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Femineidad

Por José Ceschi

¡Buen día! Todo el proceso liberador de la mujer se realiza en un mundo todavía fuertemente masculinizado. La tendencia que tiene el hombre a dominarla arranca desde el pecado original: “Y tú te sentirás atraída por tu marido, y él te dominará”, le dijo Dios a Eva luego de aquella primera transgresión (Gn 3,16).
En su carta apostólica “Mulieris dignitatem” (15.8.88), Juan Pablo II advierte que en ese texto bíblico Dios adelanta sobre cómo se darán las cosas, no como debieran darse. Tanto los varones como las mujeres deben contribuir a equilibrar los derechos en base a la igual dignidad de ambos.
En el esfuerzo por reivindicar sus derechos, la mujer puede caer en una masculinización que la prive de aspectos importantes de su femineidad. Dice el Papa:
“... También la justa oposición de la mujer frente a lo que expresan las palabras bíblicas “él te dominará” no puede de ninguna manera conducir a la ‘masculinización’ de las mujeres. La mujer -en nombre de la liberación del ‘dominio’ del hombre no puede tender a apropiarse de las características masculinas, en contra de su propia ‘originalidad’ femenina. Existe el fundado temor de que por este camino la mujer no llegará a ‘realizarse’ y podría, en cambio, deformar y perder lo que constituye su riqueza esencial. Se trata de una riqueza enorme. En la descripción bíblica la exclamación del primer hombre, al ver a la mujer que ha sido creada, es una exclamación de admiración y de encanto, que abarca toda la historia del hombre sobre la tierra.
Los recursos personales de la femineidad no son ciertamente menores que los recursos de la masculinidad: son sólo diferentes. Por consiguiente, la mujer -como por su parte también el hombre- debe entender su “realización” como persona, su dignidad y vocación, sobre la base de estos recursos, de acuerdo con la riqueza de la femineidad, que recibió el día de la creación y que hereda como expresión peculiar de la ‘imagen y semejanza de Dios’...”.
Volvemos al sabio pensamiento de Ganivet: “La mujer tiene un solo camino para superar al hombre: ser cada día más mujer”.
¡Hasta mañana!

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Femineidad

Por José Ceschi

¡Buen día! Todo el proceso liberador de la mujer se realiza en un mundo todavía fuertemente masculinizado. La tendencia que tiene el hombre a dominarla arranca desde el pecado original: “Y tú te sentirás atraída por tu marido, y él te dominará”, le dijo Dios a Eva luego de aquella primera transgresión (Gn 3,16).
En su carta apostólica “Mulieris dignitatem” (15.8.88), Juan Pablo II advierte que en ese texto bíblico Dios adelanta sobre cómo se darán las cosas, no como debieran darse. Tanto los varones como las mujeres deben contribuir a equilibrar los derechos en base a la igual dignidad de ambos.
En el esfuerzo por reivindicar sus derechos, la mujer puede caer en una masculinización que la prive de aspectos importantes de su femineidad. Dice el Papa:
“... También la justa oposición de la mujer frente a lo que expresan las palabras bíblicas “él te dominará” no puede de ninguna manera conducir a la ‘masculinización’ de las mujeres. La mujer -en nombre de la liberación del ‘dominio’ del hombre no puede tender a apropiarse de las características masculinas, en contra de su propia ‘originalidad’ femenina. Existe el fundado temor de que por este camino la mujer no llegará a ‘realizarse’ y podría, en cambio, deformar y perder lo que constituye su riqueza esencial. Se trata de una riqueza enorme. En la descripción bíblica la exclamación del primer hombre, al ver a la mujer que ha sido creada, es una exclamación de admiración y de encanto, que abarca toda la historia del hombre sobre la tierra.
Los recursos personales de la femineidad no son ciertamente menores que los recursos de la masculinidad: son sólo diferentes. Por consiguiente, la mujer -como por su parte también el hombre- debe entender su “realización” como persona, su dignidad y vocación, sobre la base de estos recursos, de acuerdo con la riqueza de la femineidad, que recibió el día de la creación y que hereda como expresión peculiar de la ‘imagen y semejanza de Dios’...”.
Volvemos al sabio pensamiento de Ganivet: “La mujer tiene un solo camino para superar al hombre: ser cada día más mujer”.
¡Hasta mañana!