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Ley IVE: quién ganó y quién perdió

Por Ricardo Romano
Nota publicada en infobae.com

En su libro La Civilización puesta a prueba, el historiador Arnold Toynbee (1889-1975) predijo que las principales disputas que se suscitarían en el mundo serían de carácter espiritual. Destaca que el mecanismo de incitación y respuesta es lo que mantiene vivas a las civilizaciones y pone el ejemplo del Fausto de Goethe, en el que Mefistófeles desafía a Dios, después de que éste ya había creado todo, y donde Dios cavila pues piensa que, de aceptar el desafío, puede reconocerse de hecho la existencia del mal, pero que si no lo acepta puede sospecharse que es por debilidad.
Finalmente, Dios acepta el desafío y lo vence.
Este mecanismo de incitación (Mefistófeles) y respuesta (Dios) es lo que Toynbee afirma que mantiene viva a las civilizaciones. Y si hay un hecho que puso de manifiesto lo providencial del pensamiento de este historiador es lo sucedido en las últimas semanas en nuestro país, donde el sistema de poder mundial desafió a nuestra raíz cultural fundante y se chocó con la Argentina.
¿Quiénes ganaron y quiénes perdieron en este choque?
Perdieron, en primer lugar, todos aquellos que quisieron reivindicar el aborto como un derecho, mientras suponían que el derecho a la vida, en lugar de ser defendido, debía ser sometido a debate en nombre de la democracia.
Perdió la gran mayoría de los Organismos Multilaterales de Crédito que sostenían políticas de control de la natalidad en países con grandes recursos naturales no renovables y poco desarrollo, fundaciones como la Ippf, denunciada por el Congreso de EE. UU. por tráfico de órganos y tejidos, como la de Soros, la de Bill Gates, la de Rockefeller o la Ford, la ONU, Green Peace, Hollywood y gobiernos de países que financiaron estas políticas en grado tal que hasta organizaron un “aguante” en las principales capitales del mundo, desde Londres hasta San Pablo, y hasta financiaron la contratapa del New York Times con notas e imágenes a favor del aborto.
También Amnesty International y su filial argentina y otros organismos de derechos humanos, y todas las terminales y monopolios mediáticos de Freedom House en el país, que tergiversaron cifras y mintieron pintados de “verde”, color con el que la oligarquía malthusiana identifica las políticas que tienen por objeto desnaturalizar a la especie humana como raza.
Perdió la ideología de la eugenesia social que, escudada en una falsa compasión, no encuentra mejor “solución” a la pobreza que eliminar a los niños pobres en el vientre de sus madres.
Perdió también la clase “tilinga”; perdió el “duranbarbismo” y perdieron los legisladores que, producto de su relativismo, escepticismo, vendieron sus convicciones por promesas de protagonismo mediático para futuras candidaturas o apoyos financieros para engrosar “las matemáticas de su egoísmo” (J. V. González).
¿Y quiénes ganaron? La Argentina profunda, la fe del pueblo que a través de sus iglesias movilizó personas en todo el país, en las provincias y en numerosas ciudades. La Academia Nacional de Medicina que fundamentó científicamente que hay vida desde la concepción. La Academia Nacional de Derecho y el Colegio Público de Abogados que argumentaron el carácter inconstitucional del aborto, ya que nuestro ordenamiento jurídico está estructurado para tutelar la vida desde la concepción.
Ganaron la ciencia y la fe, ya que en esto van de la mano, más allá de los esfuerzos de algunos por cavar una grieta entre ellas.
Ganaron los legisladores que no renunciaron a defender valores; y los periodistas que, en franca minoría, no se amedrentaron ante nada en defensa de la verdad.
Los curas villeros, que comparten cotidianamente el destino de las mujeres más pobres.
Los artistas, intelectuales y dirigentes políticos y sociales que dieron plafón a la vida, aun frente a la descomunal ola mediática en radios, diarios y televisión, donde se promovía que matar argentinos por nacer significaba dar nuevos derechos a la mujer.
Ganó la profesión médica, a la que se quiso desvirtuar en su esencia y misión. Ganó la Argentina profunda, la que no reniega de sus raíces para plegarse a las modas y a la corrección política. Ganaron los que, como el diputado Luis Contigiani, sufrieron persecución por ser consecuentes con sus ideas.
Ganaron también algunos de los portales más visitados en la web porque habilitaron la expresión de la diversidad de ideas.
Finalmente, “ganó” Mauricio Macri, porque la responsabilidad de los senadores que inclinaron la balanza en defensa de la vida lo exceptuó de que quedase en evidencia que el veto que utilizó para defender su política tarifaria o para habilitar a su familia y a sus ministros a beneficiarse del blanqueo, pasando por encima de la ley votada por ambas Cámaras del Congreso, no lo iba a utilizar para defender un valor supremo: la vida de la persona humana.

