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/Ellitoral.com.ar/ Itati 2012

“El pastor tiene que caminar con su pueblo”

 Monseñor Andrés Stanovnik fue camino a Itatí como parte de la peregrinación centenaria de los sanluiceños. En la previa de los preparativos para su partida, hecho histórico por ser la primera vez que ocurre, además de por su importancia religiosa oficial, dialogó con este diario.

En ese marco aseguró que “un pueblo que peregrina se siente en comunión, en una familia reunida en este caso por la madre”. Entiende que también es “una manifestación cultural de la fe” y consideró necesario rescatar el misterio de la Cruz para encauzar otras expresiones de religiosidad popular, como la del Gaucho Gil. “Estamos lejos de pensar en un santo cristiano”, dijo para El Litoral. He aquí la entrevista...

¿Cómo decidió caminar, acompañar a los peregrinos de San Luis?

El primer año que fui a bendecir la partida de esta peregrinación, les dije que en algún momento me gustaría acompañarlos. Pero también porque me gusta estar junto con la gente. Porque creo que el pastor tiene que caminar con su pueblo.

Hay una oración sacerdotal muy hermosa en la que pedimos la gracia de aprender a estar "al frente y al medio del pueblo", las dos cosas. Es muy significativa esta referencia espacial. Estar al frente es abrir camino, es mostrar hacia dónde, es enseñar, es guiar. En medio del pueblo es caminar con, con ellos, codo a codo, sentirse un peregrino más. Y yo añadiría una tercera referencia espacial. También hay que aprender a caminar detrás del pueblo, para alentar a los rezagados, cuidar a los que se salen del rebaño, a los que se entusiasman con otros "pastos"; con pastos que podríamos decir falsos o engañosos.

Creo que hay toda una espiritualidad muy linda, que en definitiva, parte de Jesús que se hizo peregrino con nosotros. Peregrino del Padre en medio de nosotros, mostrándonos el camino hacia Dios. El pastor tiene que reflejar esa misión, con su vida y con su oficio.

Cuando llegó a Corrientes, ¿sabía de esta peregrinación? ¿conocía de esta tradición?

No, no conocía. Tenía una idea general de que este hermoso pueblo correntino tenía esta característica de estar dispuesto a partir siempre cuando se trata de realizar una procesión o una peregrinación. Que esto lo ha heredado y lo ha cultivado de una manera realmente maravillosa porque no se perdió en la historia. Por un lado la tradición guaranítica, porque el pueblo Guariní era un pueblo peregrino y también de la primera evangelización, que le dio un contenido cristiano a esa peregrinación.

Cuando se encontró con ese panorama de gente partiendo a caballo en carreta, ¿cuál fue su impresión?

Primero me llamó poderosamente la atención el recogimiento de esa multitud que se predisponía a hacer esa peregrinación. Recogimiento y piedad que se expresaba en el silencio; se expresaba en la actitud. Y cómo pasaban delante del templo para saludar al santo y a pedir la bendición, eso fundamentalmente.

Después, cuando uno lo ve por primera vez, hay aspectos que son impactantes. Por ejemplo lo espléndido de la preparación. Los jinetes, varones, mujeres y niños que eran realmente figuras de postal, por la belleza de sus vestimentas; por la preparación de los caballos, los adornos. Lo mismo de las carretas. Eso muestra que no son improvisados, que es una peregrinación que se ha preparado con mucho tiempo, lo cual refleja cariño, dedicación, y por supuesto, mucho amor y mucha fe.

Y es una tradición vivida de la familia...

Justamente, una de las figuras que llama la atención de estos peregrinos, son las familias. Encontrar carretas con familias; o jinetes donde van los padres y detrás los niños, uno o dos pequeños, algunos muy pequeños, sobre la montura partiendo como peregrinos hacia Itatí.

Mas allá de lo que tiene que ver con la fe, ¿a qué se debe que un pueblo como el de San Luis esté tan aferrado a una tradición como esta?

Esto lo hace la fe católica fundamentalmente. La fe católica genera pueblo. El peregrino que va a Itatí no es un hombre o una mujer solitario, aún cuando por momentos vayan solos. Se siente pueblo junto con los demás peregrinos, por eso hay una solidaridad muy grande entre los peregrinos.

Es muy distinto, por ejemplo, un espectáculo artístico donde la gente va a ver el espectáculo pero no le importa quien esta a su lado. Le importa mirar el espectáculo, encontrar la satisfacción de esa representación artística y se va a su casa.

La experiencia del peregrino es totalmente distinta. El peregrino desde el momento en que comienza a preparar sus cosas; el avío, la ropa, la carreta, los elementos de la cabalgadura, se siente preparándolo junto con los demás, sabe que hay otros muchos que están en lo mismo. Se siente en comunión. Es un pueblo que peregrina.

Esto es lo que hace, si uno lo quiere mirar desde el punto de vista antropológico, ésta fe abre al ser humano a la trascendencia, lo saca de sí mismo y lo conecta con los demás. Como es imposible desvincularlo de la trascendencia, justamente ese encuentro con la Virgen, que es el camino más corto para encontrarse con Dios, le permite descubrirse hijo y hermano. Esa es la esencia del peregrino. El peregrino sabe que cuando va a Itatí va a encontrarse con Dios. Y descubre que esa imagen hermosa que hace presente el misterio de María, la mujer que se ha abierto a Dios, es el camino mas corto para encontrarse con Dios. Por eso en la oración "Tiernísima Madre", que es hermosa, lo más importante que le pide el peregrino es que le dé "un gran amor a su divino hijo Jesús"; ese el centro de la oración, por eso hasta la expresión lo refleja, "sobre todo un gran amor a tu divino hijo Jesús", y todas las demás giran en torno a esta petición.

