una próxima defunción. No han servido para democratizar la selección de postulantes a cargos electivos, no han mejorado la calidad de la representación, no han neutralizado la influencia de las elites o trenzas partidarias.
Al pueblo argentino le cuestan una millonada. Es cierto que la democracia tiene un costo, a veces importante, que el sistema debe asumirlo como elemento indispensable de su propia existencia. Sin embargo, cuando se gasta sin tener clara la idoneidad de los mecanismos y además fracasar en alcanzar los objetivos propuestos, es dinero público dilapidado, y eso ocurre con las Paso.
Asimismo, ninguna de sus características principales resultan fundamentales a la hora de elegir candidatos partidarios. No se justifica su obligatoriedad, tampoco su simultaneidad y menos aún          su carácter abierto.
Los partidos políticos y la propia prensa especializada han desnaturalizado la esencia de las primarias. No se mide la competencia interna, obviamente porque no existen en el 90% de los casos, al haber una sola boleta por partido. Se las analiza como una carísima encuesta previa a las elecciones generales, en la que se comparan los votos obtenidos por cada candidato y partido, a pesar que no hayan competido entre ellos. “Las elecciones se están convirtiendo en poco más que un censo de simpatías políticas, sin ningún tipo de competición” (Víctor Ventura, El Economista).
Está comprobado que en las Paso, cada ciudadano vota por el partido de su preferencia, esté o no afiliado al mismo. Así que hoy domingo, cuando cada argentino se prepare para ir a votar, sabrá que no estará eligiendo sino simplemente cumpliendo con el acto mecánico que impone una ley que se ha probado como inútil.
Sin embargo, esta crítica no debe ser tomada como consentimiento para hacer tabla rasa con toda norma que establezca condiciones para nominar candidaturas. Muy por el contrario, debe buscarse una metodología de cumplimiento obligatorio para los partidos, que garanticen un verdadero mecanismo democrático, más práctico, más eficiente,  menos caro y no obligatorio para los electores.
De allí lo del voto tonto o el votante tonto, en el que la política piensa que el ciudadano no tiene la capacidad para elegir, entonces los políticos eligen por vos y luego te hacen entrar al cuarto oscuro para que ensobres la boleta única y convalides formalmente lo que ellos ya eligieron.
Finalmente, decimos: ¿para qué hacernos perder el tiempo en algo que ya está decidido en el 90% de los casos? Los ciudadanos no queremos ser más los “votontos”.

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