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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Cristina rescribe la historia

Por Jorge Eduardo Simonetti
http://jorgesimonetti.blogspot.com.ar 
AUTOCRACIA DE MANUAL
Junto a un Amado Boudou con look bolivariano (vestía joggin con los colores patrios) y su mejor aplaudidor, Héctor Timerman, Cristina pronunció su discurso del 25 de mayo ante una multitud que llenó la plaza y varias cuadras con su presencia, rodeada de centenares de colectivos estacionados en los aledaños.
No fue un discurso más, fue su último del 25 de mayo como Presidenta, pero su núcleo es  calcado de todos los pronunciados por las repetitivas cadenas de los últimos tiempos. Autorreferencialidad extrema, maniqueísmo exacerbado, teatralización impecable.
Sin embargo, su contenido merece un análisis especial, porque asumo que se halla completando, Cristina, los pocos casilleros que le restan para cumplir con el manual del buen totalitario.
El Estado subvenciona los gastos de una estructura que sólo puede concebirse en un esquema primitivo de autoritarismo, la insólita Secretaría del Pensamiento Nacional a cargo del filósofo Forster, mediante la cual se abona la peregrina idea de que el pensamiento puede encorsetarse en los pliegues de la burocracia, tiene ella la autorización divina para trazar la raya divisoria de lo nacional y de lo no nacional.
En el mismo sendero, también la cultura se inscribe en la parafernalia magnificente de una estructura versallesca, un caro homenaje a su fallecido esposo, de 2.500 millones de pesos que pagamos todos, que deja plantado el interrogante de las razones que tuvo su viuda para relacionar al ex presidente precisamente con la cultura. 
Pero Cristina festejó a su modo el 25 de mayo, con palabras que demuestran que no sólo el gobernante autocrático puede cambiar las perspectivas de futuro, también le fue dado hacerlo con los hechos del pasado.
No olvidar que hace algunos años ella misma creó también otro ente burocrático, cuya misión es ejercer el revisionismo histórico, el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, dependiente del Ministerio de Cultura, que estuvo a cargo de un escriba del poder, muy inteligente él, pero escriba de los poderosos al fin, Pacho O’Donnel.
En la página web de dicho instituto puede verse hacia dónde van las nuevas corrientes históricas del oficialismo. Por dar un ejemplo relacionado con la fecha patria del 25, un artículo de un ignoto autor de apellido Chumbita les da un verdadero “chumbo” conceptual a los patriotas de 1810, llamándolos “compañeros militantes”.
Pues bien, Cristina en su discurso de Plaza de Mayo con motivo de la fiesta cívica, además de su ya conocida autopromoción de logros, tuvo una omisión y dos novedosas transgresiones históricas.
La omisión: no dijo una sola palabra de la gesta de 1810. 
Sus dos interpretaciones transgresoras se refieren, una a los derechos humanos y la otra a la fecha de la emancipación nacional.
La reescritura de la historia que Cristina demuestra en sus palabras, no son novedosas, tienen también que ver con uno de los capítulos del manual del buen autoritario, cuyo apotegma es: la historia comienza a contarse a partir de mí, lo anterior no existe, los hechos del pasado no se registran como importantes, yo soy el hito fundacional, el kilómetro cero del camino de la patria, el numen de la nueva Argentina.
En ese camino, la nación nació a la vida un 25 de mayo, pero no de 1810 sino de 2003, y no fue la Primera Junta sino él (Néstor Kirchner) el constructor de las bases de este gran país. Sin Saavedra, sin Paso, sin Moreno, sin Belgrano, sí con Cristina, Máximo, Boudou y todos lo que le siguen. Por ello, en el acto no se repartieron escarapelas ni banderas, sí remeras y pines con las caras de los Kirchner.
Reescrito así el nacimiento de la patria, que de un plumazo borró 193 años de vida argentina, se ocupó de resaltar aquello que también constituye una parte falseada de la historia reciente, de su historia, de aquella por la cual se pavonea la Presidenta: los derechos humanos.
Fueron ellos, los Kirchner, los que se ocuparon de poner en valor el tema, nada hubo antes digno de mención, conforme el discurso. La distorsión de su desmemoria o de su intencionalidad omisiva, dejó en el camino a muchos que lucharon en los tiempos de plomo, entre otros a quien fue la polea fundamental de trasmisión entre los derechos humanos y la democracia, el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín. 
Al radical le tocó gobernar en el primer tiempo democrático en que las Fuerzas Armadas tenían su poder casi intacto, no como ahora que son apenas una caricatura mal dibujada y descolorida. Con espíritu republicano admirable, y un sabio manejo de los tiempos, Alfonsín dictó los famosos decretos 158 y 187/83, dejó sin efecto la autoamnistía militar, conformó la célebre Conadep, cuyo trabajo culminó con el enjuiciamiento y condena de la Junta Militar por delitos de lesa humanidad por parte de la justicia civil.
Cabe mencionar que Alfonsín fue el cofundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, tres meses antes del golpe militar, en épocas en que las violaciones sistemáticas de los derechos humanos comenzaron con la actividad de la Triple A. Asimismo, durante la dictadura Alfonsín puso gratuitamente su servicio de abogado para defender opositores y presentar habeas corpus por los detenidos-desaparecidos, actividad que por sí misma solía significar la muerte, cuando otros estudios jurídicos no firmaron un sólo habeas corpus y se dedicaron a actividades menos riesgosas y más productivas: ejecutar morosos de la circular 1.050, llenándose de propiedades.
Es injusto no reconocer que el gobierno kirchnerista posibilitó el juzgamiento de los delitos de lesa humanidad en los niveles inferiores de la jerarquía militar y civil, pero ello no puede ser de modo alguno justificativo para una visión parcializada de los derechos humanos, el fomento continuo de las divisiones y los enfrentamientos entre los argentinos de hoy, y las reescrituras de la historia en las que se borran a los héroes del pasado.
Expresó Magdalena Ruiz Guiñazú, ex integrante de la Conadep, su molestia ante la expresión presidencial sobre el papel de la prensa en la dictadura, olvidando a muchos que estuvieron comprometidos con la lucha, entre ellos al entonces director del Buenos Aires Herald, Roberto Cox, que tuvo que huir para no ser asesinado.
No es precisamente Cristina la mejor portadora de autoridad moral para cuestionar las conductas de nadie durante esa terrible época, menos cuando en esos tiempos se encontraba arropada por las paredes de un estudio que representaba a la financiera Finsud, muy relacionada con la Fuerza Aérea.
Reescribir la historia es parte del relato, en el que 2003 reemplazó a 1810, los patriotas pasaron a ser militantes, el primer gobierno patrio no fue la Primera Junta sino la presidencia de Néstor, desapareció la Argentina de Belgrano y San Martín para volverse la patria de Néstor y Cristina, y la defensa de los derechos humanos comenzaron en el siglo XXI.

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