Si bien tienen que ver con las raíces y el origen del pueblo, ¿cómo se puede explicar esta devoción tan grande a la Virgen? ¿Cómo se explicaría a alguien que no tiene fe o no tiene esta cultura tan arraigada?

Creo que acá hay de fondo algo profundamente humano. La madre es la que reúne. A diferencia del padre, la madre es la que reúne, la que acoge, contiene, por eso la llamamos "Tiernísima Madre". Es la que genera vida. El padre es otra figura, es complementaria. Para usar una imagen, si la madre abraza, el padre toma la mano y nos invita a partir. El padre proyecta, abre horizontes.

Entonces, naturalmente, la madre produce como figura y como misión, una empatía. Esto en el orden de la experiencia humana de familia. Subrayando la importancia que tienen el varón y la mujer, en cuanto elementos fundamentales de la diversidad, que nos ayudan después a un equilibrio en las relaciones con los demás.

Esto mismo, se refleja después en la experiencia espiritual. Dios se encarga, de esta experiencia humana que él mismo creó. Es razonable que Dios haya elegido una madre como la Virgen para hacerse presente entre nosotros, y que esta madre que lo ha generado a El nos genera también a nosotros y nos sintamos así hijos y hermanos y le tengamos un afecto profundo a Ella. Por eso el peregrino no camina solo, porque ningún hermano se siente solo. Un hermano sabe que tiene hermanos, porque tienen el mismo origen, son miembros de una misma familia

Si hubiera que mejorar o ajustar la fe del correntino, ¿que haría falta?

Habría que ampliar un poquito el horizonte y decir, qué habría que mejorar en la religiosidad del correntino. Pero no es solo del correntino, casi podríamos decir del cristiano a nivel universal, aunque aquí se expresa con características particulares. En primer lugar, hay que valorar, conservar y cultivar esta piedad de nuestro pueblo, esta piedad popular de nuestro pueblo. En segundo lugar, catequizarla más, que significa instruirla, para darle mayor contenido, mayor racionalidad. San Pablo dice: "Nosotros debemos dar razón de nuestra fe". Razón de nuestra fe significa que tenemos que tener la capacidad de explicarla.

Esto va a ayudar mucho a encausar, convenientemente, otras expresiones de la religiosidad popular del correntino y de nuestro pueblo argentino. Por ejemplo, la veneración de Antonio Gil. Ahí es necesario recuperar todo el misterio de la Cruz, que es el misterio de Cristo; y colocar más a esta persona de Antonio Gil entre los difuntos. Que puede ser, porque no se conoce suficientemente su vida ya que hay más leyenda que historia, que en esa leyenda hay valores. Pero estamos lejos de pensar en un santo en el sentido cristiano del término; por eso, debemos colocarlo dentro de los difuntos, y valorarlo en un sentido secular, por algunos de los valores, como puede ser la justicia, que pueda haber en la leyenda de su vida.

¿Eso puede ser algo más a incrementar o una deuda pendiente desde la Iglesia?

Naturalmente. Es necesario, por eso la catequesis es muy importante. Toda la iniciación cristiana es importante. La iniciación que significa la preparación para el bautismo de los padres, los padrinos y de la familia que trae a bautizar a una criatura, y después la preparación de esa criatura en la familia, para que sea un hombre y una mujer que se vaya abriendo a la fe, y después en las etapas de crecimiento, la comunión, confirmación, eucaristía. La formación cristiana durante toda la vida.

Sacándolo de su rol de pastor, ¿cuáles son sus expectativas personales ante esta nueva experiencia, ya que debe ser la primera vez que decide hacer tantos kilómetros en carreta, con estas temperaturas?

Tantos kilómetros en carretas sí, es la primera vez. Nunca subí a una carreta. A un carro sí, de chico, en los barrios. Soy de un barrio de Buenos Aires que se empezó a hacer, de calles de tierra, con carros. En carreta con estas características es la primera vez, como las horas que voy a pasar en la carreta, por supuesto. Pero no de caminata, porque he caminado con los jóvenes.

Mis expectativas, en principio responden a un compromiso que había tomado con San Luis del Palmar y lo hago con mucho gusto; pero al mismo tiempo me gustaría destacar que lo hago porque valoro esta expresión de piedad popular que se manifiesta en esta forma material y visible, que es muy importante.

La fe se expresa culturalmente. La fe tiene que hacerse cultura necesariamente. Acá se hizo, en San Luis del Palmar, con una visibilidad muy propia, original y bella. Se hizo visible esa expresión de fe en elementos muy propios, como los caballos, el avío, las carretas, todos los elementos que hacen a la preparación y a la realización de esta peregrinación.

Por eso con el acompañarlos, estar con ellos y vivirlo con ellos, mi intención es también decirles que esto es valiosísimo y que no sólo no hay que perderlo sino que hay que seguir cultivándolo y perfeccionándolo, tanto en los aspectos exteriores como en la espiritualidad de la peregrinación.

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