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Ley IVE: quién ganó y quién perdió

Por Ricardo Romano
Nota publicada en infobae.com

En su libro La Civilización puesta a prueba, el historiador Arnold Toynbee (1889-1975) predijo que las principales disputas que se suscitarían en el mundo serían de carácter espiritual. Destaca que el mecanismo de incitación y respuesta es lo que mantiene vivas a las civilizaciones y pone el ejemplo del Fausto de Goethe, en el que Mefistófeles desafía a Dios, después de que éste ya había creado todo, y donde Dios cavila pues piensa que, de aceptar el desafío, puede reconocerse de hecho la existencia del mal, pero que si no lo acepta puede sospecharse que es por debilidad.
Finalmente, Dios acepta el desafío y lo vence.
Este mecanismo de incitación (Mefistófeles) y respuesta (Dios) es lo que Toynbee afirma que mantiene viva a las civilizaciones. Y si hay un hecho que puso de manifiesto lo providencial del pensamiento de este historiador es lo sucedido en las últimas semanas en nuestro país, donde el sistema de poder mundial desafió a nuestra raíz cultural fundante y se chocó con la Argentina.
¿Quiénes ganaron y quiénes perdieron en este choque?
Perdieron, en primer lugar, todos aquellos que quisieron reivindicar el aborto como un derecho, mientras suponían que el derecho a la vida, en lugar de ser defendido, debía ser sometido a debate en nombre de la democracia.
Perdió la gran mayoría de los Organismos Multilaterales de Crédito que sostenían políticas de control de la natalidad en países con grandes recursos naturales no renovables y poco desarrollo, fundaciones como la Ippf, denunciada por el Congreso de EE. UU. por tráfico de órganos y tejidos, como la de Soros, la de Bill Gates, la de Rockefeller o la Ford, la ONU, Green Peace, Hollywood y gobiernos de países que financiaron estas políticas en grado tal que hasta organizaron un “aguante” en las principales capitales del mundo, desde Londres hasta San Pablo, y hasta financiaron la contratapa del New York Times con notas e imágenes a favor del aborto.
También Amnesty International y su filial argentina y otros organismos de derechos humanos, y todas las terminales y monopolios mediáticos de Freedom House en el país, que tergiversaron cifras y mintieron pintados de “verde”, color con el que la oligarquía malthusiana identifica las políticas que tienen por objeto desnaturalizar a la especie humana como raza.
Perdió la ideología de la eugenesia social que, escudada en una falsa compasión, no encuentra mejor “solución” a la pobreza que eliminar a los niños pobres en el vientre de sus madres.
Perdió también la clase “tilinga”; perdió el “duranbarbismo” y perdieron los legisladores que, producto de su relativismo, escepticismo, vendieron sus convicciones por promesas de protagonismo mediático para futuras candidaturas o apoyos financieros para engrosar “las matemáticas de su egoísmo” (J. V. González).
¿Y quiénes ganaron? La Argentina profunda, la fe del pueblo que a través de sus iglesias movilizó personas en todo el país, en las provincias y en numerosas ciudades. La Academia Nacional de Medicina que fundamentó científicamente que hay vida desde la concepción. La Academia Nacional de Derecho y el Colegio Público de Abogados que argumentaron el carácter inconstitucional del aborto, ya que nuestro ordenamiento jurídico está estructurado para tutelar la vida desde la concepción.
Ganaron la ciencia y la fe, ya que en esto van de la mano, más allá de los esfuerzos de algunos por cavar una grieta entre ellas.
Ganaron los legisladores que no renunciaron a defender valores; y los periodistas que, en franca minoría, no se amedrentaron ante nada en defensa de la verdad.
Los curas villeros, que comparten cotidianamente el destino de las mujeres más pobres.
Los artistas, intelectuales y dirigentes políticos y sociales que dieron plafón a la vida, aun frente a la descomunal ola mediática en radios, diarios y televisión, donde se promovía que matar argentinos por nacer significaba dar nuevos derechos a la mujer.
Ganó la profesión médica, a la que se quiso desvirtuar en su esencia y misión. Ganó la Argentina profunda, la que no reniega de sus raíces para plegarse a las modas y a la corrección política. Ganaron los que, como el diputado Luis Contigiani, sufrieron persecución por ser consecuentes con sus ideas.
Ganaron también algunos de los portales más visitados en la web porque habilitaron la expresión de la diversidad de ideas.
Finalmente, “ganó” Mauricio Macri, porque la responsabilidad de los senadores que inclinaron la balanza en defensa de la vida lo exceptuó de que quedase en evidencia que el veto que utilizó para defender su política tarifaria o para habilitar a su familia y a sus ministros a beneficiarse del blanqueo, pasando por encima de la ley votada por ambas Cámaras del Congreso, no lo iba a utilizar para defender un valor supremo: la vida de la persona humana.