Con el transcurrir de la democracia, cada vez le cuesta más a la política que la ciudadanía se interese en las elecciones. La brecha se ensancha paulatinamente, empobreciendo el sistema. No toda la culpa es de la política, también tenemos mucho que ver nosotros, los electores.

 

Por Jorge Eduardo Simonetti
jorgesimonetti.blogspot.com
Para El Litoral

“Suelen pensar que la gente vota en función de los programas electorales y de las propuestas políticas específicas de los candidatos. Lo cierto es que la gente vota basándose en los valores, la capacidad de transmitir, la autenticidad, la confianza y la identidad” . 
George Lakoff: 
“Puntos de reflexión: manual 
del progresista”, 2006

                               
Estando a menos de treinta días de las elecciones para gobernador, ¿qué ocupa tu mente la mayor parte del tiempo? ¿la política, las elecciones, los candidatos? Seguramente que no, aunque los políticos parecen creerlo, es evidente que existe una grieta entre los postulantes y la realidad diaria. En una campaña electoral, la pregunta es: ¿cómo cerrarla?
El cuento de Rodríguez es paradigmático: “Es de noche. Rodríguez atraviesa el campo,  cabalgando. El diablo, de poncho rojo, también cabalga. Y empareja su caballo con el de Rodríguez. El diablo le ofrece maravillas al otro jinete. Promete cumplir todos sus deseos. Pone a su disposición mujeres, oro y poder. Y muestra sus propios poderes para impresionarlo: cambia el color de su caballo de negro a blanco, transforma en víbora la rama de un árbol, enciende el cigarro de Rodríguez con una llama que hace brotar de sus dedos y finalmente convierte su caballo primero en un toro y luego en un pez.” 
“Pero no logra seducir a Rodríguez. No lo convence. Ni siquiera lo conmueve. Rodríguez sigue adelante. Cabalgando. Imperturbable. Indiferente. Hasta que el diablo pierde definitivamente la calma.
-¡Te vas a la puta que te parió! -lo insulta y rápidamente se pierde de vista.
Y Rodríguez sigue cabalgando. Como si nada hubiera pasado. En su mundo. Absorto.” (Cuento del uruguayo Francisco Espínola, mencionado en el blog Maquiavelo&Freud).
Rodríguez (el votante), no se deja impresionar por la magia del diablo (el candidato). En cierto modo, en la campaña política se repite la figura, la multitud de Rodríguez envueltos en sus propios problemas, que no escuchan a los diablos que les hablan en chino.
Con el tiempo se van produciendo transformaciones sin que nos demos cuenta. Cambia el comportamiento social, cambian los seres humanos en su relación con el mundo, y, obviamente cambia la política. Tal vez racionalmente nos lleva más tiempo darnos cuenta, pero en los hechos, aquello que antes daba resultados, hoy no sirve.
Preguntémonos: en la televisión argentina de la actualidad, ¿qué programa tiene más rating, uno en el que se traten temas profundos u otro en el que se comenten banalidades? Diez a uno que el segundo gana fácil.
¿Esto es atribuible exclusivamente a la televisión? No, también al televidente que lo requiere. Pues bien, la banalización de la política es culpa de los políticos, pero también del electorado.
Actualmente las campañas políticas están construidas a partir de sonidos e  imágenes, no de propuestas e ideas. El cantito pegadizo, la amplia sonrisa, la palmada en el hombro, el chico levantado en brazos, tiene mucho más poder comunicacional que una propuesta concreta sobre un tema específico.
De allí que para un político en campaña, para un partido político, es más útil un experto en marketing que un ideólogo, un licenciado en psicología que uno en ciencias políticas. Así como los ciudadanos son un 5% de razones y 95% de emociones, los partidos se adaptan con un 5% de ideas y un 95% de propaganda.
La política no ofrece alternativas para enriquecer la democracia. Como en la televisión, busca rating, es decir votos, y para ello no necesita de muchas ideas.
Los resultados aritméticos de diputados nacionales de las Paso en Corrientes determinaron que un noventa por ciento se reparten entre las dos fórmulas principales.-Aun cuando no debemos caer en un análisis simplista son datos duros que no podemos obviar. En octubre, ¿serán otra cosa las provinciales?
Formulemos una hipótesis dividiendo al electorado en tres. Las dos terceras partes tienen su voto decidido, sólo queda un tercio para ser conquistado por los candidatos.
Ideológicamente, pareciera que ambas fórmulas no tuvieran demasiada diferencia. La de Eco-Cambiemos está integrada por un radical (Valdés) y un peronista sciolista (Canteros); la de Podemos Más, por un peronista kirchnerista (Espínola) y un radical (Artaza). Lo que se dice, la democracia líquida, las ideas disueltas en el caldero del pragmatismo.
Las diferencias comienzan en el ámbito de los liderazgos de apoyo, en el que las dos “C” parecen jugar un papel importante. Uno, explícito, expuesto, el de Colombi a Valdés, tanto que se publicitan como un “equipo”. El otro, menos público, casi larvado, como con vergüenza, pero de indudable cuño, el de Cristina a Espínola.
La segunda diferencia, para hablar en términos muy generales, está en que uno significa el “continuismo” de una gestión que lleva dieciséis años, y el otro el “cambio”, aunque todavía no sepamos en qué consiste este. Las ventajas del oficialismo está en que el electorado sabe lo que puede hacer, pero también conoce lo que no hizo. La desventaja opositora es que sus propuestas son meras promesas, pero tienen a su favor la perspectiva de una mejora en la performance gubernativa.
Las tercera está fijada por la referencia nacional. Por lo menos por los próximos dos años, Valdez tiene una administración nacional “amiga”, sin embargo los “protectores” de Camau, incluyendo a Scioli, están en el llano. En un país tan poco institucionalizado, en el que las obras se reparten entre ñande gente, eso tiene un valor incalculable, para que Corrientes pase de víctima a beneficiaria.
Debo decir que, lamentablemente, si bien estamos adornados por un federalismo constitucional, en los hechos manda el centralismo económico. La Constitución resulta letra muerta cuando de repartir recursos se trata. En la última década, la Nación se llevó el 74% de los ingresos fiscales totales, contra el 26% de las Provincias.
Ninguna inversión importante puede hacer un gobernador sin el auxilio nacional. En nuestra ciudad tenemos los ingresos camineros más propios de un pueblo olvidado que los de una capital, y no pavimentamos nuevas rutas provinciales desde hace más de treinta años.
Si bien vamos a recuperar el 15% de la masa coparticipable, al finalizar la exacción nacional por el Anses, la sábana sigue siendo muy corta. Por ello tenemos que cuidarnos de las promesas electorales grandilocuentes, son espejitos de colores.
Más trabajo significa más industrias, pero Corrientes no ofrece ventajas comparativas para la mayor parte de ellas. Aumentar los salarios públicos, que se llevan la parte sustancial del presupuesto, se traduce en una paralela disminución de las prestaciones sociales, de salud, de educación, de seguridad.
Siempre sostuve que en el sistema constitucional argentino, los gobernadores no son gobernantes sino meros administradores de recursos, por no decir de pobreza. Los hay mejores y peores, pero ninguno cambió el destino final de la provincia y de sus habitantes, porque el federalismo es la gran mentira de la política.
Por el momento, resulta difícil achicar la brecha entre los candidatos y los ciudadanos. Tendremos que conformarnos con semblantearlos, apreciar la integridad de cada quien y mensurar el porcentaje de realidad y de fantasía de cada campaña.

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