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Un suceso inolvidable

Se cumplen hoy veinticuatro años de la vuelta olímpica que dio el primer equipo del club Deportivo Mandiyú en la fría y soleada tarde de Quilmes, en el centenario estadio que ya no está, desarmado poco después de aquella invasión correntina cuyos protagonistas, como todos, hoy siguen celebrando en la soledad, añorando todo aquello.
Fue una tarde espectacular, cuando "medio" Corrientes se dio cita en el sur del Gran Buenos Aires, para conseguir algo tan soñado como inesperado. Pero sí, debidamente preparado.
Después de un año espectacular, había que enfrentar a los “cerveceros”, también con aspiraciones de dar la vuelta olímpica. Todo estaba para los dos. Los únicos, cuando faltaba una fecha.
El fervor futbolero trepó hasta lo máximo, aunque no fue así para un hoy empresario correntino quien, en la zona del palco de periodistas prefirió dormirse una siestita. En un lugar próximo a donde estaba el presidente quilmeño, mi amigo Carlos Huergo a quien saludé antes del partido, pero no lo volví a ver después.
Mandiyú, que un año antes clasificó para la desaparecida Liguilla Prelibertadores en la que empató dos veces con San Lorenzo de Almagro, sacudió la Tierra.
Atrás quedaban los momentos de la ida en camiones a los entrenamientos, algo que erradicó el respetado y recordado don Juan Manuel Guerra, el técnico triunfador que, esa tarde, sumó un nuevo ascenso a su lista de vueltas olimpicas, como con Chacarita Juniors , Lanùs y Lamadrid.
El partido fue tedioso, como nervioso todo el aperitivo que, se reflejó en el restorán lleno de comensales, pero ninguno del equipo de transmisión del entonces Cablex y de este diario, pudimos almorzar.
Algo extraño motorizaba el organismo de quienes hicieron época con las televisaciones en directo de cuanto partido los #textiles# jugaban como visitantes..
El no probar bocado no fue producto de la tensión por saber si las conexiones estaban bien hechas. Había experiencia, esa que no la tenía Mandiyú, aunque contaba con un equipo capaz de sacudir las entrañas de cualquier rival.
Los noventa minutos dirigidos por Ricardo Calabria terminaron igualados en cero. Es lo que propuso el “viejo” Guerra. Mandiyú, no tuvo chance para ganar, porqué no la buscó. El puntito bastaba. Era un "puntazo"
Pero tampoco para perder, amén de un tiro de media distancia del luego contratado Daniel Leani que, pasó lejos del arco. Por las expectativas, todo era peligroso.
El antiguo estadio estaba repleto. Sus oídos, como el de todos los quilmeños, escucharon otro nombre. Raro. No era castizo, pero se hizo conocido por el fútbol, donde vivió muchos años, hasta marcar un récord inigualado por tanta permanencia luego del ascenso al círculo superior.
Era ese “¡Mandiyú....Mandiyú!”, acompañado por estruendosos sapucay y emotivos abrazos.
La tribuna cabecera Sur fue una fiesta, como lo fue todo el estadio. Al vestuario llegaron todos, por eso resultó más chico de lo que era. El frío ya no era tenido en cuenta. Solo quedaba festejar y saludar. ¡Qué importaba ser periodista, si se trataba de un equipo de Corrientes que revolucionó el ambiente! Tanto que diarios uruguayos, al día siguiente, llenaron sus suplementos deportivos con la hazaña de sus muchos connacionales.
Claro, había una docena de orientales en el plantel, por esas estimaciones de don Eduardo Seferíán, el alma mater del emprendimiento. De todo lo anterior que, fue por poco tiempo y lo mucho posterior.
Mucho...mucho, de algo inolvidable que hoy sigue conversándose, analizándose y...lamentándose su ausencia.
En Corrientes, radicó su domicilio el fútbol grande, eso que también lo saboreó durante una temporada Huracán Corrientes que recibió la posta. Pero hoy ya no está y oteando el horizonte, se ve dificultoso por los avatares económicos, base sustancial para algo de tal naturaleza.
