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¿Matrimonio gay?

Por José Ceschi

¡Buen día! Soy de los que piensan firmemente que toda persona, por su dignidad de ser humano, debe ser respetada. Ese respeto, obviamente, vale también para los homosexuales; ejerzan o no su tendencia sexual.
Ese respeto no implica, por otro lado, aceptar todo lo que ellos exigen como un derecho. No puedo aceptar, por ejemplo, que una pareja de homosexuales adopte a un chico, por razones que ya expresé aquí tiempo atrás. No puedo aceptar tampoco la legitimación de la convivencia homosexual mediante el matrimonio legal. Respeto las opiniones divergentes, pero afirmar lo contario iría en contra de mis principios. La posición de la Iglesia al respecto es muy clara, y ha sido reafirmada en muchas ocasiones. Una de ellas se dio en un encuentro del Papa Juan Pablo II con los obispos latinoamericanos que encabezaban las comisiones eclesiásticas sobre asuntos de familia (12. 12. 96):
“En los últimos años, con fuerte preocupación, estamos presenciando un sistemático alejamiento respecto de la familia, un alejamiento que pone en discusión sus valores perennes... Con el pretexto de brindar atención, proteger a la familia y a todas las familias, se olvida de que hay un modelo amado y bendecido por Dios, se niega el carácter específico de la relación conyugal del hombre y de la mujer, disminuyendo esta unión indisoluble. Al mismo tiempo, se trata de introducir otras formas de uniones de parejas, contrarias al plan inicial de Dios para la raza humana. De esta forma los derechos de la familia son tergiversados, amenazando a la sociedad en sus mismos cimientos, y amenazando el futuro”.
Dijo también; “El matrimonio (...) es un valor primario de la sociedad, que la legislación civil no puede ignorar o combatir. Por eso, la Iglesia y sus pastores no pueden quedar indiferentes ante el intento de realizar cambios sustanciales que se refieren a la estructura familiar”.

                                           ¡Hasta mañana!

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¿Matrimonio gay?

Por José Ceschi

¡Buen día! Soy de los que piensan firmemente que toda persona, por su dignidad de ser humano, debe ser respetada. Ese respeto, obviamente, vale también para los homosexuales; ejerzan o no su tendencia sexual.
Ese respeto no implica, por otro lado, aceptar todo lo que ellos exigen como un derecho. No puedo aceptar, por ejemplo, que una pareja de homosexuales adopte a un chico, por razones que ya expresé aquí tiempo atrás. No puedo aceptar tampoco la legitimación de la convivencia homosexual mediante el matrimonio legal. Respeto las opiniones divergentes, pero afirmar lo contario iría en contra de mis principios. La posición de la Iglesia al respecto es muy clara, y ha sido reafirmada en muchas ocasiones. Una de ellas se dio en un encuentro del Papa Juan Pablo II con los obispos latinoamericanos que encabezaban las comisiones eclesiásticas sobre asuntos de familia (12. 12. 96):
“En los últimos años, con fuerte preocupación, estamos presenciando un sistemático alejamiento respecto de la familia, un alejamiento que pone en discusión sus valores perennes... Con el pretexto de brindar atención, proteger a la familia y a todas las familias, se olvida de que hay un modelo amado y bendecido por Dios, se niega el carácter específico de la relación conyugal del hombre y de la mujer, disminuyendo esta unión indisoluble. Al mismo tiempo, se trata de introducir otras formas de uniones de parejas, contrarias al plan inicial de Dios para la raza humana. De esta forma los derechos de la familia son tergiversados, amenazando a la sociedad en sus mismos cimientos, y amenazando el futuro”.
Dijo también; “El matrimonio (...) es un valor primario de la sociedad, que la legislación civil no puede ignorar o combatir. Por eso, la Iglesia y sus pastores no pueden quedar indiferentes ante el intento de realizar cambios sustanciales que se refieren a la estructura familiar”.

                                           ¡Hasta mañana!