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Disputas en Cambiemos

La Argentina padece desde hace años un sinfín de problemas económicos y políticos. A la gestión macrista le llueven duras críticas desde todos los flancos, por lo que precisa exhibir ante el pueblo todo su poder sin fisuras, con sus integrantes tirando el carro hacia el mismo horizonte.
En estos momentos de tantas disparidades y críticas, el Gobierno debería mostrarse con entereza, porque como dice uno de los pasajes de la obra de José Hernández (Martín Fierro): “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera”.
Esto tiene que ver con la situación por la que está pasando el Gobierno: una lucha intestina con disputas entre funcionarios de primer nivel, que no hacen otra cosa más que restarle credibilidad a una gestión que viene chapoteando desde hace tiempo.
En este sentido vale mencionar que la principal protagonista -tenga razón o no- es Lilita Carrió en la tormentosa existencia de Cambiemos.
Es cierto que desde los inicios de Cambiemos, la diputada de la Coalición Cívica y miembro fundadora de la coalición de gobierno Elisa Carrió hizo valer su autoproclamada imagen de fiscal de la república. Le bajó el pulgar a varios e hizo subir las acciones de otros, de acuerdo con su siempre particular criterio.
Días atrás, en un recrudecimiento de la interna en el oficialismo entre Carrió y un sector del Gabinete, la líder de la Coalición Cívica hizo saber que avanza con un pedido de juicio político a Germán Garavano. El malestar de vieja data estalló por una declaración del ministro de Justicia contra los pedidos de prisión preventiva que el juez Claudio Bonadio formuló contra Cristina Kirchner en los casos de los cuadernos de las coimas y el Pacto con Irán.
“Nunca es bueno que se pida la detención o se detenga preventivamente a un ex presidente”, afirmó el funcionario.
La primera reacción de Carrió fue replicarle por Twitter. “Estos dichos de Garavano son una vergüenza para la república y la división de poderes”, indicó.
Poco después endureció su perorata: disparó munición gruesa contra sus habituales enemigos y lanzó un ultimatum para el Presidente.
“Este es un tiempo de bisagra histórica. Por eso, acompañar la lucha por la impunidad… Hoy se está jugando ya en Cambiemos. Tenía que pasar. Había doble juego. Siempre dije, el Presidente está entre la línea de Angelici y la línea Carrió. Y va a tener que elegir, y tiene tiempo para elegir. Pero sabe que elige o cae”, dijo Carrió.
Esto no es todo, porque se abrió otra interna: en medio de las dificultades económicas y riesgo de mayor conflictividad para los próximos meses, en el Gobierno se abrió una discusión sobre la política social y el rol de las organizaciones que negocian y articulan con la Casa Rosada. 
Mantener la ayuda social no aparece en discusión, más bien en qué momento aumentarla con la “salvaguarda” del FMI y cómo distribuirla, con el foco en la intermediación. Con la mirada en el crecimiento de la protesta social, Patricia Bullrich -ministra de Seguridad- marca en reuniones internas que las organizaciones -el llamado triunvirato de San Cayetano: Ctep, Barrios de Pie y CCC, y otras- intensificaron su presencia en las calles y vincula el financiamiento de esas acciones con la asistencia del Gobierno. Carolina Stanley -Salud y Desarrollo Social- defiende las reformas implementadas, con mayores controles y el declamado objetivo de promover el trabajo formal, más allá del contexto recesivo.
Stanley y Bullrich encarnan por sus funciones -Desarrollo Social enfocado en la contención, Seguridad con la mirada en las protestas en las calles y la proximidad del G20- las dos posiciones que conviven en el Gabinete. 

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Disputas en Cambiemos

La Argentina padece desde hace años un sinfín de problemas económicos y políticos. A la gestión macrista le llueven duras críticas desde todos los flancos, por lo que precisa exhibir ante el pueblo todo su poder sin fisuras, con sus integrantes tirando el carro hacia el mismo horizonte.
En estos momentos de tantas disparidades y críticas, el Gobierno debería mostrarse con entereza, porque como dice uno de los pasajes de la obra de José Hernández (Martín Fierro): “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera”.
Esto tiene que ver con la situación por la que está pasando el Gobierno: una lucha intestina con disputas entre funcionarios de primer nivel, que no hacen otra cosa más que restarle credibilidad a una gestión que viene chapoteando desde hace tiempo.
En este sentido vale mencionar que la principal protagonista -tenga razón o no- es Lilita Carrió en la tormentosa existencia de Cambiemos.
Es cierto que desde los inicios de Cambiemos, la diputada de la Coalición Cívica y miembro fundadora de la coalición de gobierno Elisa Carrió hizo valer su autoproclamada imagen de fiscal de la república. Le bajó el pulgar a varios e hizo subir las acciones de otros, de acuerdo con su siempre particular criterio.
Días atrás, en un recrudecimiento de la interna en el oficialismo entre Carrió y un sector del Gabinete, la líder de la Coalición Cívica hizo saber que avanza con un pedido de juicio político a Germán Garavano. El malestar de vieja data estalló por una declaración del ministro de Justicia contra los pedidos de prisión preventiva que el juez Claudio Bonadio formuló contra Cristina Kirchner en los casos de los cuadernos de las coimas y el Pacto con Irán.
“Nunca es bueno que se pida la detención o se detenga preventivamente a un ex presidente”, afirmó el funcionario.
La primera reacción de Carrió fue replicarle por Twitter. “Estos dichos de Garavano son una vergüenza para la república y la división de poderes”, indicó.
Poco después endureció su perorata: disparó munición gruesa contra sus habituales enemigos y lanzó un ultimatum para el Presidente.
“Este es un tiempo de bisagra histórica. Por eso, acompañar la lucha por la impunidad… Hoy se está jugando ya en Cambiemos. Tenía que pasar. Había doble juego. Siempre dije, el Presidente está entre la línea de Angelici y la línea Carrió. Y va a tener que elegir, y tiene tiempo para elegir. Pero sabe que elige o cae”, dijo Carrió.
Esto no es todo, porque se abrió otra interna: en medio de las dificultades económicas y riesgo de mayor conflictividad para los próximos meses, en el Gobierno se abrió una discusión sobre la política social y el rol de las organizaciones que negocian y articulan con la Casa Rosada. 
Mantener la ayuda social no aparece en discusión, más bien en qué momento aumentarla con la “salvaguarda” del FMI y cómo distribuirla, con el foco en la intermediación. Con la mirada en el crecimiento de la protesta social, Patricia Bullrich -ministra de Seguridad- marca en reuniones internas que las organizaciones -el llamado triunvirato de San Cayetano: Ctep, Barrios de Pie y CCC, y otras- intensificaron su presencia en las calles y vincula el financiamiento de esas acciones con la asistencia del Gobierno. Carolina Stanley -Salud y Desarrollo Social- defiende las reformas implementadas, con mayores controles y el declamado objetivo de promover el trabajo formal, más allá del contexto recesivo.
Stanley y Bullrich encarnan por sus funciones -Desarrollo Social enfocado en la contención, Seguridad con la mirada en las protestas en las calles y la proximidad del G20- las dos posiciones que conviven en el Gabinete.