Es que esa historia no tiene parangón. Tampoco tendrá olvido, por todo lo que significó y se reflejó en la interminable caravana que nació en Cambá Punta cuando llegaron los campeones y se extendió por toda la ciudad. Un caso único e inolvidable. Qué lindo será que se repita.-
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Un suceso inolvidable

Se cumplen hoy veinticuatro años de la vuelta olímpica que dio el primer equipo del club Deportivo Mandiyú en la fría y soleada tarde de Quilmes, en el centenario estadio que ya no está, desarmado poco después de aquella invasión correntina cuyos protagonistas, como todos, hoy siguen celebrando en la soledad, añorando todo aquello.
Fue una tarde espectacular, cuando "medio" Corrientes se dio cita en el sur del Gran Buenos Aires, para conseguir algo tan soñado como inesperado. Pero sí, debidamente preparado.
Después de un año espectacular, había que enfrentar a los “cerveceros”, también con aspiraciones de dar la vuelta olímpica. Todo estaba para los dos. Los únicos, cuando faltaba una fecha.
El fervor futbolero trepó hasta lo máximo, aunque no fue así para un hoy empresario correntino quien, en la zona del palco de periodistas prefirió dormirse una siestita. En un lugar próximo a donde estaba el presidente quilmeño, mi amigo Carlos Huergo a quien saludé antes del partido, pero no lo volví a ver después.
Mandiyú, que un año antes clasificó para la desaparecida Liguilla Prelibertadores en la que empató dos veces con San Lorenzo de Almagro, sacudió la Tierra.
Atrás quedaban los momentos de la ida en camiones a los entrenamientos, algo que erradicó el respetado y recordado don Juan Manuel Guerra, el técnico triunfador que, esa tarde, sumó un nuevo ascenso a su lista de vueltas olimpicas, como con Chacarita Juniors , Lanùs y Lamadrid.
El partido fue tedioso, como nervioso todo el aperitivo que, se reflejó en el restorán lleno de comensales, pero ninguno del equipo de transmisión del entonces Cablex y de este diario, pudimos almorzar.
Algo extraño motorizaba el organismo de quienes hicieron época con las televisaciones en directo de cuanto partido los #textiles# jugaban como visitantes..
El no probar bocado no fue producto de la tensión por saber si las conexiones estaban bien hechas. Había experiencia, esa que no la tenía Mandiyú, aunque contaba con un equipo capaz de sacudir las entrañas de cualquier rival.
Los noventa minutos dirigidos por Ricardo Calabria terminaron igualados en cero. Es lo que propuso el “viejo” Guerra. Mandiyú, no tuvo chance para ganar, porqué no la buscó. El puntito bastaba. Era un "puntazo"
Pero tampoco para perder, amén de un tiro de media distancia del luego contratado Daniel Leani que, pasó lejos del arco. Por las expectativas, todo era peligroso.
El antiguo estadio estaba repleto. Sus oídos, como el de todos los quilmeños, escucharon otro nombre. Raro. No era castizo, pero se hizo conocido por el fútbol, donde vivió muchos años, hasta marcar un récord inigualado por tanta permanencia luego del ascenso al círculo superior.
Era ese “¡Mandiyú....Mandiyú!”, acompañado por estruendosos sapucay y emotivos abrazos.
La tribuna cabecera Sur fue una fiesta, como lo fue todo el estadio. Al vestuario llegaron todos, por eso resultó más chico de lo que era. El frío ya no era tenido en cuenta. Solo quedaba festejar y saludar. ¡Qué importaba ser periodista, si se trataba de un equipo de Corrientes que revolucionó el ambiente! Tanto que diarios uruguayos, al día siguiente, llenaron sus suplementos deportivos con la hazaña de sus muchos connacionales.
Claro, había una docena de orientales en el plantel, por esas estimaciones de don Eduardo Seferíán, el alma mater del emprendimiento. De todo lo anterior que, fue por poco tiempo y lo mucho posterior.
Mucho...mucho, de algo inolvidable que hoy sigue conversándose, analizándose y...lamentándose su ausencia.
En Corrientes, radicó su domicilio el fútbol grande, eso que también lo saboreó durante una temporada Huracán Corrientes que recibió la posta. Pero hoy ya no está y oteando el horizonte, se ve dificultoso por los avatares económicos, base sustancial para algo de tal naturaleza.
Es que esa historia no tiene parangón. Tampoco tendrá olvido, por todo lo que significó y se reflejó en la interminable caravana que nació en Cambá Punta cuando llegaron los campeones y se extendió por toda la ciudad. Un caso único e inolvidable. Qué lindo será que se repita.-